Shot basado en el tiempo que estuvo Patapez hipnotizado como Thor el Rompehuesos.
NARRADOR:
Hipo.
Patán, ¿te das cuenta de lo que hiciste?, tonto creaste...
Patapez.
Mi propio súper vikingo, Thor Rompehuesos... ¡ME ENCANTA!
Durante un momento en que Patapez creyó ser alérgico a Albóndiga fue con Gothi quién sugirió un remedio hipnótico para curarlo, pero esto salió mal cuando Patán intervino y quiso "mejorar a Patapez" y creó a un ser sin miedo, un vikingo venerado, un héroe como un dios, egocéntrico y fuerte.
Mientras bajaban por la colina de Gothi para llegar al pueblo, el andar del mismo Patapez dejaba ver a un ser humano completamente diferente a aquel tímido pero querido vikingo. Mientras Patán lo veía con emoción, orgullo y realización a su creación, Hipo y Bocón compartían un estado de preocupación por aquella actitud.
Patapez.
¿Pero que es esa belleza que veo venir hacía mi?
Pregunto el vikingo renovado mientras veía con atención caminar hacia ellos una rubia ojiazul.
Astrid.
¿Te sientes mejor?
Patapez.
Mejor que nunca belleza.
Le respondió mientras abrazaba sus hombros y la atraía hacia él. Astrid abrió los ojos e hizo una mueca de desconcierto.
Astrid.
¿Disculpa?
Patapez.
Dijo que a un valiente guerrero como yo le sentaría bien una esposa que lo sirviera y ado...
No pudo terminar cuando el grito de batalla lo interrumpió, no, no era Dagur, era Astrid y su fiel hacha la cual fue detenida por la hábil mano de Patapez.
Patapez.
Le falta filo.
Dijo analizando la arrebatada hacha y lanzándola al aire, por fortuna esta se enterró en la pared de una casa y los únicos asustados fueron un grupo de terrores terribles.
Astrid.
¡LO MATO!
Gritó Astrid mientras Hipo la tomaba por la cintura.
Hipo.
Aaa... ¿As me das un segundo?
Hipo.
Decía forcejeando con ella mientras la retiraba del lugar.
Patapez.
Guerrera... me gusta.
...
Astrid.
Dame un motivo, UNO SOLO PARA NO MATARLO.
Hipo.
Por qué no es el... bueno si es, en esencia, pero no es... agg, ¿como lo explico sin que suene más retorcido de lo que es?
Astrid.
Bien, comienza por el inicio, porque no tengo intenciones de dejar con vida a Patapez.
Hipo.
En realidad Thor Rompehuesos...
Astrid le regaló una mirada incrédula.
Hipo.
Gothi lo hipnotizó, Patán intervino y ahora Patapez es un idiota.
Astrid.
¿Y por qué Gothi no lo soluciona?
Hipo.
Digamos que Thor rompió su bastón y bueno... ahora solucionarlo será un poco más difícil.
Astrid.
Bueno, pues más vale que esté solucionado pronto, no pienso llevar a ese idiota a la Orilla del Dragón, suficiente tengo con Patán. "Una esposa para servirme y adorarme".
Decía las manos al aire.
Hipo.
Hahaha por un momento pensé que el origen de tu Furia fue el término "belleza".
Astrid.
Oh no, eso solo fue el inicio del fin.
Le respondió en un tono fresco y casi igual de divertida, Hipo solía tener ese efecto en ella.
Hipo.
Tengo qué preguntar, sé que odias los apodos... eso me hace pensar, ¿cómo es que aún sigo vivo después de tantos M'Lady?
Cuando sus palabras salieron sin pensarlas se arrepintió completamente de ellas, no quería hacerle saber que aquel mote era tan importante para él y que en él solía esconderse un te amo.
Astrid.
Supongo que el hecho de que siempre te digo Chico Dragón, me gusta M'Lady y bueno ya sabes... eres tú, interviene en ese hecho.
Hipo.
Es un alivio saber que entonces mi vida no está en riesgo, porque créeme recordarme que no te tengo que hablar por apodo es un trabajo difícil. Espera, ¿porque soy yo?
Astrid no pudo evitar sonrojarse, esperaba que Hipo pasará eso por alto.
Astrid.
Bueno ya sabes... me gusta que tú me lo digas, pero no es como que Patán pueda salir vivo si me lo dice.
Mierda Astrid cállate ya pensó para ella.
Hipo.
Oh créeme, si Patán te lo dijera yo sería el primero en matarlo.
Hipo discretamente se golpeó la frente suplicándole a sí mismo dejar de hablar.
Astrid.
Entonces, ¿tratas de recordarte a ti mismo que no me digas así?
Dijo burlona ante esa idea, si Hipo supiera que cada que la llamaba así era una caricia a su alma.
Astrid.
¿Nunca pensaste que si no me gustara hace mucho te lo habría informado?
Hipo.
Si bueno, ahora que lo dices, es cierto...
Confesó Hipo mientras llegaban a la cabaña.
Astrid.
¿Ves?, es decir, no me distingo por ser una persona que se calla esa clase de cosas, especialmente contigo, prácticamente lo sabes todo de mí.
Decía mientras se estiraba todo lo posible tratando de recuperar su hacha y se odiaba a sí misma por seguir con el tema con tampoco filtro.
Hipo.
Conozco su alma señorita.
Decía Hipo poniéndose detrás de Astrid y estirándose apenas para bajar el hacha.
Hipo.
Aunque admito que es recíproco el asunto.
Finalizó para después tratar de entregársela.
Astrid se volteó para recibir su arma pero se encontró peligrosamente cerca del castaño, Astrid trató de moverse para ocultar el hecho de que su respiración comenzaba a acelerarse, pero en cambio se encontró con el verde de un bosque que tenía el mismo problema con su respiración, pero ninguno de los cuerpos parecía estar dispuestos a obedecer a sus mentes, no querían moverse, contrario a eso, querían estar aún más cerca y en un acto de rebeldía corporal ambos se encontraron a una distancia mínima, milímetros eran los encargados de separarlos, la mano de Hipo hacía bastante que había bajado el hacha al suelo, porque ni siquiera la hoja de tan fina arma creada por el mismo cabría entre ambos cuerpos, como unidos por un cordón Astrid comenzó a caminar hacia atrás mientras Hipo la seguía, hasta que se permitió estar acorralada por la pared y la penetrante mirada del hombre que amaba.
Ella quería que la besara, ella quería que él por una vez en su vida tomara la iniciativa, ella quería que rompiera el muro que por años ha tratado de construir, porque con ese beso, con ese simple beso ellas sabria que para él, una amistad tampoco es suficiente.
El peleaba una mortal batalla entre su mente que le recordaba que era su amiga y todo lo que estaba en juego señora corresponde y la perdía y su cuerpo que exigía posar sus labios sobre los de ella, probarlos en verdad, no como el adolescente que tuvo el placer de apenas saborear la superficie de sus labios, quería probarlos en totalidad, quería sentir su aliento sobre su rostro mucho más de lo que ya lo estaba sintiendo, su mano izquierda con facilidad se reveló a la mente y se posó en la pared a centímetros de la cabeza de la rubia, lo que obligó a acercarse más, en esta batalla el cuerpo estaba obstinado a ganar.
X: Ayuda mi cabaña se incendia.
Astrid.
¿Los gemelos?
Hipo.
Pero... Thor Rompehuesos.
Astrid.
Será mejor ir.
Se dirigieron a la cabaña, en ese momento la mente y el cuerpo fueron brutalmente vencidos por el entorno.
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