Hiccstrid: One Shots.

Hiccstrid: One Shots.

1. Servicio de despertador.

NARRADOR:
Hipo.
Hipo.
Esto lo cambia todo.
Suspiró Hipo cuando el ojo del dragón reaccionó al plasma del Furia Nocturna.
La luna estaba en su punto máximo en el cielo, no habían más centinelas de dragones gracias a que ese asunto hacía muchos años ya se había superado, algunos dragones nocturnos correteaban por el cielo y en los reforzados tejados de las casas.
Primera casa, la más cercana a la suya, la de su primo Patán, no pensaba llegar a la puerta a mitad de la noche, pero por fortuna ellos ya habían desarrollado un buen método para llamarse en caso de que los Jinetes de la Academia de Dragones se necesitaran.
Chimuelo tomó un silencioso vuelo hasta las escotilla del techo de Patán, como lo hacían antes de que las cosas se pusieran aburridas para los jinetes y Berk tuviera paz, abrió dicha escotilla y comenzó a moverlo lentamente.
Hipo.
Hipo.
Patán.
Le decía entre susurros mientras lo movía un poco.
Hipo.
Hipo.
Patán.
Y lo movía del brazo un poco más, pero su voz era claramente silenciada por los ronquidos del vikingo pelínegro.
Hipo.
Hipo.
Patán despierta.
Le insistía Hipo aunque queriendo despertarlo de buena manera.
Patán.
Patán.
Oh Astrid, eres tan suave como una almohada.
Decía entre sueños el dormido Patán.
Hipo.
Hipo.
Suficiente...
Dijo molesto Hipo mientras golpeaba su desprotegida cabeza en modo de zape.
Hipo.
Hipo.
Arriba cabeza de carnero.
Patán.
Patán.
¡MAMA! ¿Hipo?
Dijo al espabilarse un poco.
Hipo.
Hipo.
Tenemos cosas que hacer, despierta a los gemelos y nos vemos en la academia.
Patán.
Patán.
Espera, ¿qué hora es?
Hipo.
Hipo.
Media noche, ahora arriba.
Le ordenó al salir el jefe de los jinetes.
Patán.
Patán.
Necesitamos horarios Hipo... ¡¡HORARIOS!!
Decía molesto mientras se ponía los pantalones y el resto de su vestuario.
...
Hipo.
Hipo.
Papatez, amigo despierta.
Susurraba Hipo al dormido vikingo de la misma manera.
Patapez.
Patapez.
5 minutos más. Mama... dile a Hipo que estoy enfermo.
Hipo.
Hipo.
Bueno, ahora sabemos el porqué de sus múltiples enfermedades en el pasado. Ya Patapez arriba, Albóndiga tiene hambre.
Patapez.
Patapez.
Mi bebé tiene hambre.
Contestó sobresaltado mientras se levantaba de la cama y brincaba poniéndose su casaca sobre su playera de dormir y tratando de poner un bota mientras saltaba con el otro pie en el suelo.
Hipo.
Hipo.
Amigo tranquilo. Era mentira, te necesito despierto.
Patapez.
Patapez.
Oh Hipo... con el hambre de Albóndiga no se juega.
Hipo.
Hipo.
Lo siento, última vez. Asegúrate de que Patán despertó a los gemelos y vayan a la academia, es urgente.
Papatez asintió con la cabeza ya completamente despierto y tomó vuelo a la cabaña de los gemelos.
Hipo por su parte aterrizó en la escotilla de Astrid. La abrió lentamente y descendió con Chimuelo.
A diferencia de los otros, Astrid solía despertarse en cuanto escuchaba el abrir de la madera, había entrenado su oído para eso, pero conforme aquellas llamadas se hacían menos frecuentes y con los pesados entrenamientos a los que fue sometida para unirse a la guardia de Berk, estaba inmersa en un sueño tan profundo que ni siquiera se percató de aquello.
Hipo se acercó a ella con la intención de despertarla, pero, ¿como no perderse en aquel rostro perfecto que solo irradiaba paz?, sus cabellos liberados de aquella cotidiana trenza, su respiración silenciosa pero aún presente, tan vulnerable como en pocos momentos ella luce, acostumbrados a los campamentos Hipo había visto dormida a Astrid miles de veces, pero eso no quitaba el hecho de que quedaba completamente extasiado cada vez que lo hacía.
Sin catorce de sus propios movimientos se arrodilló frente a la cama y comenzó a pasar la parte trasera de su mano entre las mejillas de la dormida chica, sonrió al notar que aquella se estremeció un poco más y liberaba una pequeña sonrisa entre sueños con cada movimiento de su mano.
Hipo lo sabía, estaban irremediablemente enamorado de esa chica, ya no era un niño que estaba atraído por la hermosa niña de ojos azules, era un hombre que profundamente adoraba cada detalle de la mítica vikinga, de la rebelde rubia, de su mejor amiga, su confidente, la única persona que lo conocía totalmente y a la persona a quien conocía a la perfección.
Mientras acariciaba su mejilla seguía pensando en lo mucho que quería ocupar el lado vacío de aquí a cama y estrecharla en sus brazos, pero no, porque aunque había probado sus labios unas tres veces cuando eran más que unos adolescentes, su situación actual se delimitaba como solo amigos muy cercanos, la amaba tanto, la necesitaba tanto, que prefería seguir con ese título que arriesgarse a perderla. Después de todo y aunque la fragua y el entrenamiento habían hecho lo suyo, a manera física y mucho más emocional, seguía sin sentirse lo suficiente para la chica que con solo tronar los dedos podría tener al hombre que deseara.
Hipo.
Hipo.
As.
Dijo en modo de susurro sin darse cuenta que aún acariciaba su mejilla. Ella abrió los ojos lentamente, los abrió y cerró varias veces hasta despertar, encantada por aquel tacto solo le dio una sonrisa.
Astrid.
Astrid.
Hola.
Hipo.
Hipo.
Buenas noches M'lady.
Le murmuraba sonriendo mientras acomodaba un mechón travieso que cubría su perfecto rostro.
Hipo.
Hipo.
Disculpa la intromisión pero necesito en la academia.
Astrid saltó de repente preocupada.
Astrid.
Astrid.
¿Que pasa? ¿Dagur?
Dijo moviendo a Hipo y sacando el hacha de debajo de su cama.
Hipo.
Hipo.
Tranquila.
Le contestó sonriendo y quitándole el hacha.
Hipo.
Hipo.
He descubierto algunas cosas del ojo del dragón, creo que te puede interesar, te dejaré que te cambies... espero afuera...
Le sonrió mientras Astrid se sonrojaba al notar que solo llevaba un camisón.
Hipo.
Hipo.
Por seguridad hasta que despiertes bien, yo cuido el hacha.
...
Patán.
Patán.
Al fin.
Dijo Patán cuando vio llegar a Astrid e Hipo a la academia.
Patán.
Patán.
Ahora Hipo amigo mío, dame una buena razón para verme despertado a mitad de la noche... Y MÁS TE VALE QUE SEA BUENA... tenía un sueño maravilloso.
Hipo.
Hipo.
Ya lo creo.
Respondió el líder con los ojos en blanco, no era su parte favorita saber que alguien además de él tenía sueños respecto a Astrid.
Hipo.
Hipo.
En fin, a lo que los traje... ¿gemelos?
Zzzzzz.
Casi en modo sincronizado los gemelos se quedaron dormidos en sus respectivos bancos apoyando su espalda con la del otro, salieron en sus pijamas solo con sus cascos.
Astrid.
Astrid.
DESPIERTEN CABEZAS DE CARNERO.
Les gritó Astrid mientras hacía que ambos chocaran sus cascos y despertaran de golpe.
Brutilda.
Brutilda.
Oye... piedad hermana, ¿no ves la hora?
Brutacio.
Brutacio.
Buena manera de despertar rubia... me gusta la idea... de nuevo. Lo llamaremos Despertador Thorton, o te despierta o te mando dormir para siempre.
Hipo.
Hipo.
Agg. Basta y pongan atención... ¿Amigo?
El Furia Nocturna enseguida dio una flama baja y activo el ojo del dragón.
Todos: WOO.
Dijeron todos al unisono cuando este cilindro proyecto en la pared un mapa, lleno de símbolos, marcas y dragones que no conocían.
Poco entendían de esas marcas, poco conocían sobre los dragones que había y definitivamente pocos sabían que ese mapa, los llevaría a la aventura de sus vidas.
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