2. Melodías nocturnas.

Shot basado en el campamento que tuvieron en la Isla Melodía.
NARRADOR:
Hipo.
Hipo.
¿Quién diría que los dragonios son buenos escogiendo lugares de descanso?
Decía el líder mientras se sentaba cómodamente al lado de la rubia en lo alto de la cascada.
Astrid.
Astrid.
Merecen una buena cena por esto.
Brutilda.
Brutilda.
Mientras no la prepares tú.
Se escucho a lo lejos la voz de Brutilda lo que hizo a todos reír, bueno a todos menos a una.
Astrid.
Astrid.
Ey.
Se quejaba la ojiazul mientras abrazaba sus rodillas y enviaba su cabeza hacia atrás para recibir todo el sol posible. De el reojo pudo ver a Hipo mirándola, ella giró un poco y le regaló una tímida sonrisa que fue correspondido inmediatamente por él, sin palabras, sin más gestos que mirarse y sonreírse lograban comunicarse.
Ella lo sabía, estaba por completo enamorada del ojiverde, lo había estado desde adolescente, desde niña sintió un enorme curiosidad por aquel chico, tan inteligente, tan creativo, pero su mente no estaba ahí, su mente siempre estuvo en entrenar, en ser una guerrera digna de Berk, todo cambió cuando comenzó a interactuar mucho más con su compañero en el entrenamiento de dragones, era nefasto para el arte de matar dragones, pero podía ver en aquellos ojos un corazón puro, bondad, inteligencia y valor, mucho valor, porque aunque todos se burlaran constantemente de él, era capaz de enfrentar al mundo.
Cuando era adolescente y se convirtió en su compañera leal en la academia, se sintió plenamente conectada a él. Ahora ella ya estaba irremediablemente enamorada de él, con las únicas tres veces que decidió tomar la iniciativa en el pasado, él le correspondió, pero conforme pasaba el tiempo se dio cuenta que él nunca tomó la iniciativa, quedó entonces claro para ella, correspondía a sus movimientos, porque ser amable estaba en su naturaleza, pero al parecer no tenía interés más allá de una amistad leal con ella y por más que su corazón y cuerpo exigieran algo más, su mente aceptaba eso, al final, ella no era más que una guerrera de Berk, no lo suficiente para él linaje Haddock, no sólo era el heredero de Berk, era el héroe del pueblo, el Maestro de los Dragones, el dueño de un Furia Nocturna, la mente creativa de la utópica aldea... ella sabía que él podría tener algo mucho mejor.
Patapez.
Patapez.
Este lugar es sorprendente.
Decía Patapez aturdido por la belleza del lugar, el sonido de una cascada era la banda sonora perfecta para los agotados jinetes, el camino "al más allá" resultó más largo de lo que pensaron y necesitaban con urgencia un descanso.
Patán.
Patán.
Ok, nunca voy a regresar a Berk.
Brutacio.
Brutacio.
Berk, ¿qué es eso?
Los dragones por su parte jugaban todos en el agua.
Hipo.
Hipo.
Supongo que no tenemos que votar para hacer un campamento.
Opinó el jefe emocionado de volver a las antiguas costumbres de los jinetes.
Patán.
Patán.
Me haré cargo de la fogata...
Hipo.
Hipo.
¿Patán ofreciéndose a hacer la fogata?
Astrid.
Astrid.
¿Patán ofreciéndose a hacer ALGO?
Hipo.
Hipo.
Será mejor estar cerca en caso de que tengamos que salvarle el trasero.
Dijo Hipo poniéndose de pie y ofreciendo su mano para ayudarle a levantarse a Astrid quien la recibió gustosa.
Astrid.
Astrid.
Si solo pone en riesgo su propia vida, creo que deberíamos dejarlo.
Patán.
Patán.
Bien Colmillo enciéndela.
Ordenó Patán el cual había derramado un líquido verde en dirección a unos troncos formados como fogata. Cuando Colmillo disparó fuego en él, el rastro verde se encendió y enseguida aprendió la fogata dando una mínima explosión.
Patán.
Patán.
Gel de pesadilla monstruosa no salgas de casa sin él.
Dijo orgulloso.
Astrid.
Astrid.
¿Te das cuenta que solo pudiste pedirle a cualquiera de los dragones que lanzaran fuego a los troncos y subir prendido de igual manera?
Patán.
Patán.
No Astrid, no me quitarás mi gloria.
Dijo Patán ignorando la lógica de Astrid y pasando al lado de ella mientras apagaba el rastro con arena.
La noche cayó rápidamente, como siempre Patapez se había encargado de preparar un delicioso pescado para el grupo y sus dragones, los dragones después de cenar durmieron profundamente, habían volado todo el día en contra de una tormenta.
Los chicos estaban alrededor de la fogata recordando sus viejas aventuras y planeando el paso siguiente en su misión de recapturar a Dagur.
Brutacio.
Brutacio.
Ya ya ya, basta de hablar de trabajo.
Brutilda.
Brutilda.
Si, perturban nuestras vacaciones.
Hipo.
Hipo.
Brutilda estas no son vacaciones, es exploración.
Brutacio.
Brutacio.
Llámalo como quieras amigo de una pierna.
Dijo Brutacio con las manos al aire.
Brutacio.
Brutacio.
El asunto es que necesitamos descansar y Dagur no es la clase de temas que permiten a mi genial mente descansar... ¿y si mejor jugamos?
Patapez.
Patapez.
¿Jugar? ¿Oh no, conozco tus juegos, no volveré a comer el pescado regurgitado de Chimuelo?
Hipo.
Hipo.
Eso solo se hace una vez en la vida.
Brutacio.
Brutacio.
O cuentas o haces. Para los mundanos, verdad o reto.
Astrid.
Astrid.
Juegos de adolescentes, ¿en serio?
Patán.
Patán.
Oh vamos dulzura, ¿a qué le tem...
Astrid.
Astrid.
Vuelve a llamarme dulzura.
Hipo.
Hipo.
Bien chicos, jugaremos siempre y cuando no involucre algo asqueroso.
Se resignó él tampoco contento con el juego Hipo mientras con su mano hacía que Astrid bajara el hacha, para este tiempo, él estaba completamente acostumbrado a salvarle la vida a Patán.
Patán.
Patán.
Comienzo... Astrid, verdad o reto.
Astrid.
Astrid.
Reto.
Patán.
Patán.
Bésame.
Hipo.
Hipo.
Otro reto Patán.
Le ordenó Hipo al instante mientras Astrid respiraba para no matar a Patán.
Patán.
Patán.
Tú cállate Hipo...
Le dijo haciéndole una mueca.
Patán.
Patán.
Anda dulzura... cumple o sino serás una perdedora.
Astrid.
Astrid.
Bien.
Dijo ella con los ojos en blanco, para molestia del castaño Astrid se acercó a Patán y besó su mejilla, era lo más cercano que Patán había estado en el rostro de la ojiazul y justo cuando iba a decir un mal comentario recibió un puñetazo de Astrid que lo mandó al suelo.
Astrid.
Astrid.
Te advertí que no me dijeras dulzura de nuevo.
Brutilda.
Brutilda.
Patán sí masacrado por Astrid nunca va a perder su gracia.
Patapez.
Patapez.
Mi turno... Tacio, ¿cuentas o haces?
Brutacio.
Brutacio.
Oh hermano, siempre que pueda poner en riesgo mi vida tomaré el chance... hago.
Patapez.
Patapez.
Abraza a tu hermana y dile cuanto la amas.
Brutacio.
Brutacio.
Ahh Hipo más que nada asqueroso.
Se quejó y de mala gana la abrazó sin que ninguno de los dos dejaran de hacer muecas de asco.
Brutacio.
Brutacio.
Te quiero mucho hermanita, no deseo por nada del mundo que te caigas a un pozo y nunca puedan sacarte de ahí... bueno tal vez sí, no, de hecho sí... pero ojalá no sufras... tanto.
Brutilda.
Brutilda.
Mi turno. Patapez, ¿cuántas o haces?
Patapez.
Patapez.
Cuento.
Brutilda.
Brutilda.
Según tú, ¿quién es más listo, tú o Hipo?
Patapez.
Patapez.
Amm yo bueno, ambos nos enfocamos en diferentes cosas... no es que, bueno ustedes ya saben, Hipo es bueno en las cosas y yo en otras.
Decía mientras sentía que comenzaba a perder el aire y no dejaba de jugar con sus dedos.
Hipo.
Hipo.
Tranquilo Patapez, no es una competencia, todos superamos a otros en diferentes cosas y si me permites decir, en miles de aspectos eres cien veces más listo que yo, dilo sin problemas.
Le dijo calmado al ver el estado de su amigo.
Brutilda.
Brutilda.
Oye amigo, en verdad deja de meterte en los retos de los demás.
Se quejó Brutilda al ver que Hipo reconfortaba a Patapez, cuando su principal meta era poner nervioso al vikingo.
Brutacio.
Brutacio.
Así que muchas gracias de hablar... bien jefazo, ¿haces o dices?
Hipo.
Hipo.
Digo.
Dijo tranquilo Hipo, no es como que tuviera muchos secretos y el único que podría ponerlo nervioso solo lo conocía a medias Patapez.
Brutacio.
Brutacio.
Si solo pudieras elegir a uno de nosotros... solo a uno... para pasar el resto de tu vida varado en una isla desierta, ¿a quién sería?
Brutilda.
Brutilda.
Agg, esa es fácil todos sabemos que va a decir Astrid.
Dijo burlonamente Brutilda, bueno al parecer no solo Patapez tenía sus sospechas.
Hipo.
Hipo.
Bien se acabó el juego, será mejor descansar, mañana nos espera un largo día.
Dijo el líder cambiando descaradamente de tema y levantándose para acomodar sus cosas de dormir.
Patán.
Patán.
La princesa Hipo puede llevar a ser tan aburrida.
...
Paso un poco menos de media hora, los gemelos, Patán y Patapez dormían profundamente en sus lugares, Astrid por su parte abrió los ojos perturbada por un ruido, poca atención puso al ruido cuando al abrir los ojos vio a Hipo sentado en la orilla del mar mirando la enorme luna que se encargaba de iluminarlos.
Se levantó y se sentó a su lado, mientras él la miraba y le regalaba una sonrisa.
Astrid.
Astrid.
Creí que debíamos descansar.
Se quejo Astrid mientras enfocaba su vista al enorme círculo plateado.
Hipo.
Hipo.
Si bueno, al menos cuatro de 6 me escucharon.
Le respondió volteando a ver al profundamente dormido resto de los jinetes.
Astrid.
Astrid.
¿Por qué no te molestó tanto la pregunta de Brutacio?
Hipo.
Hipo.
¿Qué?, no no para nada...
Dijo exigiendo a sus ojos no despegarse de la Luna y evitar cualquier contacto con Astrid.
Astrid.
Astrid.
¿Hipooo?
Hipo.
Hipo.
Creo que no es bueno para la confianza del grupo decir o al menos sugerir que hay favoritismos, no creo que ayude como unidad.
Respondió ahora mirándola un poco. Un cómodo silencio se abrió paso y gobernó unos minutos hasta que Astrid lo interrumpió.
Astrid.
Astrid.
Tenías razón Hipo hay muchas cosas aquí afuera y es hermoso.
Hipo.
Hipo.
Y esto es solo el comienzo Astrid, quién sabe qué más podremos encontrar aquí.
Respondió Hipo para después voltear a verla y acercarse aún más a ella.
Hipo.
Hipo.
Entre tú y yo... Tilda tenía razón.
Astrid.
Astrid.
¿La pregunta era demasiado fácil?
Hipo.
Hipo.
Si también en eso.
Astrid sonrió un poco sonrojada pero emocionada por aquella declaración. La ojiazul involuntariamente se acomodó en el hombro de Hipo, él por su parte después de la sorpresa inicial y su lucha por controlar su respiración correspondió poniendo su cabeza sobre la de la rubia.
El sueño sin darse cuenta pronto llegó y se apoderó de ambos, pero el sueño de aquellos, también significó el peligro de una melodiosa tonada para sus dragones.
Por la mañana al despertar uno al lado del otro se convertiría en la menor de sus preocupaciones.
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