NovelToon NovelToon
No Es Una Invitación, Es Una Orden

No Es Una Invitación, Es Una Orden

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Amor de la infancia
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Phandi

Había regresado al pueblo con una sola intención: verla.
No pasaron ni diez minutos desde que bajó del bus cuando la noticia lo golpeó como una patada al pecho: “Ella se casa el sábado.”
El corazón le ardió. Los puños también.
¿Casarse? ¿Con otro? ¿Ella? ¿Suya?
No.
Eso no iba a pasar.

NovelToon tiene autorización de Phandi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“Domingo sin salida”

I. TOMÁS – Un cuerpo para la urgencia

Los músculos le dolían como si fueran de hierro fundido.

El sudor le empapaba el pecho.

Pero Tomás no se detenía.

Silvio, con un bastón en una mano y un saco de leña en la otra, lo miraba con un dejo de asombro.

—Ya basta, muchacho… vas a abrirte las heridas.

—Tengo que estar listo, —jadeó Tomás— no sé para qué… pero debo llegar a tiempo.

Llevaba ya cinco días forzando su cuerpo.

Silvio le había improvisado una rutina: caminar hasta el roble muerto, cargar leña, trepar un montículo.

El collar colgaba de su cuello.

La T y la E.

Su ancla.

Su impulso.

—Tres semanas, —repetía en voz baja— tres semanas desde que debió casarse… algo pasó. Alguien no quiso casarse. Ella. Elsa…

Apretaba los dientes.

La imagen de su rostro era más clara cada día.

Y el eco del maizal.

Y la promesa.

"Nunca me dejes, Tomás."

Una noche, al calor del fuego, Silvio rompió el silencio.

—¿Y si ya está casada? ¿Y si llegas tarde?

Tomás miró el fuego, luego su propia mano, con los nudillos enrojecidos.

—Entonces llegaré tarde. Pero no sin haber corrido.

No sin haber peleado por lo que me pertenece.

Porque algo en mí… en lo que soy, me dice que ella es mía.

Y yo… de ella.

El viento silbó afuera, pero ni la oscuridad ni la duda lo detendrían.

Tomás estaba despertando.

Y nadie podría frenarlo.

II. ELSA – Un paso en falso

El reloj de la cocina marcaba las 12:34.

La casa estaba vacía.

Sus padres habían sido invitados por Doña María Ugande a un almuerzo-cena con los terratenientes.

Ella sabía que estarían fuera al menos cinco horas.

Así que Elsa hizo lo impensable.

Se sentó.

Luego se levantó.

Despacio. Paso por paso.

Las piernas dolían, pero ya no tanto.

Fue a su habitación, cerró las cortinas, apagó la lámpara.

Caminó.

Casi sonrió.

Estaba de pie.

Libre por unas horas.

Por fin sola.

No supo que del otro lado de la calle, escondido tras una cortina vieja y una lengua venenosa, don Remigio, el vecino chismoso, la observaba con ojos redondos.

El mismo que meses antes había jurado ver a Tomás saliendo de la casa.

El mismo que vivía metido en los asuntos de todos, menos en los suyos.

Esa noche, a las 10 en punto, Sebastián bajó al risco.

La luna era pálida.

Y ahí lo esperaba Remigio, con una sonrisa tan sucia como sus dedos.

—La vi, don Sebastián. Caminando.

Viva, fuerte… fingiendo. ¿Y sabe qué pienso? Que lo está burlando.

—¿Estás seguro?

—Tan seguro como que el chisme me da de comer.

Y si quiere más… el trato será el mismo: me paga, y yo le aviso si la veo otra vez.

Y si no me paga, bueno… la lengua es libre.

Sebastián no respondió de inmediato.

Le ardía el pecho.

Quería gritar, golpear algo, ir a su casa y aplastarla contra la pared.

Pero recordó las palabras de su madre.

—Una sola mancha más, Sebastián… y te desheredo.

Así que tragó su rabia…

y sacó dinero.

—Llama cuando la veas.

Pero no la toques.

Y si alguien pregunta… ni tú ni yo estuvimos aquí.

Dos días después, Elsa volvió a caminar.

Más segura, más tranquila.

Ya nadie había dicho nada.

Pero esa tarde, Doña María Ugande irrumpió en su cuarto con ojos como cuchillas.

—Te has estado maquillando, ¿verdad?

Tus moretones ni se notan.

Elsa se quedó quieta, sin negar ni afirmar.

La mujer alzó el mentón.

—Entonces…

la boda será este domingo.

Si finges estar enferma otra vez, te haré bañar frente a testigos.

Y si te niegas… que Dios te ayude, muchacha. Porque yo no lo haré.

Elsa se quedó sola.

Temblando.

Tragando el sabor del miedo.

Ya no podía fingir.

Ya no tenía tiempo.

Este domingo… era el final.

O el principio de su condena.

1
Miriam Muñoz
hasta el momento
ecxelente
Miriam Muñoz
me gusta
Miriam Muñoz: me gusta mucho ☺️
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play