Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 22
LEONARDO SALVATORE
Después que Alana salió. Mi madre me llamó.
📞 Necesito que hoy vengas a la casa.
📞 Madre, si no es algo urgente, paso por hoy. Tengo un compromiso por la noche.
📞 He invitado a Irán. No me hagas quedar mal.
📞 Quedaras mal. No me interesa Irán. Ya tengo novia.
📞 Hijo, Irán es buen partido. Ya conocemos a su familia y es familia élite.
📞 Madre, voy a colgar.
📞 Espera.
📞 Por favor, madre, no hagas drama. Ya te dije. No voy a llegar tengo una cita con mi novia — Colgué la llamada.
Qué día más pesado. Antes que llegara Alana a mi vida, nadie se me declaraba, y ahora que está ella. Hay dos detrás.
Salí un poco más antes de la oficina y fui a comprar un celular nuevo para ella. No podía seguir así, ante cualquier emergencia que día ser la primera persona a quien ella llame.
Fui a mi Penthouse y me puse ropa cómoda.
Llegué a casa de Alana a eso de las 7 de la noche. Toqué la puerta. Ella salió a abrirme en toalla. Llevaba su cabello mojado. Llevé mi mano a mi boca y solté una sonrisita.
— Siempre la tentación contigo — entré y cerré la puerta — quería que saliéramos a comer afuera, pero la cena será en casa— me saboree mis labios.
— Viniste antes— no dejé qué terminará de hablar cuando la besé con pasión.
Nos aproximamos al sofá. Quité la toalla que tapaba su cuerpo. Ella me volvía loco. Y ahí en el sofá jugamos un poco. La llevé cargando a su cama. Ella sacó de su mesa de noche unos sobrecitos dorados.
— Hay que protegerse — me dio uno.
Ella sabía que hoy tendríamos intimidad y se había preparado. Puede que ella sea un poco inexperta, pero de salud reproductiva si sabía del tema.
Me lo puse. Y tuvimos nuestro encuentro íntimo. Siento que con ella podía repetir una y otra vez.
— Quiero presentarte a mi familia formalmente. Siento que tú eres la mujer que quiero como mi esposa.
— Me dejas sin palabras. Yo te amo, pero estás seguro de presentarme con tus padres. No me van a rechazar porque no estamos en el mismo nivel.
Me puse encima de ella, mordiendo sus labios de poco.
— Importa lo que ellos digan, tú eres mi mujer, y es a mí quien debe importarle.
Besé su cuello.
— Eres mía — le susurré en su oído.
Y empezamos a aquella segunda travesía.
Terminamos a un lado de la cama, sudados y con la respiración entrecortada. Ella se acercó a mi pecho.
—Tu corazón parece tambor — ella sonrió.
—Tengo hambre. Salimos a comer algo.
— Sí. Me parece.
—Se me olvidaba. Te había traído un regalo. Cuando bajemos te lo doy porque lo dejé en el carro.
Eran las 9 de la noche.
Nos vestimos. Bajamos al auto. Le di una cajita. Ella lo abrió.
— Qué vergüenza. Otro celular.
— Necesito que estemos comunicados.
—Esta vez lo cuidaré bien.
Leonardo condujo a un bar restaurante.
— Con esta facha quieres que entre ahí — ella me dijo con voz preocupada.
—Sí. No es un restaurante de etiqueta. Así que relájate.
— Se ve concurrido.
—Mucho te preocupas. Deja que yo presuma a mi mujer. Es hora que seamos una pareja normal. No quiero esconderte.
— Pero...
— Pero nada. De los comentarios de los demás, no vives. Así que hoy disfrutemos nuestra noche.
Bajamos del auto. Entramos al bar-restaurante. Pedí que trajera el menú. Escogimos lo que íbamos a comer. Cenamos y nos tomamos una copa de vino.
Puede ser que nuestra vestimenta era muy relajada, pero eso no importaba.
Saliendo del restaurante como por obra del diablo, nos encontramos con Leticia y Otra trabajadora de la empresa. Yo iba tomado de la mano de Alana.
Leticia había fruncido en entrecejo.
—Señor Leonardo Salvatore. Qué casualidad haberlo encontrado aquí y con la pasante — ella dirigió su mirada a nuestras manos.
Alana quiso soltarse. Pero no la dejé.
— Buenas noches, Leticia - sostuve con más fuerza la mano de Alana y salimos de ese lugar.
Llegamos al auto.
— Ahora los chismes en la empresa — expresó ella.
— Qué te dije. Que de los comentarios no vives. Por mí está bien, si todos saben — la tomé de la cintura — yo quiero que todos sepan que tú eres mía. Te amo Alana.
— Siento que el corazón se me va a salir. Tú no me entiendes, pero bueno. Cuando regrese esta pasante irá blindada de acero para que los comentarios no le afecte.
— No debería. Al suave es como marcar tu territorio en la empresa.
— No soy un animal para marcar territorio.
— A no. Si eres una fiera en la cama — toqué la punta de su nariz.
— Entremos. Sí.
Llevé de regreso a Alana a su departamento.
— Segura no quieres vivir conmigo. Quisiera dormir contigo.
— Todo a su tiempo. Descansa Leo.
Ella entró al edificio. Yo regresé al Penthouse.
Al día siguiente en la empresa, mandé a llamar a Leticia a mi oficina.
— Buenos días, Leticia. Siéntate. Quiero pedirte algo.
Ella se sentó, pero su mirada era de apatía.
— No quiero que comentes nada de lo que viste ayer en la noche.
— Usted cree que solo yo lo vi. Y no puedo creer que me haya rechazado por esa muchachita que apenas conoce. Yo soy mejor que ella — Leticia se levantó de su silla — míreme, yo tengo mejor cuerpo que ella, soy mil veces más mujer que ella. Yo puedo hacerlo feliz en la cama.
— No pases ese límite. No quiero faltas de respeto hacia Alana.
— Por Dios — ella negaba con su cabeza — que le vio a ella.
— No te di el derecho de reclamar. Solo te pido que no infundas chisme en mi empresa. Si sigues así, puedes pasar tu carta de renuncia.
Ella mordió sus labios de enojo.
— Es injusto. Yo siempre estuve enamorada de usted. Son años amándolo en secreto. No es justo — ella salió de la oficina.
De todas formas, ella no es mi tipo.
Yo estoy contento enseñándole todo a Alana. Me dije a mí mismo.
Mi madre entró en la oficina..
— Hay no mamá. No estoy para más reclamos.
— Irán se quedó plantada.
— No me interesa, te lo dije. Mamá tengo mucho trabajo hoy. Por favor vete.
—¿Quién es tu novia?
— Una mujer muy hermosa e inigualable.
—Quiero el apellido. Es hija de quien? ¿Propiedades? ¿Títulos?
—No me hagas reír. En estos tiempos quien ve eso. Estamos en pleno Siglo XXI. Por favor regresa a casa.
— Voy a investigar quien es esa. Y si no me gusta para ti, prepárate.
Mi mamá salió de la oficina.
Santo cielo, quién más falta que venga. Soy un hombre de 30 años, dueño de todo esto. Capaz de decidir con quien quiero estar, es tan difícil aceptar eso.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar