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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Leo estaba a salvo. Renzo había cumplido: su hermano dormía en una de las suites de invitados, custodiado por tres guardias de élite y con una provisión de videojuegos que lo mantendrían ocupado durante meses. Mía debería haberse sentido aliviada, incluso sumisa por la deuda.

Pero Mía no sabía conjugar el verbo "agradecer".

-Te ves... aceptable -dijo Renzo cuando ella entró en el comedor formal.

Él la esperaba al final de una mesa de caoba de seis metros de largo. Ella llevaba un vestido negro, ajustado como una segunda piel, que Renzo le había enviado esa tarde. Mía se había tomado la molestia de hacerse una coleta alta y tirante, dándole un aire de guerrera más que de acompañante.

-Y tú te ves como un villano de dibujos animados -replicó ella, sentándose de golpe y haciendo que los cristales de la mesa tintinearan-. ¿De verdad necesitamos esta mesa tan larga? ¿Planeas jugar a los barquitos con la sopa o es que tu ego necesita el espacio adicional para respirar?

Renzo soltó una carcajada seca, inclinándose hacia adelante mientras un camarero servía un vino tinto que costaba más que la educación universitaria de Mía.

-Es para mantener la distancia de seguridad, Mía. No quiero que me claves un tenedor en el ojo antes del segundo plato.

-No tientes a la suerte, Cavalli. Mi hermano está aquí, pero eso no significa que yo sea tu fan número uno.

El primer plato llegó: un carpaccio de algo que Mía no reconoció, decorado con flores comestibles y láminas de oro. Ella miró la hilera de cubiertos a su lado como si fueran herramientas de tortura alienígena.

-¿Por qué hay tres tenedores? -preguntó ella, agarrando el más pequeño con desprecio-. ¿Acaso la comida es tan escurridiza que necesitas refuerzos? En mi casa, si el tenedor tenía tres puntas en lugar de cuatro, lo considerábamos "de lujo".

Renzo la observaba con una fascinación oscura, apoyando la barbilla en su mano. Adoraba su insolencia; le recordaba que no era una de esas mujeres de la alta sociedad que se derretían por su aprobación.

-El de afuera es para la ensalada, el del medio para el pescado... -empezó a explicar él con una paciencia burlona.

-Pamplinas -lo interrumpió Mía. Agarró el cuchillo de carne (que aún no debía usar) y empezó a pinchar las láminas de carne cruda-. Todo llega al mismo estómago, Renzo. Este protocolo es solo para que la gente rica se sienta menos culpable de estar gastando en una cena lo que una familia normal come en un año.

-Eres una comunista encantadora -comentó él, su mirada bajando hacia el escote del vestido negro-. Pero estás usando el cuchillo equivocado. Si quieres, puedo ponerme detrás de ti y enseñarte cómo se sostiene... correctamente.

La sugerencia cargada de erotismo hizo que la piel de Mía se erizara. Él quería jugar, quería verla sonrojarse. Ella, en cambio, clavó el cuchillo con fuerza en la mesa de caoba, dejando una marca profunda.

-Prefiero aprender a usarlo para cortarte la lengua mientras duermes -sonrió ella, sus ojos verdes brillando bajo la luz de las velas-. Por cierto, el vino sabe a vinagre caro. ¿No tienes una cerveza o algo que no me haga sentir que estoy bebiendo la sangre de tus enemigos?

Renzo se levantó. No llamó al servicio. Caminó lentamente hacia ella, rodeando la mesa. Mía mantuvo la barbilla en alto, aunque su corazón golpeaba su pecho como un tambor. Él se detuvo justo detrás de su silla, apoyando las manos en los hombros de ella. Sus dedos eran largos y fuertes, y su calor atravesaba la tela del vestido.

-Tienes mucha confianza para ser alguien que todavía vive en mi casa bajo mis reglas -susurró él, inclinándose hasta que sus labios rozaron la oreja de ella. Su aliento olía a coñac y peligro-. He traído a tu hermano. He perdonado tu sabotaje. He tenido paciencia con tus mordiscos... Pero no olvides que soy un hombre posesivo, Mía. Y lo que más deseo ahora mismo no es la cena.

Mía sintió la mano de Renzo bajar por su brazo hasta atrapar su muñeca, la que aún sostenía el cuchillo. Él aplicó una presión mínima, obligándola a soltar el metal.

-Suéltame -dijo ella, aunque su voz no tenía la fuerza de antes. La tensión sexual en el comedor era asfixiante, mezclada con el aroma de la lluvia tropical que empezaba a golpear los ventanales.

-¿Y si no quiero? -Renzo giró la silla de ella, obligándola a quedar frente a frente. Él se arrodilló entre sus piernas, abriéndolas con sus muslos, una posición de dominio absoluto-. Eres tan maleducada, tan rebelde... me das ganas de castigarte y premiarte al mismo tiempo.

Mía le agarró el cabello, tirando con fuerza hacia atrás para obligarlo a mirarla.

-Si crees que una cena y traer a Leo me van a convertir en tu perrita faldera, es que eres más tonto de lo que pareces. Mañana, cuando Leo despierte, vamos a buscar una salida de este agujero verde.

Renzo sonrió, una expresión perversa y llena de confianza. Le lamió el labio inferior a Mía, un toque rápido que la dejó jadeando.

-Inténtalo. Me encantará cazarte en la selva. Pero esta noche, Mía... esta noche te vas a quedar aquí, sentada en mi regazo, y vas a terminarte tu "vinagre caro" mientras me cuentas exactamente qué otras cosas piensas hacerme mientras duermo.

Él la levantó en vilo y se sentó en su silla, acomodándola a ella sobre sus piernas. Mía intentó forcejear, pero él la rodeó con sus brazos como si fuera una cadena de acero.

-¡Déjame ir, animal! -protestó ella, aunque no pudo evitar acomodarse contra su pecho firme.

-Come, pequeña fiera -dijo él, ofreciéndole un trozo de carne con su propio tenedor-. Necesitas fuerzas para todos los planes de asesinato que tienes en esa cabecita tuya.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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