NovelToon NovelToon
MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA UN CORAZÓN SESGADO

MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA UN CORAZÓN SESGADO

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Amor eterno / Romance
Popularitas:132
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Soy psicóloga, sé exactamente por qué el amor es una ilusión neuroquímica… y aun así estoy a punto de perder una apuesta por culpa del publicista con la sonrisa más estadísticamente significativa del mundo."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO

Sujeto Experimental Nº1

Siempre he pensado que las grandes historias de amor empiezan con una mirada. Una chispa eléctrica, un coup de foudre francés, una dilatación pupilar de 0.2 milímetros que tu cerebro registra antes que tu conciencia. Lo sé porque escribí mi tesis doctoral sobre microexpresiones faciales en el cortejo humano. Ciento ochenta páginas para concluir lo que cualquier poeta del siglo XV ya sabía: cuando te gusta alguien, le miras la boca más de la cuenta.

Mi historia de amor, como casi todo en mi vida, empezó con una Rúbrica de Evaluación de Riesgos Afectivos que había garabateado en el reverso de un recibo de farmacia.

Eran las nueve y cuarto de la mañana de un martes lluvioso. Estaba en la sala de conferencias del tercer piso de Boreal Creativos, una agencia de publicidad que olía a café de comercio justo, madera clara y testosterona creativa mal gestionada. Recursos Humanos me había contratado para impartir un taller titulado "Desintoxica tu Mente (y tu Ex): Claves para Relaciones Laborales Sanas". Un título que se me había ocurrido mientras enjabonaba el pelo con champú anticaspa y que, contra todo pronóstico académico, se había convertido en mi fuente de ingresos más estable.

Lo llamaban Reskilling Emocional. Yo lo llamaba "enseñar a adultos funcionales a no costear a sus compañeros de proyecto".

Frente a mí, dispuestos en un semicírculo que olía a resignación colectiva, había doce empleados. Todos miraban sus móviles por debajo de la mesa con la destreza de quien ha perfeccionado el arte de fingir atención. Todos menos uno.

Sujeto Experimental Nº1.

Estaba sentado en primera fila. Ligeramente escorado a la izquierda. Piernas cruzadas con una despreocupación estudiada que delataba horas de yoga o, en su defecto, una infancia en colegios privados donde te enseñan a ocupar el espacio sin pedir permiso. Vestía un jersey de punto en color azul marino —cachemir, probablemente; catorce micras de diámetro en la fibra, suavidad insultante— y unos vaqueros oscuros sin una sola arruga. No llevaba alianza. No llevaba reloj inteligente. Llevaba un reloj analógico, de esfera limpia y correa de cuero, que consultó justo cuando yo apoyaba el mando del proyector sobre la mesa. Un gesto mínimo. Un mensaje cifrado: "Sé qué hora es. Sé que empiezas ahora. Estoy midiendo tu puntualidad".

En mi gremio lo llamamos conducta de establecimiento de estatus.

—Buenos días —comencé, con esa voz profesional que he entrenado para que suene cálida pero inaccesible, como la temperatura del agua en un hotel de tres estrellas—. Soy la doctora Valeria Núñez, especialista en Psicología Social y Conducta Organizacional. Hoy vamos a hablar de patrones relacionales disfuncionales.

Silencio. Un bostezo ahogado en la tercera fila. El Sujeto Nº1 ni se inmutó.

—Diapositiva tres —anuncié, haciendo clic—. Sesgo de Confirmación Amoroso.

En la pantalla apareció una imagen de un corazón anatómicamente correcto atravesado por chinchetas de oficina. Muy Pinterest. Muy yo.

—Imaginen que conocen a alguien increíblemente atractivo. Físicamente. Un espécimen. Su cerebro, ese órgano maravillosamente vago que consume el veinte por ciento de su energía corporal, activa inmediatamente el Efecto Halo. Asumirán, sin evidencia alguna, que ese espécimen también sea inteligente, divertido, honesto y que probablemente recicle los envases de vidrio. Ignorarán las señales de alerta porque el envase es demasiado bonito. ¿Les suena?

Murmullos de reconocimiento. Una chica de diseño gráfico asintió con demasiado entusiasmo. Apunté mentalmente: "Participante con historial de relaciones tormentosas. Posible fijación con músicos freelance."

Entonces él habló.

—¿Y si el espécimen —su voz era grave, modulada, con ese punto justo de ironía que no llega a ser soberbia pero roza la insolencia— es realmente inteligente, amable y además levanta la tapa del váter? ¿Cómo se llama ese sesgo?

La sala entera giró la cabeza hacia él. Doce empleados conteniendo la respiración. Una corriente de aire acondicionado que de repente se sentía gélida sobre mis clavículas.

Le sostuve la mirada. Ojos color avellana. No, corrijo: ojos color avellana con motas doradas que el fluorescente de la sala hacía brillar como virutas de pan de oro. Parpadeo lento. Postura abierta. Comisura izquierda ligeramente elevada. En la Facial Action Coding System de Paul Ekman eso se clasifica como AU12 combinado con AU6: sonrisa genuina de diversión contenida.

Maldita sea. Era guapo. Pero guapo de manual. Guapo de esos que te hacen sospechar que la selección natural a veces se toma un café y se esmera.

—Se llama Correlación Ilusoria —respondí sin apartar la vista, aunque notaba un calorcillo traicionero reptando desde mi esternón hasta mis mejillas. Activación del sistema simpático. Sudoración palmar incipiente. Mi cuerpo, ese traidor, llevaba exactamente siete segundos y medio considerándolo un candidato viable para la reproducción—. Usted cree ver un patrón de virtud donde solo hay un diseñador gráfico con buen gusto y una membresía platino en un gimnasio boutique.

Él sonrió. Una sonrisa completa. AU6 y AU12 en todo su esplendor. Y fue en esa curva exacta, en esa coreografía microscópica de músculos cigomáticos, donde veinte años de formación académica se fueron por el retrete. Porque mi cerebro, el mismo que había memorizado el DSM-V, que podía recitar los nueve criterios diagnósticos del Trastorno Límite de la Personalidad y los siete neurotransmisores implicados en el enamoramiento romántico (Dopamina, Norepinefrina, bajada drástica de Serotonina, Oxitocina, Vasopresina, y un largo etcétera que ahora no venía al caso), hizo clic en un botón primitivo que ponía: "DESAFÍO ACEPTADO".

—Me llamo Andrés —dijo, inclinándose ligeramente hacia delante. Lo suficiente para que yo captara el aroma de su colonia. Madera de cedro. Notas cítricas. Algo amaderado y profundo que probablemente tenía un nombre francés impronunciable y un precio que superaba mi presupuesto mensual para libros—. Y levanto la tapa del váter. Siempre.

La chica de diseño gráfico soltó una risita nerviosa. Alguien tosió. El proyector decidió en ese preciso instante entrar en modo reposo, sumiendo la sala en una penumbra momentánea que solo iluminaba el rectángulo blanco de la pantalla y el brillo dorado de sus ojos.

Yo no lo sabía entonces. No podía saberlo. Pero ese hombre, Andrés, el Sujeto Experimental Nº1, el espécimen con jersey de cachemir y sonrisa estadísticamente significativa, no solo levantaba la tapa del váter.

También era MrBrightside_Ads.

El usuario anónimo que cada noche, puntualmente a las once y cuarto, leía mis novelas románticas en Noveltoom. El que dejaba comentarios de tres líneas con un corazón rojo y frases como: "Esta escena es material de archivo clínico, Valeria. Pero quiero más. P.D.: El beso del capítulo siete es anatómicamente imposible. Lo he comprobado."

El que, sin saberlo, se había convertido en mi lector más fiel.

Y el que estaba a punto de demostrarme que, por mucho que una estudie el amor, vivirlo sigue siendo el experimento peor diseñado del universo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play