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Sol De La Bahía

Sol De La Bahía

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞✅️Miles Stone, un rígido contador de la ciudad, huye hacia el pueblo costero de Bahía Centinela tras una devastadora traición familiar. Destrozado y buscando aislamiento, llega al viejo Hostal Morrow, administrado por Ezra, un lugareño libre, magnético y un tanto excéntrico. Mientras Miles intenta ordenar el adorable caos financiero del negocio, Ezra lo desafía a mirar el mundo a través de su lente analógica, enseñándole a abrazar las imperfecciones de la vida. Bajo el cálido sol de agosto, una cercanía eléctrica e ineludible florece entre ambos, transformando un verano melancólico en el refugio de amor más puro de sus vidas.✅️🔞⚠️

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Habitación barata

El regreso de la playa hacia el hostal fue el camino más largo y doloroso que Miles había recorrido en toda su vida. El sol de la tarde se filtraba débilmente entre las nubes grises, proyectando sombras alargadas sobre la arena mojada. Ezra apenas podía sostenerse en pie; su cuerpo, desgastado por la brutal crisis de dolor, pesaba sobre el hombro de Miles. Sin embargo, no hubo quejas. Miles lo rodeó con firmeza por la cintura, obligando a sus propias piernas a avanzar con una determinación que no sabía de dónde poseía. Ya no era el contador asustadizo que huía de una traición familiar; ahora era un hombre dispuesto a ser el pilar del ser que amaba.

Cuando cruzaron el umbral del hostal, el silencio del vestíbulo los recibió como un abrazo conocido. Las sábanas blancas que colgaban en el patio lateral se sacudían con el viento, pareciendo testigas mudas de la tragedia que acababa de entrar por la puerta. Miles guio a Ezra escaleras arriba, peldaño por peldaño, escuchando el crujido de la madera como el segundero de un reloj que avanzaba sin detenerse.

Al entrar a la habitación de Ezra, Miles lo depositó con extrema delicadeza sobre el colchón. La estancia era sencilla, inundada por la luz suave del atardecer costero. Ezra se dejó caer de lado, cerrando los ojos con un suspiro de puro agotamiento. Tenía la ropa húmeda por la llovizna de la playa y la piel pegajosa por el sudor febril.

Sin decir una palabra, Miles se movió por el espacio con una calma instintiva. Buscó en el armario una camiseta limpia de algodón y unos pantalones secos. Regresó a la cama, se arrodilló a un costado y, con las manos más suaves que pudo conseguir, comenzó a desabotonar la camisa mojada de Ezra. Ver el torso de su amado de cerca le dio un vuelco al corazón: las costillas de Ezra se marcaban sutilmente bajo la piel tostada, evidenciando una pérdida de peso que la ropa holgada solía disimular. Una lágrima rebelde resbaló por la mejilla de Miles, pero se la limpió rápidamente con el hombro; no quería que Ezra lo viera llorar más.

Ezra abrió los ojos despacio, observando la dedicación de Miles. Intentó esbozar una de sus sonrisas burlonas, pero sus labios agrietados solo lograron formar una mueca de infinita gratitud.

—Te estás convirtiendo en un enfermero muy eficiente, contador —susurró Ezra, con la voz pastosa y ronca—. Aunque tu rostro sigue estando demasiado serio.

—Alguien tiene que ponerse serio aquí, mi cielo —respondió Miles en el mismo tono bajo, pasándole la camiseta limpia por la cabeza con sumo cuidado—. Ahora descansa. Voy a buscarte un vaso de agua y a preparar algo caliente.

Antes de salir, Miles tomó el frasco de pastillas amarillas de la mesa de noche, le dio a Ezra la dosis correspondiente y esperó a que se durmiera, vencido por el analgésico.

Una vez que la respiración de Ezra se volvió pausada, Miles bajó al vestíbulo. Su mente trabajaba a mil revoluciones por minuto. Sabía que no podía cargar con todo esto solo; el amor que sentía por Ezra lo obligaba a buscar lo mejor para él, incluso si eso significaba enfrentar la realidad que Ezra tanto evitaba. Tomó el teléfono del hostal, buscó en la libreta de contactos de la recepción el nombre que había memorizado esa mañana y marcó.

El teléfono sonó tres veces antes de que una voz ronca y cargada de ansiedad respondiera desde el otro extremo.

—¿Hola? ¿Ezra? —preguntó Matt.

—No, no soy Ezra. Soy Miles, su huésped —dijo Miles, sintiendo que la garganta se le cerraba por la emoción—. Escúchame, Matt. Sé quién eres. Sé lo del hospital de Canadá y sé lo del cáncer. Ezra acaba de tener una crisis horrible en la playa. Confesó todo.

Se produjo un silencio sepulcral en la línea, seguido por el sonido ahogado de un sollozo. El primo de Ezra, el hombre fuerte que trabajaba en los bosques, se quebró instantáneamente al escuchar la confirmación de lo que tanto temía.

—Oh, Dios... gracias por llamarme, Miles —consiguió decir Matt con la voz rota—. Ese idiota terco no quería decirte nada. Llevo meses suplicándole que regrese a Canadá, que se interne en un hospital donde puedan controlar el dolor de forma profesional. ¿Cómo está ahora?

—Está dormido, bajo el efecto de los medicamentos —respondió Miles, mirando hacia el techo, sintiendo que sus propias lágrimas volvían a brotar—. Matt, él no quiere pasar sus últimos días conectado a máquinas en una ciudad extraña. Me dijo que quería vivir su último verano como un hombre libre aquí, en su casa.

—Lo sé, Miles, lo sé perfectamente —susurró Matt, y se escuchó cómo se limpiaba el rostro a la distancia—. Pero el verano se está terminando. El mes de agosto va a acabar pronto y el dolor solo se volverá más insoportable. Ya tengo casi listos los papeles legales para el traspaso del hostal. Iré a Bahía Centinela a finales de mes para llevármelo. Por favor... te lo ruego, no lo dejes solo hasta que yo llegue. Eres lo único hermoso que le ha pasado en este último año.

—No lo voy a dejar solo, Matt. Te lo prometo —afirmó Miles con una firmeza inquebrantable—. Cuidaré de él con mi propia vida.

Al colgar el teléfono, Miles se quedó inmóvil en el vestíbulo oscuro. La cuenta regresiva era real. Quedaban apenas unas semanas de sol antes de que el otoño se llevara a Ezra hacia el norte, hacia el destino inevitable de los hospitales y las despedidas. Un dolor punzante le recorrió el pecho, pero en lugar de paralizarlo, le inyectó una urgencia salvaje. No iba a desperdiciar ni un solo segundo que le quedara junto a él.

Subió de nuevo al segundo piso. En lugar de regresar a la habitación número cuatro, Miles entró directo al cuarto de Ezra. El dueño del hostal continuaba durmiendo, con el rostro más relajado gracias al efecto de las pastillas. Miles caminó hacia la ventana, cerró las cortinas para bloquear los últimos destellos de luz y se giró hacia la gran cama matrimonial.

Se quitó los zapatos y se deslizó debajo de las sábanas blancas, acomodándose al lado de Ezra. El colchón era mucho más suave que el suyo, pero lo que realmente importaba era la cercanía. Al sentir el movimiento, Ezra se removió entre sueños y, de forma instintiva, buscó el calor de Miles. Estiró un brazo largo y rodeó la cintura de Miles, pegando su frente contra el hombro del contador.

Miles recibió el peso de Ezra con los brazos abiertos. Lo rodeó con fuerza, entrelazando sus piernas bajo las cobijas, sintiendo la respiración pausada y febril de Ezra contra su piel. Estar así, piel con piel en la penumbra de la habitación, generaba una intimidad tan dulce y dolorosa que les partía el alma. Era un amor puro, bonito, de esos que hacen desear que los milagros existan y que la muerte sea solo una mentira inventada.

En mitad de la noche, Ezra abrió los ojos lentamente. Al descubrir que no estaba solo y que Miles lo sostenía con tanto recelo, una oleada de ternura le inundó el pecho. Se enderezó sutilmente, quedando a pocos centímetros del rostro de Miles, quien permanecía despierto, velando su sueño en la oscuridad.

—¿Qué haces aquí, amor? —susurró Ezra con una voz suave, acariciándole el cabello castaño con los dedos—. Tu habitación barata está al final del pasillo.

—Ya no tengo habitación barata, Ezra —respondió Miles, mirándolo fijamente a los ojos, sin una sola pizca de duda—. A partir de hoy, mi lugar está aquí, contigo. No voy a dejar que pases una sola noche solo en este cuarto. Si vas a tener dolor, lo pasaremos juntos. Si vas a tener miedo, yo te sostendré la mano.

Ezra sintió que los ojos se le humedecían. La generosidad del chico de la ciudad lo desarmaba por completo. Estiró la mano y acunó el rostro de Miles, uniendo sus frentes en un gesto de absoluta entrega.

—Eres un tonto, Miles Stone —susurró Ezra, y una lágrima solitaria resbaló por su mejilla—. Te vas a romper el corazón quedándote a mi lado. Sabes cómo termina esta historia. El verano se acaba.

—No me importa el final, mi cielo —replicó Miles, apretando el agarre de sus brazos alrededor de su cintura—. Me rompieron el corazón con mentiras y traición en la ciudad, y tú me lo estás sanando con tu desorden y tu verdad. Prefiero un mes entero amándote con el alma, sabiendo que dolerá al final, que una vida entera viviendo en la mentira perfecta en la que solía estar. Déjame amarte, Ezra. Déjame cuidarte.

Ezra no respondió con palabras. Se inclinó y buscó los labios de Miles en un beso tierno, pausado y lleno de una devoción silenciosa. Ya no había prisa, ya no había necesidad de ocultar la debilidad. En la penumbra de esa cama, rodeados por el aroma a sábanas limpias y el sonido constante del mar afuera, se entregaron el uno al otro a nivel emocional, consolidando un lazo que ni la enfermedad ni la distancia podrían destruir jamás.

Se quedaron abrazados durante el resto de la madrugada, compartiendo el calor de sus cuerpos y el ritmo de sus latidos. El miedo a la muerte seguía flotando en los rincones de la habitación, pero mientras permanecieran unidos bajo esas sábanas, el mundo exterior dejaba de existir. Habían decidido que su amor sería hermoso, intenso y eterno en su imperfección, transformando cada noche de ese verano dorado en un monumento a la vida que aún les quedaba por compartir.

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Beisy Antunez
muy bueno gracias
Beisy Antunez
Gracias que amor tan lindo nacido del dolor de cada uno, llore mucho con esta historia 😭 pero fue hermosa
Skay P.: Gracias por la compañía, mi cielo.
Tenemos otras excelentes historias para alegrar el corazón. ¡Besitos!✨️🦋
total 1 replies
Smer
y justo escuchando la nave del olvido de José José 😭
Skay P.: ¡Uy! Disculpa, mi Chickis.
En mi perfil, encontrarás historias que sanan el corazón. Además, esta historia tiene un final alternativo muy bonito. 🫣🫰✨️
total 1 replies
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