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CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

romance, contrato, amor, diversión

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: El brillo de la abuela y un perdón silencioso

La mañana siguiente en el piso 50 fue diferente. No hubo café recién colado, ni tarareos de Romeo Santos, ni chistes sobre el color de las corbatas de Alexander. Elena llegó puntual, vestida con una sobriedad que asustaba. Se sentó en su escritorio y se puso a trabajar en silencio, ignorando la puerta abierta del despacho de Alexander.

Alexander salió un par de veces, carraspeando, buscando una excusa para hablarle, pero ella solo respondía con un seco: "Sí, señor Zenith" o "Aquí tiene el reporte, jefe".

—Elena, basta —dijo Alexander finalmente, acercándose a su escritorio—. Ese tono profesional me está dando dolor de cabeza. Prefiero que me digas "Pirata amargado" a que me hables como si fuera un desconocido.

Elena levantó la vista. Sus ojos, que siempre brillaban, estaban apagados.

—Usted me pidió que fuera su secretaria y su prometida por contrato, jefe. Ayer Vanessa me recordó que cuando se mezclan las clases sociales, la que termina limpiando el desastre siempre soy yo. Así que hoy, solo soy su empleada.

Alexander sintió una punzada de frustración. Se dio cuenta de que su mentira de la "reunión de logística" y su frialdad del día anterior habían levantado un muro. Sin decir nada, regresó a su oficina y tomó una caja de terciopelo azul marino que tenía guardada en su caja fuerte.

Caminó de nuevo hacia ella y dejó la caja sobre el teclado de la computadora.

—¿Qué es esto? ¿Mi liquidación? —preguntó Elena con una pizca de su antiguo sarcasmo.

—Ábrelo —ordenó él.

Elena abrió la tapa y se quedó sin respiración. Sobre el terciopelo descansaba un collar de oro rosa y diamantes, con una lágrima de zafiro en el centro que parecía contener todo el azul del océano. No era una joya de catálogo; tenía ese brillo cálido de las cosas que tienen historia.

—Alexander... esto es demasiado. No puedo aceptar esto —dijo ella, cerrando la caja de golpe—. Vanessa tiene razón en algo: yo no sé llevar estas cosas. Si se me pierde un diamante, tendría que trabajar tres vidas para pagarlo.

—Era de mi abuela —confesó Alexander, bajando la voz—. Ella no nació en la alta sociedad. Era una mujer que luchó por todo lo que tuvo, igual que tú. Decía que las joyas no son para presumir, sino para recordarte quién eres cuando el mundo intenta que te olvides.

Alexander se acercó y, por primera vez, puso sus manos sobre los hombros de Elena. Ella se tensó, pero no se alejó.

—Esta noche, en la cena de los Thorne, Vanessa va a intentar humillarte. Va a intentar que te sientas pequeña. Quiero que lleves esto para que recuerdes que, en esta oficina y en este trato, la única que tiene el valor real eres tú.

Elena sintió que el nudo en su garganta se apretaba.

—¿Lo dice por el contrato, Pirata?

Alexander la obligó a girarse para mirarlo a los ojos.

—Lo digo porque ayer... cuando te quedaste callada, sentí que la oficina se quedaba a oscuras. No vuelvas a dejar que nadie apague tu luz, Elena. Ni siquiera yo.

Elena bajó la mirada, acariciando la caja de terciopelo. Por un momento, el miedo a la humillación de Vanessa se disipó ante el calor de las palabras de Alexander.

—Está bien —susurró ella—. Me pondré el collar. Pero si alguien intenta robármelo, sepa que sé dar patadas muy fuertes con los tacones.

Alexander soltó una pequeña carcajada, la primera del día.

—No me cabe la menor duda, Davenport.

Mientras tanto, en la pastelería, Liam entraba con una excusa barata de "querer probar el postre del día", pero sus ojos solo buscaban a Sofía.

—¿Otra vez aquí, Señor Socio? —dijo Sofía, saliendo de la cocina con un delantal manchado de chocolate—. Si sigues viniendo tanto, voy a tener que cobrarte alquiler.

—Vengo a asegurarme de que mi pastelera favorita no esté tan triste como mi mejor amigo —respondió Liam, apoyándose en el mostrador—. Elena me preocupa, Sofi. Y Alexander está actuando como un loco.

Sofía suspiró y le entregó un cupcake de limón.

—Elena es fuerte, Liam. Pero Vanessa es una víbora profesional. Solo espero que el "Pirata" esté a la altura esta noche, porque si deja que humillen a Elena frente a todos, ni con todo el oro del mundo lo voy a perdonar.

Liam tomó la mano de Sofía sobre el mostrador.

—Yo estaré allí para cuidarla. Y para asegurarme de que tú también estés orgullosa de nosotros.

La noche estaba cayendo sobre Manhattan. El escenario para la gran cena benéfica de los Thorne estaba listo. El lujo, la hipocresía y el veneno de Vanessa esperaban a Elena, pero ella ahora llevaba un secreto de diamantes y oro rosa colgado al cuello.

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Sabina Altamirano
el papel del personaje se me hace muy infantil,ni parece que haya pasado siquiera la universidad,como llegar a un trabajo,hacer cambio como si fuera tu casa decir que contrato de un hotel no es importante lo va llevar a la quiebra,si. oy de acuerdo que se le festejé a los empleados,pero hacerlo en el trabajo como si fuera en el patio de su casa,eso perece ilógico
Teresa Nancy Fernandez
me encantó tu novela👏👏👏
chiquita: Teresa gracias por tu apoyo, me alegra un montón leer tu comentario🥰🥰🥰
total 2 replies
Lili Hebe Villarruel
👏👏👏
chiquita: Gracias gracias 🫂🫂🫂🫂🫂 Lili súper agradecida por tu apoyo 😍😍😍😍😍
total 1 replies
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