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Su Juguete de Seda

Su Juguete de Seda

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Completas
Popularitas:7.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

ADVERTENCIA DE CONTENIDO Y SINOPSIS EDITORIAL
“Su Juguete de Seda” es una novela de erotismo explícito y romance oscuro destinada exclusivamente a un público adulto (+18). Esta obra contiene escenas de alta intensidad sexual, dinámicas de poder complejas, lenguaje crudo y situaciones de dominación y sumisión que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores. Se recomienda discreción.
La Historia:
Valeria Soler, una talentosa restauradora española, viaja a la idílica y lujosa Costa Amalfitana con un único objetivo: devolverle la vida a un mural erótico oculto en la propiedad más exclusiva de Italia. Sin embargo, al cruzar las puertas de Villa Obsidiana, descubre que el verdadero arte no está en las paredes, sino en los deseos prohibidos de su dueño.
Alexander Cavalcanti no es solo un magnate naviero; es un hombre que rige su vida y su alcoba bajo un código de control absoluto. Para Alexander, Valeria no es solo una empleada, es el desafío que ha estado esperando. Tras un contrato car

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El Centinela y el Abismo

El descenso hacia las entrañas de Villa Obsidiana no era solo un recorrido físico; era una transición psicológica. Valeria caminaba descalza, sintiendo la frialdad del mármol pulido bajo sus pies, una textura que Alexander le había impuesto como su primera regla de sumisión. Cada paso que daba en silencio parecía amplificar el latido de su propio corazón. El aire, que en la terraza era una mezcla de salitre y limones, comenzó a volverse más pesado, cargado de un magnetismo que emanaba de la espalda de Alexander, quien caminaba frente a ella con una seguridad depredadora.

—Esta villa no fue construida para ser cómoda, Valeria —dijo Alexander sin girarse, su voz resonando en las paredes de piedra volcánica—. Fue construida para ser un santuario. Y los santuarios requieren guardianes.

Al final del pasillo, donde la luz del sol desaparecía por completo, la figura de Sergio apareció como una extensión de la misma roca. Sergio, el jefe de seguridad, era una barrera de 1.88 metros de músculo funcional. Su traje oscuro ocultaba su armamento, pero no su aura de peligro latente. Analizó a Valeria con una eficiencia de ex-operativo de fuerzas especiales, notando la pequeña cicatriz en su propia ceja izquierda que solo acentuaba su mirada gélida.

—Señor —dijo Sergio, su voz un barítono seco.

—Sergio, la señorita Soler tiene acceso nivel uno —instruyó Alexander—. Tu deber es vigilar que no olvide las normas de la casa. Si intenta cruzar una puerta que no le corresponde, tú se lo recordarás.

Sergio asintió, clavando sus ojos oscuros en Valeria. Ella sintió que Alexander no solo la había contratado como restauradora, sino que la estaba rodeando de muros vivientes.

Alexander la tomó de la cintura, guiándola hacia la pesada puerta de hierro. Al entrar en la cueva, la temperatura descendió y el aroma cambió a tierra antigua y pigmentos minerales. Frente a ellos se alzaba el mural: una explosión de cuerpos entrelazados en una danza de seda y piel que parecía cobrar vida bajo la luz de las velas.

—Es... increíble —susurró Valeria, acercándose a la pared—. El nivel de detalle en las transparencias de la seda es impropio del siglo XVIII.

—La obsesión es la única forma de arte que respeto —Alexander se posicionó detrás de ella, rozándole la nuca con su aliento—. Mañana empezarás con las pruebas de solventes, pero esta noche, después de la cena, regresarás aquí. Sergio te escoltará. Quiero que el deseo de esta pared se te pegue a la piel antes de que tu pincel se atreva a tocarla.

Valeria tragó saliva, consciente de que Sergio seguía en el umbral, escuchando, observando. Estaba atrapada entre la voluntad de Alexander y la vigilancia de su sombra.

—Ve a tu habitación. Sergio te mostrará el camino —ordenó Alexander—. He dejado algo sobre tu cama que espero que uses. No me hagas esperar.

Valeria subió las escaleras, pasando junto a un Sergio impertérrito. Sabía que en Villa Obsidiana, incluso su forma de caminar ahora dependía de los deseos de Alexander Cavalcanti.

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