El miedo….. cualquier persona lo tiene Dicen que los niños son más miedosos pero es eso verdad? O solo lo usan de excusa para no aceptar los miedos de los adultos , fantasmas, zombis o cualquier género que se vea un viernes por la noche con comida ¿Dirías tus miedos?…. Tal vez los ruidos de tu casa sean reales…
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¿Tambien tu?
—¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Sofía apenas me senté otra vez frente a ella.
Le di un trago a la gaseosa antes de responder, más para ganar tiempo que por sed.
—Había fila… —mentí.
Sofía me miró unos segundos más de lo normal.
—Estás rara.
—No estoy rara- me defendí aunque apenas convencible
—Sí estás rara.
Suspiré.
—Solo dormí mal, ya te dije.
No insistió… pero tampoco pareció convencida.
El resto del almuerzo pasó raro. Más silencioso de lo normal. Yo estaba ahí, pero no estaba. Cada tanto miraba alrededor sin darme cuenta, como esperando ver algo… o evitar verlo.
Cuando terminó el recreo, volvimos a clase.
Y fue peor.
La sensación de estar siendo observada no desapareció.
Creció.
Hasta que finalmente…
El último timbre del día sonó.
Salí rápido del aula. Sofía me siguió.
—Ey —dijo—, ahora sí, hablá.
Tragué saliva.
No quería decirlo en voz alta.
Pero tampoco podía guardármelo más.
—Sofi… siento que algo me está siguiendo o atormentado-
Silencio.
No se rió.
No lo tomó como una broma.
—¿Desde cuándo? —preguntó genuinamentete curiosa
—Desde anoche… —dije—. Empezó con un dibujo… uno de cuando era chica… lo saque del ático y aprecio en la sala con un collar de ramas
Dudé un segundo.
—De un amigo imaginario.- solté sintiéndome tonta por decirlo asi
Sofía se quedó quieta.
Demasiado quieta.
—¿Cómo se llamaba? —preguntó.
—Hunter.
Su reacción fue mínima.
Pero la noté.
Un leve cambio en su expresión.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Ella desvió la mirada.
—Nada…
—Sofía.
Suspiró.
Y cuando volvió a mirarme… ya no parecía tranquila.
—Yo también tenía uno-
Sentí un escalofrío.
—¿Qué?
—Un amigo imaginario —dijo—. Cuando era chica.
El aire se volvió más pesado.
—¿Tambien tu?- me sorprendí - ¿y?..
—Y… mis papás odiaban cuando hablaba de él.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—No sé —respondió—. Nunca me explicaron. Solo… cambiaban de tema. O me retaban.
Tragué saliva.
—¿Cómo se llamaba?
Dudó.
Como si decirlo fuera una mala idea.
—No me acuerdo bien… —murmuró—. Es raro… como un nombre viejo- se quedo pensativa
-Illimani- soltó recordándolo - hasta lo busque , parece ser un nombre aborigen
Eso no era normal.
—¿Y lo veías? —pregunté.
Sofía negó lentamente.
—No… no como vos decís… pero lo sentía.
Mi corazón se aceleró.
—¿Cómo?
—Como si… estuviera cerca —dijo, bajando la voz—. Como si me mirara. O me siguiera.
Silencio.
Pesado.
—¿Y después? —pregunté.
—Desapareció —respondió rápido—. O eso creo.
No sonó convencida.
—¿Creés?
Sofía dudó.
Y entonces dijo algo que me heló la sangre.
—A veces… las cosas en mis cuartos de ordenan sin que yo lo haga o… de la nada encuentro cosas que pierdo cundo me quejo en voz alta… sé que parece extraño - dijo
Me quedé sin palabras.
—No siempre solo si no hay nadie en casa —agregó rápido—. Pero… hay momentos.
La miré.
Y por primera vez…
No me sentí loca.
—Sofi… —susurré—. Hoy vi algo.
—¿Qué?
—En un reflejo.
Ella no respondió.
Pero su cara dijo todo.
Ya sabía de qué hablaba.
—No quiero asustarte —seguí—, pero… creo que tiene que ver con ese dibujo.
—Mostrámelo —dijo sin dudar.
Asentí y nuestra charla siguió fuera de la escuela mientras veíamos el dibujo
Hasta que llegamos a la esquina.
El sendero.
El bosque.
Nos detuvimos.
El aire cambió de golpe.
Sofía lo sintió.
Lo supe.
—No me gusta este lugar —dijo en voz baja - si siente como una película de terror
—A mí tampoco.
Silencio.
Entonces…
La risa.
Suave.
Infantil.
Pero esta vez…
Las dos la escuchamos.
Sofía se giró rápido.
—¿Escuchaste eso?
—Sí.
El miedo ya no era solo mío.
Y eso lo hacía peor.
Porque lo volvía real.
—No hay nadie… —susurró ella, mirando los árboles.
Pero yo ya no estaba mirando el bosque.
Miraba el suelo.
Había algo ahí.
Un papel.
—Sofi…
—Lo veo.
Nos acercamos.
Despacio.
Como si algo pudiera saltar.
Lo levanté.
Era un dibujo.
Crayones.
Infantil.
Pero no era el mío.
Había dos figuras.
Una…
Era Sofía.
La otra…
Una sombra.
Detrás de ella.
Levanté la vista.
Sofía estaba pálida.
—Yo no hice eso… —dijo.
Negué.
—Yo tampoco.
Miramos la hoja otra vez.
Abajo…
Había una frase.
“¿Extrañas a tu amigo ,Sofía?.”
El silencio que siguió fue distinto.
Más pesado.
Más real.
Porque ahora…
Ya no era solo mi historia.
Era la nuestra.
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*Sofia y Maxxine volviendo asi de la escuela por el susto🤭*