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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 — Imposible ignorarte

Me quedé mirando la pantalla del celular completamente inmóvil.

“No funcionó.”

Sentí cómo mi corazón empezó a latir tan fuerte que tuve que dejar el teléfono sobre la cama.

Ese hombre iba demasiado rápido para mi estabilidad emocional.

Me levanté nerviosa y caminé hasta el espejo del baño intentando tranquilizarme. Pero el problema era justamente ese…

Yo tampoco estaba logrando mantener distancia.

Porque cada vez que Alejandro me escribía, sonreía sin darme cuenta.

Cada vez que aparecía en el colegio, sentía mariposas en el estómago.

Y cada vez que me miraba de esa forma… olvidaba completamente que aquello estaba mal.

Respiré profundo varias veces antes de regresar por el celular.

Tenía otro mensaje.

“Perdón. No debería decirte esas cosas.”

Mordí mi labio lentamente.

Y aunque sabía que lo correcto era terminar la conversación… terminé escribiendo:

“No debería responderle tampoco.”

Los tres puntos aparecieron enseguida.

“Entonces los dos estamos haciendo las cosas mal.”

Sentí un escalofrío recorrerme completa.

Dios mío.

Apagué el celular rápidamente y me dejé caer sobre la cama boca arriba.

Necesitaba dormir.

Necesitaba dejar de pensar en Alejandro.

Necesitaba dejar de imaginar cómo se habría sentido besarlo aquella tarde en el pasillo.

Pero claramente mi cerebro no quería colaborar.

Alejandro

No dormí bien.

Cada vez que cerraba los ojos terminaba recordando a María José mirándome nerviosa en aquel pasillo vacío.

Y eso era un problema enorme.

Porque hacía años que ninguna mujer lograba mover algo dentro de mí.

Después de Laura simplemente dejé de sentir interés real por alguien.

Salía con mujeres de vez en cuando, sí.

Pero nada serio.

Nada importante.

Nada que me hiciera querer volver a intentarlo.

Hasta ahora.

Y sinceramente no sabía si eso me alegraba… o me asustaba.

Me levanté temprano para salir a entrenar y despejar la mente.

El gimnasio siempre me ayudaba a ordenar pensamientos.

Pero esa mañana no funcionó.

Porque mientras levantaba peso terminé recordando la forma en que María José se había sonrojado cuando le dije que se veía linda.

Maldije por lo bajo.

José Luis tenía razón.

Estaba demasiado jodido.

María José

El sábado decidí acompañar a Isa al centro comercial para distraerme un poco.

Necesitaba salir.

Desconectarme.

Volver a actuar normal.

Aunque claramente la vida tenía otros planes.

Porque mientras caminábamos entre tiendas escuché una vocecita conocida.

—¡Profe!

Abrí los ojos sorprendida.

Samuel venía corriendo hacia mí emocionado.

Y detrás de él apareció Alejandro.

Mi respiración se detuvo inmediatamente.

Ese hombre parecía verse atractivo incluso vestido completamente casual.

Llevaba una camiseta negra ajustada, jeans oscuros y gafas de sol sobre la cabeza.

Demasiado guapo.

Peligrosamente guapo.

Samuel me abrazó feliz.

—¡Mira, profe! Mi papá me compró unos tenis con luces.

El pequeño levantó orgulloso los pies mientras las luces parpadeaban.

Reí suavemente.

—Están increíbles.

—Samuel casi vuelve loco al vendedor probándolos —comentó Alejandro acercándose.

Intenté mantener la calma.

—Los niños aman los tenis con luces.

—Y creo que él heredó lo terco del papá.

Samuel soltó una carcajada.

Isa apareció detrás de mí observando toda la escena con una sonrisa peligrosamente divertida.

—Buenas tardes, señor José Alejandro.

Lo saludó con una sonrisa y luego me miró sorprendida.

—Un momento… ¿ustedes se conocen?

Alejandro arqueó apenas una ceja.

—¿Isabella trabaja conmigo?

Quedé congelada.

¿Alejandro era el jefe de Isa?

Dios mío.

El mundo definitivamente era un pañuelo.

Isa soltó una pequeña risa.

—Sí, señor. María José y yo somos muy buenas amigas.

Alejandro negó con diversión.

—Qué pequeño es el mundo.

Samuel seguía hablando emocionado mientras Alejandro y yo apenas podíamos sostenernos la mirada sin ponernos nerviosos.

Era ridículo.

Parecíamos dos adolescentes.

—¿Qué hacen por aquí? —preguntó él finalmente.

—Vinimos a comprar unas cosas para unas campañas publicitarias.

Alejandro levantó apenas una ceja.

—¿Campañas otra vez?

Sentí calor en las mejillas.

—Sí.

Él sonrió de lado.

—Entonces definitivamente tendré que dejar de seguirte en redes.

Isa soltó una risa inmediata.

—Uy… aquí hay tensión.

—¡Isa! —susurré horrorizada.

Pero Alejandro soltó una pequeña carcajada.

Y esa fue probablemente la primera vez que lo vi reír de verdad.

No una sonrisa pequeña.

No una mirada divertida.

Una risa real.

Y por un momento me quedé observándolo completamente hipnotizada.

Porque cuando Alejandro sonreía así… se veía todavía más atractivo.

Mucho más humano.

Más cálido.

Él notó que lo estaba mirando y nuestras miradas se encontraron otra vez.

Demasiado tiempo.

Demasiado intenso.

Hasta que Samuel volvió a interrumpirnos.

—Papá, tengo hambre.

Alejandro desvió la vista lentamente.

—Sí, campeón. Vamos a comer algo.

Luego volvió a mirarme.

—¿Quieren acompañarnos?

Mi corazón se aceleró inmediatamente.

Isa casi respondió antes que yo.

Pero reaccioné rápido.

—No, nosotros ya nos íbamos.

Mentira.

Totalmente mentira.

Isa me miró indignada.

—¿Cómo que nos íbamos?

La ignoré completamente.

Porque si aceptaba pasar más tiempo con Alejandro probablemente terminaría haciendo una locura.

Él pareció entenderlo.

Aunque algo en su mirada cambió apenas un poco.

Como si le hubiera molestado mi respuesta.

—Entiendo —dijo finalmente.

Samuel hizo un pequeño puchero.

—Pero yo quería comer con la profe.

Sentí ternura inmediatamente.

Me agaché un poco frente a él.

—Otro día, ¿sí?

El niño asintió resignado.

Alejandro siguió observándome en silencio.

Y sinceramente… esa mirada empezaba a afectarme demasiado.

—Bueno, profesora… nos vemos el lunes.

Asentí despacio.

—Sí… cuídense.

Samuel volvió a abrazarme antes de irse.

Y cuando finalmente se alejaron, Isa giró lentamente hacia mí con los ojos enormes.

—Amiga… ese hombre te mira como si quisiera arrancarte la ropa.

Abrí los ojos horrorizada.

—¡Isa!

—¿Qué? Es verdad.

Sentí calor en toda la cara.

—No exageres.

Ella soltó una risa.

—Ay, por favor. La tensión entre ustedes se siente hasta en el aire.

Suspiré frustrada.

Porque lo peor era que tenía razón.

—Pero mejor explícame algo… ¿cómo que Alejandro es tu jefe? ¡Dios mío! Hemos hablado tanto de él sin saberlo.

Isa empezó a reír.

—Más bien cuéntame tú, María José. Esto sí es una locura. Tú y mi jefe…

—Isa…

—No, no, no. Ahora entiendo perfectamente por qué andas tan distraída últimamente.

Negué rápidamente.

—No estoy distraída.

Ella soltó una carcajada.

—Claro que sí.

Terminamos entrando a una pizzería porque, según Isa, necesitábamos “hablar seriamente”.

Apenas nos sentamos, me miró con curiosidad.

—Ahora sí. Cuéntame todo.

—No hay nada que contar.

—Ajá… y yo soy monja.

Rodé los ojos.

—Isa…

Ella se inclinó sobre la mesa.

—Entonces déjame contarte yo algo sobre Alejandro.

Tragué saliva sin querer.

—¿Qué cosa?

Isa suspiró suavemente.

—Alejandro estaba muy enamorado de su esposa, Laura. Muchísimo. Todo el mundo lo sabía.

Sentí algo extraño en el pecho.

—Ella era hermosa… y Samuel es idéntico a ella. Alejandro prácticamente vivía para esa mujer.

Bajé la mirada en silencio.

—El año pasado Laura murió en un accidente automovilístico.

Abrí los ojos sorprendida.

—Dios…

—Sí. Fue horrible. Alejandro quedó destruido. Duró meses encerrado, sin trabajar, sin salir, sin hablar con casi nadie. La empresa prácticamente se sostuvo gracias a José Luis.

Sentí un nudo extraño en el pecho.

Ahora entendía tantas cosas.

La tristeza en sus ojos.

La forma en que a veces parecía cargar demasiado encima.

—Después de eso volvió a salir con algunas mujeres, pero nada serio —continuó Isa—. Nadie ha logrado acercarse realmente a él.

Intenté mantenerme indiferente.

Fracaso total.

—¿Y vive con su cuñada?

Isa asintió.

—Sí. Con la mamá de Laura y con Valentina, la hermana menor. Todo por Samuel.

Mi estómago se tensó un poco.

—¿Y… ellos tienen algo?

Isa negó rápidamente.

—Hasta donde sé, no. Pero Valentina está enamorada de él desde hace muchísimo tiempo.

Sentí una punzada incómoda en el pecho.

Ridículo.

Completamente ridículo.

—Y ella es de esas mujeres intensas que creen que un hombre les pertenece solo porque están cerca —continuó Isa—. Cada vez que Alejandro sale con alguien, le arma problemas.

Intenté disimular la incomodidad.

—Bueno… también debe ser difícil vivir bajo el mismo techo.

Isa se encogió de hombros.

—Tal vez. Además, Valentina es muy bonita.

—Sí… súper linda.

Lo dije intentando sonar indiferente.

Pero incluso para mí sonó desanimado.

Terminamos de comer y luego cada una regresó a su casa.

Alejandro

Mientras manejaba de regreso no podía dejar de pensar en ella.

En cómo evitó quedarse.

En cómo parecía luchar constantemente contra lo mismo que yo.

Y eso solo hacía todo peor.

Porque si María José sintiera indiferencia sería mucho más fácil alejarme.

Pero no.

Ella también se ponía nerviosa.

También me miraba demasiado.

También parecía quedarse sin aire cuando nos acercábamos.

Y eso estaba empezando a volverse peligroso.

Samuel iba distraído jugando con los tenis nuevos desde el asiento trasero.

—Papá.

—¿Sí, campeón?

—La profe María José es bonita, ¿cierto?

Apreté las manos sobre el volante.

—Sí… lo es.

Samuel sonrió tranquilo.

—Me gusta cuando sonríe.

Sentí algo extraño en el pecho.

Porque a mí también me gustaba demasiado.

Más de lo que debía.

Muchísimo más.

Esa noche intenté concentrarme en trabajo pendiente.

Pero terminé revisando Instagram otra vez.

Y ahí estaba ella.

María José acababa de subir una foto.

Llevaba ropa deportiva ajustada, el cabello suelto y esa sonrisa capaz de desordenarme completamente la cabeza.

Me quedé observando la pantalla demasiado tiempo.

Hasta que finalmente reaccioné y bloqueé el celular.

Esto tenía que parar.

Definitivamente tenía que parar.

Aunque una parte de mí ya sabía la verdad.

Cada vez era más tarde para alejarnos.

Estaba en mi despacho, perdido en pensamientos, cuando la puerta se abrió sin previo aviso.

Valentina entró usando una mini pijama que no dejaba absolutamente nada a la imaginación.

Levanté la mirada apenas un segundo.

—¿Qué quieres, Valentina? Estoy ocupado.

Ella hizo un pequeño puchero mientras se acercaba.

—Ay, Alejo… ¿por qué eres así? Vine a desestresarte un rato. ¿No quieres tomarte una copa de vino conmigo?

Solté un suspiro cansado.

—No. Y te agradecería que me dejaras trabajar.

Volví la vista hacia la computadora.

—Y tápate un poco. Vas a terminar resfriándote.

Sentí cómo ella tensaba la mandíbula.

Claramente no le gustó mi respuesta.

Pero sinceramente no tenía paciencia para soportarla esa noche.

Valentina soltó un bufido y salió del despacho azotando la puerta.

Cerré los ojos unos segundos y masajeé mi frente.

Dios.

Esa mujer iba a volverme loco algún día.

Y lo peor era que sabía perfectamente el efecto que causaba en los hombres.

Pero por primera vez en mucho tiempo… alguien más ocupaba completamente mi cabeza.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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