NovelToon NovelToon
.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

La noche avanzó…

pero el sueño nunca llegó del todo.

No como debería.

No como antes.

Dormir ya no era solo cerrar los ojos.

Era bajar la guardia.

Y en ese momento…

ninguno de los dos podía permitirse eso por completo.

La respiración de Araiya era lo único constante en la habitación.

Suave.

Lenta.

Pero no completamente tranquila.

Se movía de vez en cuando.

Como si incluso dormida…

su cuerpo siguiera alerta.

Y eso…

decía más que cualquier palabra.

Yo no dormía.

No realmente.

Tenía los ojos cerrados…

pero mi mente seguía despierta.

Escuchando.

Midiendo.

Esperando.

Cada pequeño sonido de la casa se amplificaba.

El crujido de la madera.

El viento golpeando ligeramente las ventanas.

El silencio… demasiado presente.

Pero no era miedo lo que me mantenía así.

Era decisión.

Porque ahora no se trataba solo de mí.

Giré ligeramente el rostro.

Ahí estaba.

Araiya.

Más cerca de lo que había estado en años.

Su cabeza descansaba junto a mi hombro.

Su respiración rozando mi cuello.

Su cuerpo… apenas apoyado contra el mío.

No había barreras.

No había distancia.

Y aun así…

había control.

Mi brazo seguía alrededor de ella.

No apretando.

No reteniendo.

Solo… estando.

Protegiendo.

Como si ese simple gesto pudiera mantener todo lo demás afuera.

—Andrés…

Su voz rompió el silencio.

Baja.

Casi dormida.

Pero consciente.

—Estoy aquí… —respondí sin moverme demasiado.

Sentí cómo sus dedos se cerraban ligeramente sobre mi camisa.

Un reflejo.

Instintivo.

—No te vayas…

La frase fue apenas un susurro.

Pero pesó.

Mucho.

Abrí los ojos.

La miré.

No completamente despierta.

Pero tampoco dormida.

En ese punto donde la mente dice la verdad…

sin filtros.

—No me voy a ir —murmuré.

Y no fue una respuesta para tranquilizarla.

Fue una promesa.

Su respiración cambió.

Más estable.

Más profunda.

Como si necesitara escuchar eso.

Como si lo hubiera estado esperando.

El silencio volvió.

Pero distinto.

Más cálido.

Más humano.

Pasaron unos minutos.

O tal vez más.

El tiempo dejó de importar.

Hasta que…

Un sonido.

Seco.

Leve.

Pero fuera de lugar.

Mis ojos se abrieron de inmediato.

Todo mi cuerpo se tensó.

No fue fuerte.

No fue evidente.

Pero no pertenecía al silencio de la casa.

Giré la mirada hacia la puerta.

Nada.

Oscuridad.

Quietud.

Pero algo…

no encajaba.

Araiya se movió ligeramente.

—¿Qué pasa…? —murmuró, aún adormilada.

Mi mano subió suavemente a su brazo.

—Nada…

Mentí.

Pero no por ocultar.

Por no alarmarla.

Aún.

Me incorporé despacio.

Con cuidado de no hacer ruido.

Cada movimiento medido.

Mis sentidos completamente alerta.

El silencio volvió a caer…

pero ahora…

no era tranquilo.

Era tenso.

De esos que anuncian que algo está por romperse.

Miré de nuevo la puerta.

Y entonces…

Otro sonido.

Más claro.

Más cercano.

Un leve roce.

Como si alguien…

estuviera al otro lado.

El pulso se me aceleró.

No por miedo.

Por preparación.

Me levanté.

Lento.

Sin hacer ruido.

—Andrés… —susurró ella, ahora más despierta.

La miré.

—Quédate aquí.

—No…

Ya lo sabía.

—Araiya…

—No me voy a quedar sola.

Su voz no tembló.

Pero sus ojos…

sí dijeron todo.

Miedo.

Pero también… decisión.

Exhalé.

—Entonces no hagas ruido.

Asintió.

Me acerqué a la puerta.

Cada paso… pesado.

Cada segundo… más lento.

Puse la mano en la perilla.

El silencio… absoluto.

Giré apenas.

Abrí.

Despacio.

El pasillo estaba oscuro.

Vacío.

Pero no se sentía vacío.

Se sentía… observado.

Salí un poco más.

Miré a ambos lados.

Nada.

Pero entonces…

Lo vi.

En el suelo.

A unos metros.

Otro sobre.

Mi mandíbula se tensó.

No era coincidencia.

No era casualidad.

Era un mensaje.

Otra vez.

Lo recogí lentamente.

Sin dejar de mirar alrededor.

—¿Qué es…? —susurró Araiya detrás de mí.

No respondí de inmediato.

Porque ya sabía…

Que esto…

acababa de escalar.

Y lo que fuera que estuviera dentro de ese sobre…

No iba a ser casual.

No esta vez.

La miré por encima del hombro.

Y esta vez…

no suavicé nada.

—Esto…

lo dejó alguien que no piensa detenerse.

El aire se volvió más frío.

Más pesado.

Más real.

Porque ahora…

ya no era solo una amenaza lejana.

Alguien había estado ahí.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Y eso…

lo cambiaba todo.

El sobre pesaba casi nada…

pero en mis manos se sentía como si cargara algo mucho más grande.

Más peligroso.

Más definitivo.

Araiya dio un paso más cerca.

Lo suficiente para que su presencia se sintiera…

y su miedo también.

—Ábrelo… —susurró.

Su voz no fue firme.

Pero tampoco se rompió.

Estaba sosteniéndose.

Como podía.

Mis dedos se tensaron ligeramente alrededor del papel.

No por duda…

sino por lo que ya sabía que encontraría.

Nada de esto era casual.

Nada de esto era juego.

Abrí el sobre.

Lento.

El sonido del papel rasgándose rompió el silencio del pasillo…

y por un segundo…

pareció demasiado fuerte.

Demasiado expuesto.

Metí la mano.

Saqué el contenido.

Y el aire…

se volvió más pesado.

Otra fotografía.

Pero esta vez…

no era del pasado.

Era de ahora.

De esta casa.

De esta noche.

De ella.

Dormida… hace apenas unos minutos.

El mundo se detuvo.

Sentí cómo algo dentro de mí se tensaba…

de una forma distinta.

Más fría.

Más peligrosa.

—¿Qué es…? —preguntó Araiya, acercándose un poco más.

Giré la foto.

Y en cuanto la vio…

Se rompió el silencio.

—No…

Su voz fue apenas un hilo.

Un paso atrás.

Luego otro.

Como si necesitara alejarse…

pero no hubiera suficiente espacio en el mundo para hacerlo.

—No… no… no…

Negaba.

Pero no por duda.

Por miedo.

—Estaba aquí… —susurró—… estuvo aquí…

No respondí.

Porque era verdad.

Y decirlo en voz alta…

solo lo haría más real.

Más insoportable.

Mis ojos recorrieron la fotografía otra vez.

El ángulo.

La distancia.

La claridad.

No era improvisado.

No era suerte.

Era planeado.

—Nos está observando… —dijo ella.

No era pregunta.

Era certeza.

Apreté la mandíbula.

—Sí.

El silencio que siguió…

no fue normal.

Fue el tipo de silencio que cambia todo.

Porque ahora…

ya no se trataba de amenazas.

Se trataba de invasión.

De control.

De alguien que ya había cruzado una línea…

y no pensaba regresar.

Araiya llevó una mano a su boca.

Su respiración se descontroló apenas.

—Esto no puede estar pasando…

Di un paso hacia ella.

—Ey…

Pero no la toqué de inmediato.

Esperé.

Porque sabía…

que ese momento necesitaba cuidado.

—No estás sola.

Ella bajó la mano lentamente.

Pero su mirada…

seguía atrapada en la imagen.

—Entró… mientras estábamos aquí… mientras…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Porque ambos sabíamos lo que significaba.

Que había estado dentro.

Cerca.

Demasiado cerca.

Mi mano se cerró en la fotografía.

La rabia apareció.

Pero no explosiva.

Controlada.

Fría.

—Esto ya no es un juego psicológico… —murmuré.

—Nunca lo fue…

Su voz salió más firme esta vez.

Más real.

La miré.

Y algo en ella había cambiado.

El miedo seguía ahí.

Pero ya no la paralizaba igual.

Ahora…

la estaba despertando.

—Tenemos que hacer algo… —dijo.

Asentí.

—Lo vamos a hacer.

—No… Andrés… —negó—. No “luego”… ahora.

Su urgencia era clara.

Su miedo también.

Pero había algo más.

Determinación.

—Está bien —respondí—. Entonces pensamos.

—No hay mucho que pensar… —susurró—. Él sabe dónde estoy.

—Sí.

—Sabe con quién estoy.

—Sí.

—Y sabe que no me fui.

Eso…

era lo importante.

La miré fijamente.

—Eso significa que está esperando algo.

Frunció el ceño.

—¿Qué?

Bajé la voz.

—Que reaccionemos.

Silencio.

—Que cometamos un error.

Su respiración se detuvo apenas.

—¿Entonces qué hacemos…?

Me acerqué un poco más.

—No dárselo.

El ambiente se tensó.

Pero esta vez…

no era solo miedo.

Era estrategia.

Araiya pasó una mano por su cabello.

Intentando pensar.

—No puedo quedarme quieta…

—No lo vas a hacer.

—Entonces…

—Pero tampoco vamos a salir corriendo.

Sus ojos volvieron a los míos.

—¿Por qué?

—Porque eso es exactamente lo que quiere.

El silencio cayó otra vez.

Pero ahora…

más claro.

Más enfocado.

—Entonces… nos quedamos… —murmuró.

—Nos quedamos.

—¿Y si vuelve?

No dudé.

—Entonces lo voy a estar esperando.

Esa respuesta…

no fue suave.

Fue directa.

Y ella lo sintió.

—Esto ya es peligroso… —susurró.

—Siempre lo fue.

—No… —negó—. Ahora es personal.

La miré.

Y asentí.

—Sí.

Porque ya no se trataba solo de ella.

Ni de su pasado.

Ahora…

también me incluía.

Y eso…

cambiaba las reglas.

El silencio volvió a caer.

Pero esta vez…

no nos separó.

Nos unió.

Araiya dio un paso hacia mí.

Corto.

Decidido.

—No quiero que te pase nada…

Sus palabras salieron más bajo de lo que esperaba.

Más honestas.

La miré.

—No me va a pasar nada.

—No puedes saberlo.

—No.

Pausa.

—Pero sí puedo decidir no retroceder.

Sus ojos se suavizaron.

Pero el miedo no desapareció.

Solo… cambió de forma.

Más profundo.

Más real.

—Esto se va a poner peor… —murmuró.

Me acerqué.

Lo suficiente para que lo sintiera.

—Entonces que se ponga.

Silencio.

—Porque esta vez…

Bajé la voz.

Más firme.

Más decidido.

—No te va a encontrar sola.

Esa frase…

se quedó entre nosotros.

Pesada.

Importante.

Y por primera vez desde que todo empezó…

Araiya no retrocedió.

No dudó.

No huyó.

Solo asintió.

Lento.

Pero seguro.

Y en ese pequeño gesto…

quedó claro algo.

Esto ya no era solo una historia de miedo.

Era una historia de resistencia.

Y alguien…

acababa de cruzar una línea…

de la que no iba a poder regresar.

El silencio no duró mucho.

No porque quisiéramos romperlo…

sino porque algo dentro de él ya se estaba quebrando solo.

Araiya seguía mirando la fotografía.

Pero ya no con incredulidad.

Ahora era otra cosa.

Rabia contenida.

Miedo… sí.

Pero también… cansancio.

Del que pesa.

Del que desgasta.

Del que te obliga a decidir si sigues huyendo…

o si finalmente te detienes a enfrentar.

—No voy a seguir corriendo… —murmuró.

Su voz no fue fuerte.

Pero fue firme.

Levanté la mirada hacia ella.

Ahí estaba.

Ese cambio.

Pequeño…

pero real.

—Bien —respondí—. Porque él está esperando justo eso.

Araiya dejó escapar el aire lentamente.

Pero esta vez…

no fue para calmarse.

Fue para sostenerse.

—Siempre hace lo mismo… —dijo—. Empieza despacio… mensajes… presión… presencia…

Su mirada se endureció apenas.

—Y cuando sabe que ya te tiene…

entonces aprieta.

El ambiente se volvió más frío.

Más claro.

—Entonces todavía no estamos en lo peor —dije.

Ella negó.

—No… esto apenas está empezando.

Silencio.

Pero no uno vacío.

Uno que se llena de posibilidades…

y ninguna es buena.

Miré la fotografía otra vez.

Los detalles.

El encuadre.

La distancia exacta.

—No solo entró… —murmuré—. Se tomó su tiempo.

Araiya cerró los ojos un segundo.

—Lo sé…

—Eso significa que no tenía prisa.

—Porque sabía que no lo íbamos a notar…

Abrí los ojos con más atención.

—O porque quería que lo notáramos después.

Eso la hizo mirarme.

Y lo entendió.

—Esto está planeado… cada paso…

Asentí.

—Sí. Y eso lo hace más peligroso…

—¿Por qué?

—Porque no está reaccionando… está adelantándose.

El silencio volvió.

Pero esta vez…

más tenso.

Más afilado.

Como si cualquier error pudiera empeorar todo.

Araiya caminó unos pasos por el pasillo.

Inquieta.

Pasó una mano por su cabello.

Respirando más rápido.

—No me gusta esto…

—A mí tampoco.

—Siente como si…

Se detuvo.

—¿Como si qué?

Giró hacia mí.

Y lo dijo.

—Como si ya hubiera decidido algo.

Esa frase…

no fue ligera.

Se sintió.

Fuerte.

—¿Qué cosa?

—Hasta dónde va a llegar.

El aire se volvió pesado.

Porque eso…

cambiaba todo.

No era alguien probando límites.

Era alguien que ya los había cruzado.

—Entonces tenemos que romperle el plan —dije.

—¿Cómo?

Di un paso hacia ella.

—Dejando de reaccionar como él espera.

—Eso suena bien… pero no sé cómo hacerlo…

Su voz bajó un poco.

Más vulnerable.

Más real.

Me acerqué más.

—Primero… calmándonos.

Ella soltó una risa breve.

Sin humor.

—Eso no es tan fácil…

—Nunca lo es.

Silencio.

Su respiración seguía irregular.

Su cuerpo… aún en alerta.

Entonces hice algo simple.

Pero necesario.

Tomé su mano.

Sus dedos estaban fríos otra vez.

Pero esta vez…

no temblaban tanto.

—Ey… —murmuré—. Mírame.

Lo hizo.

Y en sus ojos…

había demasiado.

Demasiadas cosas al mismo tiempo.

—No vamos a perder el control —dije—. ¿sí?

Asintió.

Lento.

—Sí…

—Eso es lo primero que quiere.

—Que me rompa…

—Exacto.

Apretó ligeramente mi mano.

—No lo voy a hacer.

Y esta vez…

sí sonó diferente.

Más segura.

Más presente.

El silencio volvió a acomodarse entre nosotros.

Pero ya no tan frágil.

Más firme.

Más consciente.

Hasta que…

Un sonido.

Esta vez…

claro.

Fuerte.

Abajo.

Ambos nos quedamos inmóviles.

Mirándonos.

Sin decir nada.

Pero entendiéndolo todo.

No era imaginación.

No era el viento.

Era real.

Araiya apretó mi mano.

—¿Lo escuchaste…?

Asentí.

Mi cuerpo se tensó al instante.

Todos mis sentidos… alerta.

—Sí.

Otro sonido.

Un golpe leve.

Pero inconfundible.

Dentro de la casa.

El aire se congeló.

—No puede ser… —susurró ella.

Pero sí podía.

Y lo sabíamos.

Solté su mano con cuidado.

—Quédate aquí.

—No.

La miré.

—Araiya—

—No me voy a quedar sola otra vez.

Su voz no tembló.

Pero sus ojos…

sí mostraban el miedo.

Exhalé.

—Entonces vienes conmigo.

Asintió.

Avanzamos.

Lento.

Cuidando cada paso.

Cada sonido.

Cada respiración.

Las escaleras se sintieron más largas.

Más pesadas.

Como si bajar significara cruzar un punto sin regreso.

Y tal vez…

lo era.

Llegamos abajo.

Oscuridad.

Silencio.

Pero no vacío.

Nunca vacío.

Algo no encajaba.

Algo se sentía… presente.

Me moví primero.

Araiya detrás.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Su respiración contra mi espalda.

El miedo… pegado a cada paso.

Entramos a la sala.

Todo parecía igual.

Demasiado igual.

Y eso…

no era buena señal.

—No hay nadie… —susurró.

No respondí.

Porque algo…

seguía mal.

Mis ojos recorrieron el lugar.

Y entonces…

Lo vi.

La ventana.

Abierta.

Apenas.

Pero suficiente.

El aire entraba frío.

Silencioso.

Como si nada.

Pero no era nada.

Araiya lo notó.

—No estaba así…

Negué.

—No.

El pulso se me aceleró.

No por sorpresa.

Por confirmación.

—Estuvo aquí… —murmuró ella.

Y esta vez…

No hubo duda.

No hubo negación.

Solo realidad.

Di un paso hacia la ventana.

Lento.

Miré hacia afuera.

Oscuridad.

Vacío.

Pero la sensación…

seguía ahí.

Esa mirada invisible.

Ese juego enfermo.

Cerré la ventana con fuerza.

El sonido rompió el silencio.

Seco.

Definitivo.

Y cuando me giré…

Araiya ya no estaba donde la había dejado.

Mi corazón se detuvo un segundo.

—Araiya…

No respondió.

El aire cambió.

Otra vez.

Más rápido.

Más peligroso.

—Araiya.

Esta vez… más firme.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

—Aquí…

Su voz llegó desde la cocina.

Corrí.

Sin pensar.

La encontré ahí.

De pie.

Inmóvil.

Mirando algo sobre la mesa.

—¿Qué pasa?

No respondió.

Solo señaló.

Y cuando miré…

Lo entendí.

Otro mensaje.

No en papel.

No en foto.

Directo.

Escrito sobre la superficie de la mesa.

Con algo oscuro.

Fresco.

Aún húmedo.

Las palabras eran claras.

Imposibles de ignorar.

“YA ESTOY ADENTRO.”

El aire desapareció.

El silencio…

se rompió por completo.

Y en ese instante…

supimos algo.

Esto…

ya no era un juego de distancia.

Era cercanía.

Era invasión total.

Y lo peor…

es que ahora…

no sabíamos desde dónde estaba mirando.

El silencio de la noche…

ya no era el mismo.

No era calma.

No era descanso.

Era ese tipo de silencio que parece observarte.

Que se mete en los espacios…

y espera.

Abrí los ojos.

No sabía exactamente por qué.

No hubo ruido claro.

No hubo un golpe.

No hubo una voz.

Pero algo…

no estaba bien.

Mi cuerpo ya estaba en alerta antes de que mi mente reaccionara.

Miré a mi lado.

Araiya.

Dormida… o al menos eso parecía.

Su respiración era más lenta.

Más profunda.

Pero su ceño…

ligeramente fruncido.

Como si incluso en sueños…

no pudiera escapar del todo.

Deslicé con cuidado mi mano por su brazo.

Un gesto leve.

Protector.

No se movió.

Pero algo dentro de mí…

no se tranquilizó.

Al contrario.

Creció.

Esa sensación.

Esa intuición.

Ese aviso.

Me incorporé lentamente, intentando no despertarla.

Pero en cuanto me moví—

Sus dedos se aferraron a mi camiseta.

Instintivo.

Fuerte.

—No te vayas… —murmuró, con la voz rota por el sueño.

Me detuve.

La miré.

Incluso dormida…

seguía luchando.

Volví a sentarme junto a ella.

—No me voy —susurré.

Sus dedos aflojaron un poco.

Pero no se soltaron del todo.

Me quedé unos segundos más.

Observándola.

Asegurándome.

Convenciéndome de que todo estaba bien.

Pero no lo estaba.

Lo sabía.

Lo sentía.

Y no iba a ignorarlo.

Con cuidado…

me liberé de su agarre.

Esta vez…

no se despertó.

Me levanté.

Salí de la habitación en silencio.

Cada paso medido.

Cada sonido… demasiado fuerte en medio de la casa.

Bajé las escaleras.

Lento.

Atento.

El aire…

había cambiado.

No era imaginación.

Era real.

Algo estaba distinto.

Llegué a la sala.

Oscuridad.

Todo en su lugar.

Pero aún así…

No se sentía igual.

Mis ojos recorrieron cada rincón.

Ventanas.

Puerta.

Sombras.

Nada.

Y sin embargo…

Todo gritaba que algo estaba mal.

Di un paso más.

Y entonces—

Un sonido.

Leve.

Afuera.

Como un roce.

Como un movimiento apenas perceptible.

Mi mirada se clavó en la ventana.

Avancé.

Despacio.

Cada músculo tenso.

Cada sentido alerta.

Me detuve frente al vidrio.

Y miré.

Oscuridad.

Vacío.

Pero entonces—

Una figura.

Apenas visible.

A unos metros.

Inmóvil.

Observando.

Mi pulso no se aceleró.

Se volvió… frío.

Calculado.

Porque lo supe.

No necesitaba verlo bien.

No necesitaba confirmarlo.

Era él.

Y no estaba intentando esconderse.

No esta vez.

Se movió apenas.

Lo suficiente para que la luz alcanzara su rostro.

Y entonces…

Sonrió.

No una sonrisa grande.

No exagerada.

Una pequeña.

Controlada.

Segura.

Como si todo esto…

ya estuviera dentro de su plan.

Apreté la mandíbula.

Pero no retrocedí.

No cerré la cortina.

No me oculté.

Di un paso más cerca de la ventana.

Dejando claro…

que lo había visto.

Que sabía que estaba ahí.

Y que no pensaba esconderme.

Su sonrisa creció apenas.

Apenas.

Pero lo suficiente.

Llevó una mano al bolsillo.

Sacó algo.

Lo levantó.

Un celular.

Lo mostró.

Y luego…

señaló hacia arriba.

Directo.

A la habitación.

A ella.

El aire…

se volvió hielo.

Mi cuerpo se tensó por completo.

No.

No era coincidencia.

No era amenaza vacía.

Era un mensaje.

Claro.

Preciso.

Directo.

“Sé dónde está.”

Le sostuve la mirada.

Sin moverme.

Sin reaccionar como él esperaba.

Pero por dentro…

todo cambió.

Porque esto ya no era solo persecución.

No era solo control.

Era vigilancia.

Constante.

Cercana.

Peligrosa.

Él inclinó levemente la cabeza.

Como si estuviera disfrutando el momento.

Como si estuviera midiendo mi reacción.

Esperando.

Evaluando.

Y luego—

Bajó el celular.

Sonrió una última vez.

Y retrocedió.

Paso a paso.

Sin prisa.

Sin miedo.

Como alguien que sabe…

que ya dejó suficiente.

Y desapareció en la oscuridad.

El silencio volvió.

Pero ahora…

era peor.

Mucho peor.

Me quedé inmóvil unos segundos.

Procesando.

Conectando.

Entendiendo.

Esto ya no era juego.

Esto ya no era advertencia.

Esto era una invasión.

Giré.

Subí las escaleras rápido.

Sin intentar ocultar los pasos esta vez.

Entré a la habitación.

Araiya se movió.

Despertando.

—¿Andrés…? —murmuró.

Cerré la puerta.

Seguro.

Otro.

Y otro.

Ella se incorporó.

—¿Qué pasa?

La miré.

Directo.

Sin suavizar.

Sin esconder nada.

—Nos encontró.

El silencio que siguió…

fue absoluto.

Su expresión cambió.

El sueño desapareció.

El miedo volvió.

Pero esta vez…

más claro.

Más real.

—No… —susurró.

Asentí.

—Sí.

Di un paso hacia ella.

—Y no se está escondiendo.

Su respiración se aceleró.

—Eso significa que—

—Que esto ya cruzó otra línea.

Nos quedamos frente a frente.

Sin distancia.

Sin barreras.

Sin ilusiones.

—¿Qué vamos a hacer…? —preguntó.

Y esta vez…

no había espacio para dudas.

La miré fijo.

Decidido.

—Dejar de reaccionar.

Hice una pausa.

Mi voz bajó.

Más firme.

Más peligrosa.

—Y empezar a jugar en serio.

El silencio cayó.

Pero no como antes.

Porque ahora…

no era incertidumbre.

Era decisión.

Y afuera…

en la oscuridad…

La partida…

ya había comenzado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play