Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!
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CAPÍTULO 6: La unión hace la fuerza y desata el amor
La sala de juntas de Rovere Moda, antes un santuario de decisiones frías y estratégicas, ahora bullía con una energía diferente. Alessandro y Giulia, sentados uno junto al otro, lideraban la mesa, flanqueados por Luca y Elena, quienes desplegaban documentos y gráficos con fervor. Los demás directivos miraban la escena con una mezcla de sorpresa y admiración. La pareja Rovere-Moretti ya no era una extraña alianza por conveniencia, sino una fuerza unida que inspiraba respeto.
—Estos son los datos que hemos recopilado —empezó Elena, con su habitual precisión—. Los inversores de quienes hablamos ayer, liderados por el consorcio “Ombra”, han estado comprando acciones de ambas empresas de forma discreta pero constante durante años. Ahora tienen un porcentaje significativo que les daría poder de voto en nuestras próximas juntas directivas.
—Su objetivo es debilitarnos, fomentar nuestra rivalidad para que no nos demos cuenta de su verdadera intención: una adquisición hostil —añadió Luca, golpeando la mesa con el dedo—. Es la misma estrategia que usaron hace veinte años para beneficiarse de la disputa de vuestros abuelos.
Alessandro miró a Giulia. Ya no había rencor en sus ojos, solo una determinación férrea.
—No vamos a permitir que la historia se repita. Esta vez, estamos avisados y actuaremos juntos.
—Exacto —dijo Giulia, con la voz firme—. Mi equipo legal y el de Alessandro hemos estado trabajando toda la noche. Hemos encontrado un resquicio en los contratos que firmaron hace años. Si consolidamos nuestras empresas en una sola entidad antes de la próxima junta, el porcentaje de acciones que tienen no será suficiente para tomar el control.
Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. La fusión de Rovere Moda y Moretti Design era algo impensable hasta hace muy poco. Significaba dejar atrás décadas de rivalidad, uniendo dos legados que siempre habían estado en guerra.
—Es una jugada arriesgada —advirtió uno de los directivos—. Pero es la única forma de protegernos.
—Y la más inteligente —intervino Alessandro—. Ya no somos dos empresas débiles y enfrentadas. Ahora somos una sola, más fuerte y con un objetivo común.
Las siguientes semanas fueron un torbellino de trabajo. Reuniones interminables, análisis de documentos, estrategias legales y negociaciones con los accionistas minoritarios. Alessandro y Giulia trabajaban codo con codo, demostrando una compenetración asombrosa. Las madrugadas los encontraban en la oficina, compartiendo cafés, pizzas frías y momentos de risas inesperadas que aliviaban la tensión.
Una noche, mientras revisaban unos contratos, Giulia se estiró y bostezó.
—No sabía que trabajar contigo podía ser tan… agotador. Pero a la vez, tan gratificante.
Alessandro la observó en silencio, admirando su capacidad de trabajo y su mente brillante. Nunca había conocido a una mujer tan apasionada y tenaz.
—Eres buena, Giulia. Muy buena. Siempre lo supe, pero ahora lo veo con mis propios ojos.
Ella le sonrió, cansada pero feliz.
—Y tú no eres tan odioso como pensaba. Incluso diría que hasta puedes llegar a ser… entrañable.
Él rió, una risa profunda y sincera que le calentó el corazón.
—No te acostumbres.
Se quedaron en silencio, sus miradas se encontraron y, por un instante, la oficina, el trabajo y los problemas externos desaparecieron. Solo existían ellos dos, la conexión innegable que los unía y la promesa de algo más grande que un simple contrato. Alessandro se inclinó despacio, sus ojos fijos en los de ella, pidiéndole permiso sin palabras. Giulia cerró los ojos, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Y entonces, sus labios se encontraron.
Fue un beso suave al principio, un roce tentativo que exploraba la respuesta del otro. Luego, se intensificó, volviéndose más profundo, más apasionado, como si todas las emociones contenidas durante semanas se liberaran de golpe. Las manos de Alessandro se enredaron en su cabello, mientras las de Giulia se aferraban a su camisa, acercándolo aún más. Ya no era un beso de un contrato, ni de un enemigo. Era el beso de dos almas que se habían encontrado, que se reconocían, que se deseaban.
Cuando se separaron, ambos estaban sin aliento, con los ojos brillantes y una sonrisa tonta en los labios.
—Supongo que… eso no estaba en el contrato —susurró Giulia, con la voz temblorosa.
—No —respondió Alessandro, acariciando su mejilla con el pulgar—. Pero tampoco está prohibido.
—¿Y qué significa? —preguntó ella, con la mirada clavada en la suya.
Él la miró con ternura, un sentimiento nuevo y poderoso que lo invadía por completo.
—Significa que ya no estamos jugando a nada, Giulia. Significa que… me estoy enamorando de ti.
La confesión la tomó por sorpresa. Un escalofrío de alegría le recorrió el cuerpo. Ella también lo sentía, ese sentimiento profundo y avasallador que había estado negando.
—Yo también, Alessandro. Yo también me estoy enamorando de ti.
El beso que siguió fue aún más dulce, una promesa silenciosa de todo lo que estaba por venir. Se quedaron así un buen rato, abrazados en medio de la oficina, saboreando la verdad de sus sentimientos.
La junta directiva final se celebró en un ambiente cargado de tensión. Los representantes de Ombra estaban presentes, con sonrisas de suficiencia, creyendo que tenían la victoria asegurada. Pero la entrada de Alessandro y Giulia, cogidos de la mano, con una confianza inquebrantable, les borró la sonrisa.
—Buenos días a todos —comenzó Alessandro, su voz resonando con autoridad—. Hoy es un día histórico. Tengo el placer de anunciar que Rovere Moda y Moretti Design han completado su proceso de fusión, creando una nueva y poderosa entidad: Rovere-Moretti Group.
Un aplauso atronador llenó la sala. Las caras de los representantes de Ombra eran de puro desconcierto. Giulia tomó la palabra, con una sonrisa radiante.
—Esto significa que el porcentaje de acciones que tenían algunos inversores externos, con la intención de tomar el control de nuestras empresas, ahora es minoritario e insignificante. Nuestra nueva corporación es inexpugnable.
Los líderes de Ombra intentaron protestar, amenazar, pero ya era tarde. Habían sido superados, su plan de años desmantelado por la unión de dos personas que ellos mismos habían subestimado.
Al final de la junta, mientras todos celebraban la victoria, Alessandro se acercó a Giulia y la abrazó.
—Lo logramos, amor. Juntos.
—Juntos contra el mundo —respondió ella, levantando la vista hacia él.
—Ahora que todo esto ha pasado, ¿qué vas a hacer? —preguntó él, con un tono más íntimo—. El contrato de un año… ya no tiene sentido.
Giulia le sonrió, sus ojos brillando con amor y picardía.
—Supongo que tendré que pensar en un nuevo contrato. Uno que no tenga fecha de caducidad y que incluya cláusulas de amor eterno, besos ilimitados y muchas noches de cine romántico. ¿Te apuntas, esposo?
Alessandro la besó de nuevo, delante de todos, sellando una promesa que iba más allá de cualquier papel.
—Me apunto a todo contigo, mi Giulia. A todo.
Y así, en medio de la sala de juntas, con la victoria en sus manos y el amor en sus corazones, Alessandro y Giulia demostraron que a veces, los peores enemigos pueden convertirse en los compañeros de vida más inesperados, y que la locura de un contrato puede desatar la pasión más pura.
💌 Palabras de la autora
¡AHORA SÍ! ¡LO CONFESARON! 😍 Este capítulo ha sido pura emoción y ¡por fin el amor triunfó sobre el odio! ¿Qué les pareció la estrategia de la fusión? ¿Y ese beso en la oficina? 😏