Esmeralda "La Dama de Hierro" Durán. Con una mente tan afilada como sus tacones de aguja, Esmeralda es la jefa indiscutible del "Casino del Mal" y de todo el submundo criminal que lo rodea. Elegante, astuta y con un sentido del humor tan negro como su café matutino, no teme ensuciarse las manos, aunque prefiere que sus guardaespaldas lo hagan. Su dominación no se basa en la fuerza bruta, sino en la inteligencia, la manipulación psicológica y una habilidad innata para hacer que la gente haga exactamente lo que ella quiere, a menudo sin que se den cuenta. Es una maestra del disfraz emocional, capaz de pasar de un encanto desarmante a una frialdad glacial en cuestión de segundos. Su único punto débil... si es que se le puede llamar así, es su adoración por Señor Bigotes.
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Capítulo 3: El Secuestro del Chihuahua y la Operación "Pata de Seda"
La noche de la inauguración del Mega-Casino Bianchi se había saldado con una victoria aplastante, aunque cómica, para Esmeralda Durán. La reputación de Don Fabrizio había quedado maltrecha, su nuevo casino era el hazmerreír de la ciudad y su serpiente Cleopatra, según los informes más fiables, se negaba a desenroscarse de un flamingo de plástico. Pero Esmeralda sabía que la mafia, como el mal aliento, nunca desaparece del todo. La venganza de Don Fabrizio era tan inevitable como un lunes por la mañana.
Y no se hizo esperar.
La mañana siguiente, Esmeralda se despertó con una sensación inquietante. Un vacío. Un silencio que no era el habitual. Se sentó en la cama, su mente aguda procesando la anomalía antes de que sus ojos se abrieran por completo.
"¿Señor Bigotes?", llamó. No hubo el familiar ladrido entusiasta ni el sonido de sus pequeñas patitas correteando.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Bajó corriendo las escaleras, revisando cada rincón, cada manta, cada juguete masticable. El corazón le latía con fuerza. Señor Bigotes no estaba. Su cama estaba vacía, su comedero intacto. El mundo de Esmeralda, normalmente tan controlado, se tambaleaba.
Justo entonces, un sobre de papel grueso y sin remitente apareció bajo la puerta principal. Esmeralda lo abrió con manos temblorosas. Dentro había una fotografía: Señor Bigotes, con su esmoquin y su expresión seria, pero atado a una minúscula silla con una cuerda de seda roja. Detrás de él, un reloj marcaba los segundos, y una nota, escrita con una letra garabateada que Esmeralda reconoció instantáneamente, decía: "Un diamante por cada hora. Cleopatra lo tiene. Tu perro, tu perdición. - DF".
Esmeralda sintió una mezcla de rabia, incredulidad y una pizca de admiración por la creatividad de su enemigo. ¡Don Fabrizio había secuestrado al Señor Bigotes! ¡A su perro! ¡A la mascota mejor vestida de la ciudad! Esto no era una guerra de casinos, era un ataque personal.
Llamó a Leonardo, Sofía y Marco a una reunión de emergencia. La atmósfera en la oficina de Esmeralda era sombría. Leonardo estaba lívido, Sofía trataba de ocultar su preocupación con sarcasmo extra, y Marco tecleaba furiosamente, tratando de rastrear el origen de la foto.
"¿Diamantes por horas?", dijo Sofía, rompiendo el silencio. "Eso es... inusualmente tacaño para Don Fabrizio. ¿Y qué significa 'Cleopatra lo tiene'?"
"Significa que nuestro 'Encantador de Serpientes' está usando a su mascota, su adorada pitón, como caja fuerte", respondió Esmeralda, su voz peligrosamente tranquila. "Y también significa que ha subestimado la profundidad de mi afecto por el Señor Bigotes. Y la magnitud de mi ira."
Marco interrumpió. "Jefa, he rastreado la dirección IP de donde se envió la foto. Es el Mega-Casino Bianchi. Y he interceptado un mensaje de radio. Parece que Don Fabrizio está celebrando su 'victoria' en la suite presidencial del casino."
Esmeralda se levantó, una determinación fría en sus ojos. "Bien. Entonces iremos a por el Señor Bigotes. Y le daremos a Don Fabrizio una lección sobre los peligros de subestimar el vínculo entre una mujer y su mejor amigo de cuatro patas."
"¿Un ataque frontal, jefa?", preguntó Leonardo, sus ojos brillando con anticipación.
"No, Leonardo", dijo Esmeralda, una sonrisa maliciosa curvando sus labios. "Mucho mejor. Operación 'Pata de Seda'. Sofía, necesito que prepares la distracción más ridícula y llamativa que se te ocurra. Algo que garantice que todos los ojos estén puestos en el Mega-Casino, pero lejos de la suite presidencial. Marco, necesito que desactives todas las cámaras de seguridad y sistemas de alarma en el piso superior. Y Leonardo, tú y yo vamos a hacer una visita personal a Don Fabrizio."
La "distracción" de Sofía fue, como se esperaba, épica. A media tarde, una horda de "influencers de mascotas" apareció en la puerta del Mega-Casino Bianchi, todos con sus perros disfrazados con versiones mini de trajes de gala, exigiendo ver a Cleopatra y protestando por el "trato inhumano a los cánidos de alta sociedad" del casino. Uno de ellos incluso llevaba un chihuahua con un mini sombrero de copa y una capa, afirmando que era el "hermano perdido" del Señor Bigotes. La escena rápidamente se convirtió en un circo mediático, atrayendo la atención de guardias y curiosos por igual.
Mientras el caos se apoderaba de la entrada del casino, Esmeralda y Leonardo, vestidos impecablemente como una pareja de turistas adinerados, se deslizaron por una entrada de servicio. Gracias a Marco, los ascensores estaban bajo su control. Subieron al piso superior, evitando las pocas cámaras restantes que Marco no había podido desactivar, y se dirigieron directamente a la suite presidencial.
La puerta de la suite estaba, previsiblemente, protegida por dos gorilas gigantes. Pero Esmeralda no era de las que se dejaban intimidar por la masa muscular. Con una sonrisa encantadora, se acercó a ellos.
"Disculpen, caballeros", dijo Esmeralda con su voz más dulce. "Soy la señora Durán. Mi esposo y yo tenemos la suite de al lado y, sinceramente, el ruido es insoportable. ¿Podrían informarle a Don Fabrizio que, si no bajan el volumen de su fiesta de 'karaoke de serpientes', tendré que llamar a la gerencia?"
Los gorilas, acostumbrados a las quejas de los huéspedes, se miraron entre sí, incómodos. Uno de ellos intentó excusarse. "Lo siento, señora, Don Fabrizio está en una reunión muy importante."
"¿Más importante que la comodidad de sus huéspedes más distinguidos?", Esmeralda levantó una ceja, su voz perdiendo un poco de su dulzura. "No me haga creer que un hombre de su calibre no valora la discreción y el buen gusto."
Mientras los gorilas dudaban, Leonardo, con la velocidad de un ninja entrenado en el arte del café, les sirvió dos cafés expreso extra fuertes que contenían un potente somnífero sin sabor. "Don Fabrizio envió estos para su... refresco", dijo con una sonrisa.
Los gorilas, agradecidos por el gesto, bebieron el café. En cuestión de minutos, cayeron dormidos, roncando a pleno pulmón contra el marco de la puerta.
Esmeralda y Leonardo entraron en la suite. Dentro, Don Fabrizio estaba sentado en un sillón de terciopelo, riendo con sus hombres y, para su sorpresa, dándole a Cleopatra una diminuta tiara de brillantes. El Señor Bigotes estaba, efectivamente, atado a una silla en una jaula dorada, mordisqueando un hueso con una expresión de resignación perruna.
"¡Don Fabrizio!", exclamó Esmeralda, interrumpiendo su risa.
Don Fabrizio se giró, su rostro pasando de la sorpresa al furia en cuestión de segundos. "¡Esmeralda! ¿Cómo...? ¡Guardias!"
Pero sus guardias no respondieron. Solo el ronquido de los dos gorilas en la puerta.
"Me temo que sus guardias están... durmiendo la siesta", dijo Esmeralda con una sonrisa. "Y hemos venido a recoger a nuestro perrito. Y a darle una lección de modales a usted y a su... cajafuerte de reptiles."
Don Fabrizio se puso de pie, su rostro rojo de ira. "¡No te saldrás con la tuya, Esmeralda! ¡El perro es mío, y Cleopatra tiene mis diamantes!"
"Oh, no se preocupe por Cleopatra", dijo Leonardo, acercándose sigilosamente a la pitón. "Marco tiene un... plan para ella."
De repente, un ruido agudo y repetitivo comenzó a sonar desde un pequeño dispositivo que Marco había introducido en la suite. Era una frecuencia inaudible para los humanos, pero aparentemente, era la música preferida de las ratas. Cleopatra, al escuchar el sonido, se tensó, sus ojos fijos en el dispositivo. De repente, comenzó a desenroscarse de Don Fabrizio a una velocidad sorprendente, deslizándose hacia la jaula de Señor Bigotes con una determinación aterradora.
"¡Cleopatra, no!", gritó Don Fabrizio, horrorizado.
Pero Cleopatra, con el instinto de cazadora activado, no le hizo caso. Se deslizó dentro de la jaula, y con un movimiento rápido, se tragó el hueso del Señor Bigotes, que, para asombro de todos, no era un hueso cualquiera, sino un "hueso de diamantes" especialmente diseñado por Sofía para la ocasión. El Señor Bigotes, sin entender del todo la situación, se limitó a ladrar, como si estuviera animando a la serpiente.
"¡Mi diamante!", gritó Don Fabrizio, desesperado.
Esmeralda sonrió. "Me temo que Cleopatra ahora tiene un... pequeño tesoro. Y no creo que se lo vaya a devolver fácilmente. A menos, claro está, que esté dispuesta a... un poco de... digestión forzada."
Don Fabrizio miró a Esmeralda con odio. "¡Me las pagarás por esto, Dama de Hierro!"
"Oh, estoy segura de que sí", respondió Esmeralda, mientras Leonardo liberaba al Señor Bigotes de la jaula. El chihuahua corrió directamente a los brazos de su dueña, lamiéndole la cara con alegría. "Pero por ahora, me conformo con mi perro y la humillación de un 'Encantador de Serpientes' que no sabe distinguir un hueso de un diamante. Y, por cierto, Don Fabrizio, el perfume a pachulí no combina bien con el olor a derrota."
Mientras Esmeralda, Leonardo y el Señor Bigotes se marchaban, dejando a un furioso Don Fabrizio y a una Cleopatra con un inusual brillo en sus escamas, la comedia de la mafia apenas estaba comenzando. La Operación "Pata de Seda" había sido un éxito rotundo. Y el mundo, sin saberlo, acababa de presenciar el secuestro más hilarante y el rescate más ingenioso en la historia del crimen organizado.
¿Qué te pareció el giro con Cleopatra🐍?