✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Vas a sufrir mucho
La preparatoria estaba llegando a su fin y las hormonas del grupo estaban en su punto más alto. Luke y Mauro, cansados de ver a Noah pegado a la pantalla de su teléfono esperando mensajes que tardaban días en llegar, decidieron intervenir una tarde de viernes, mientras descansaban después de un partido de práctica.
—Noah, hermano, tenemos que hablar —dijo Luke, secándose el cuello con una toalla—. Jessica es genial, de verdad. Pero han pasado años. Estamos a punto de graduarnos y tú sigues viviendo como un monje esperando una señal del otro lado del océano.
Mauro, que estaba sentado en el banco revisando las estadísticas del partido en su tableta, levantó la vista y asintió.
—Luke tiene razón por una vez en su vida. Los datos no mienten, Noah. El 90% de las relaciones de secundaria a larga distancia terminan en el primer año. Tú has aguantado tres, pero mírate... Te estás perdiendo de todo. Mañana hay una fiesta en la casa de campo de uno de los chicos de tercer año. Va a ir todo el mundo.
Noah bajó la mirada a sus manos. Sus nudillos estaban un poco raspados por el juego. Pensó en Jessica, en lo difícil que era entender sus mensajes últimamente y en cómo ella siempre decía que estaba "demasiado ocupada".
—No lo sé, chicos... —susurró Noah.
—¡Nada de "no lo sé"! —exclamó Luke—. Zane sale con una chica diferente cada mes y se divierte. Tú eres guapo, tienes esos hoyuelos que las vuelven locas y juegas mejor que todos nosotros. Mereces una novia bonita, alguien a quien puedas llevar al cine de verdad, no por una cámara web.
Noah suspiró. Miró a Zane, que estaba extrañamente callado a su lado, atándose los cordones de sus zapatillas con una fuerza innecesaria.
—Está bien —dijo Noah finalmente, con una pequeña sonrisa—. Tienen razón. Ya basta de esperar. Quiero salir, conocer a alguien... tal vez encontrar a una chica tan linda como las que siempre andan con Zane.
Zane sintió como si le hubieran clavado un pilar de hielo en la columna vertebral. La idea de que Noah "abandonara" a Jessica no le daba paz, le daba terror. Porque mientras Noah esperaba a Jessica, estaba a salvo de otras manos. Pero ahora... ahora Noah era un agente libre.
—Yo voy —soltó Zane de inmediato, poniéndose de pie—. No los voy a dejar ir solos a esa fiesta. Luke se emborracha con un vaso de jugo y Mauro se queda dormido en cualquier esquina si hay Wi-Fi. Alguien tiene que cuidarlos.
La fiesta era un caos de música alta y luces tenues. El olor a perfume y sudor llenaba el aire. Apenas llegaron, el grupo se instaló cerca de la mesa de bebidas. Noah se veía nervioso pero guapo, con una camiseta negra que resaltaba su tes morena y su cabello negro, como siempre, perfectamente desordenado.
No pasaron ni veinte minutos cuando una chica llamada Clara, de un curso inferior, se acercó al grupo. Era menuda, con el cabello castaño claro y una sonrisa muy dulce.
—Hola, Noah —dijo ella, ignorando por completo a los otros tres—. Te vi en el partido del martes. Jugaste increíble.
Noah se sonrojó, sus hoyuelos aparecieron al instante.
—Ah, gracias, Clara. Fue un juego difícil.
—¿Te importa si hablamos un rato? Allá afuera hay un poco más de aire —sugirió ella, señalando el jardín.
—Claro, vamos —respondió Noah, echándole una mirada rápida a sus amigos—. Ya vuelvo, chicos.
Zane no dijo nada, pero sus ojos azules se volvieron gélidos. Se quedó de pie, estático, viendo cómo la mano de Clara rozaba accidentalmente el brazo de Noah mientras caminaban hacia la salida. En su mente, Zane ya estaba planeando cómo "intervenir" con Clara el lunes en la escuela, tal como lo hizo con Ariana.
Mauro, que siempre era el más observador y el que menos hablaba, notó algo extraño. Vio cómo la mandíbula de Zane se tensaba tanto que parecía que sus dientes iban a romperse. Vio cómo sus puños se cerraban a los costados y cómo su mirada seguía a Noah como un radar.
—Zane, relájate —dijo Mauro en voz baja, acercándose a él—. Es solo una chica hablando con Noah. Él quería esto, ¿recuerdas?
—No me gusta esa chica —gruñó Zane sin apartar la vista de la puerta del jardín—. Parece de las que solo buscan problemas. Noah es muy ingenuo, Mauro. No sabe identificar cuando alguien tiene malas intenciones.
Luke, que estaba distraído tratando de abrir una bolsa de botanas, se rió.
—¡Por favor, Zane! Es Clara. Es la chica más tranquila de la escuela. Deja que Noah tenga su momento. No puedes ser su guardaespaldas toda la vida.
Zane no respondió. Caminó un par de pasos hacia la salida, fingiendo que buscaba a alguien más, pero Mauro lo siguió con la mirada. Mauro empezó a conectar los puntos en su cabeza: las novias rápidas de Zane, el hecho de que siempre terminaba con las chicas que mostraban interés en Noah, y esa forma casi violenta en que Zane protegía el espacio personal de su amigo.
"No puede ser...", pensó Mauro, sintiendo un escalofrío. "¿Zane está celoso? Pero no celos de amigos... esto parece otra cosa".
Afuera, en el jardín, Noah y Clara reían. Clara le tocó el hombro a Noah para enfatizar un chiste, y en ese preciso momento, Zane salió al jardín "por casualidad".
—¡Noah! —exclamó Zane, interrumpiendo la conversación—. Perdona que los moleste, pero Luke dice que se siente mal y creo que deberíamos irnos pronto. Ya sabes cómo se pone.
Noah miró a Zane, confundido.
—¿Luke? Pero si hace un minuto estaba perfectamente bien...
—Ya sabes cómo es él, cambia de humor rápido —insistió Zane, colocándose físicamente entre Clara y Noah, cortando el contacto visual—. Clara, un gusto verte. Noah, muévete, vamos a buscar a los chicos.
Zane tomó a Noah del brazo y lo arrastró de vuelta al interior de la casa antes de que Noah pudiera decir otra palabra. Clara se quedó allí parada, parpadeando confundida.
Cuando regresaron a la mesa, Luke estaba bailando animadamente con una bebida en la mano, viéndose más sano que nunca.
—¿No que te sentías mal? —preguntó Noah, frunciendo el ceño.
—¿Yo? ¡Para nada! ¡Esta canción es genial! —gritó Luke sobre la música.
Noah miró a Zane con sospecha. Mauro, que estaba apoyado contra la pared observando toda la escena, se cruzó de brazos. Vio cómo Zane evitaba la mirada de todos mientras volvía a rodear los hombros de Noah con su brazo, asegurándolo a su lado como si alguien fuera a robárselo en cualquier segundo.
Mauro decidió no decir nada todavía. "Podría estar equivocado", razonó. "Zane y Noah son como hermanos desde primer año. Tal vez Zane solo es sobreprotector porque Noah acaba de terminar con Jessica". Pero en el fondo, la lógica de Mauro le decía que los hermanos no miraban a otros chicos con ese odio puro cuando se acercaban a sus familiares.
—Vámonos a casa mejor —dijo Zane, ignorando las quejas de Luke—. Mañana tenemos entrenamiento temprano.
Mientras caminaban hacia la salida, con Zane prácticamente empujando a Noah para que no mirara atrás, Mauro se quedó un paso por detrás, observando la espalda de sus dos amigos.
—Zane, Zane... —murmuró Mauro para sí mismo—. Si es lo que creo que es, vas a sufrir mucho cuando Noah encuentre a alguien de verdad.
Pero Zane no escuchaba. En su mente, solo había una prioridad: Noah estaba a salvo otra noche más. No importaba si tenía que mentir sobre la salud de Luke o si tenía que parecer un loco; mientras Noah estuviera bajo su brazo, el mundo de Zane seguía teniendo sentido.