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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Mía no era una chica que se rindiera fácilmente. Mientras se secaba con una toalla que costaba más que su antigua casa, sus ojos verdes escanearon la habitación. Renzo quería que ella fuera una muñeca de exhibición, pero él había cometido un error garrafal: no había contado con que ella sabía cómo desarmar un motor de avión con un clip y mucha mala leche.

—¿Quieres que baje a cenar, Cavalli? —murmuró ella, poniéndose el vestido que él le había dejado.

Era una pieza de seda líquida color verde esmeralda, con un escote que llegaba casi al ombligo y una abertura en la pierna que desafiaba las leyes de la decencia. Era un vestido diseñado para ser quitado, no para ser usado.

—Te voy a dar una cena que no vas a olvidar —sonrió ella con malicia.

En lugar de bajar directamente, Mía se escabulló por el balcón. Gracias a su agilidad y a su experiencia trepando por los techos del taller, logró bajar por una enredadera de hierro forjado hasta el garaje subterráneo. Sabía que allí estaban los juguetes de Renzo.

El garaje era un santuario de acero y cromo. Había Lamborghinis, Ferraris y un Bugatti que brillaba bajo las luces LED. Mía encontró lo que buscaba en un rincón: el sistema de control eléctrico y de combustible de la flota.

—Muy bien, "dueño" mío. Veamos qué tan arrogante eres cuando tu preciado Bugatti empiece a escupir fuego por el aire acondicionado —dijo Mía, arrancando un trozo de seda de su carísimo vestido para usarlo como trapo.

Con una precisión quirúrgica, empezó a sabotear los circuitos. Estaba en plena faena, con el vestido manchado de grasa en el dobladillo y un destornillador que había "tomado prestado" de una caja de herramientas, cuando una voz profunda y divertida rompió el silencio.

—¿Sabes? Ese vestido es de una colección exclusiva de Milán. Creo que el diseñador lloraría si viera lo que estás haciendo con el bajo.

Mía se golpeó la cabeza con el capó del coche al sobresaltarse. Se giró, encontrando a Renzo apoyado en una columna, con una copa de vino en la mano y una sonrisa que era mitad burla y mitad admiración pura.

—¡Maldito seas! ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó ella, limpiándose una mancha de grasa en la mejilla, solo para ensuciarse más.

—Lo suficiente para ver cómo intentabas puentear el sistema de inyección —Renzo se acercó, su mirada recorriendo el cuerpo de Mía. El contraste entre el vestido de gala desgarrado, la piel blanca y la grasa de motor era, para él, la visión más erótica que había tenido en su vida—. Por cierto, si cortas el cable azul, vas a activar la alarma de incendios y nos bañaremos en espuma química. Aunque, viéndote así, no me importaría volver a lavarte.

—¡Eres un imbécil! —Mía le lanzó el destornillador. Renzo lo atrapó en el aire con una mano, sin derramar una gota de vino.

—Puntería aceptable, pero técnica deficiente —dijo él, acortando la distancia. Su presencia llenó el garaje, haciendo que el espacio se sintiera pequeño—. Me encanta que intentes escapar. Me encanta que intentes destruir mis cosas. Le da un sabor... picante a nuestra relación.

Renzo la acorraló contra el Bugatti. El frío del metal en su espalda y el calor del cuerpo de Dante frente a ella crearon una fricción insoportable. Él dejó la copa sobre el capó y agarró a Mía por la cintura, levantándola hasta sentarla sobre el coche de dos millones de dólares.

—Bájame, Cavalli. Voy a rayar tu estúpido coche con las lentejuelas —siseó ella, aunque su corazón latía con fuerza contra sus costillas.

—Que se raye —susurró él, metiéndose entre sus piernas y obligándola a abrirse para él—. Puedo comprar mil como este. Pero solo hay una chica mecánica con ojos de demonio que intenta sabotearme en medio de la noche.

Renzo metió la mano por la abertura del vestido, su palma cálida subiendo por el muslo de Mía. Ella soltó un jadeo que intentó disfrazar de insulto.

—Hueles a gasolina y a rosas —dijo él, su nariz rozando su cuello—. Es el olor más perverso que he sentido jamás. Me pone enfermo de ganas, Mía.

—Púdrete —respondió ella, pero sus manos, en lugar de empujarlo, se cerraron sobre los hombros de la camisa de Renzo.

—Primero cenaremos —dijo él, dándole un mordisco repentino y juguetón en la clavícula que la hizo saltar—. Mis hombres nos esperan. Y te diré una cosa: como alguno de ellos se atreva a mirar lo que ese vestido deja ver, tendré que matarlo. Y sería una lástima, es difícil encontrar buenos guardias hoy en día.

Renzo la bajó del coche, pero no la soltó. La mantuvo pegada a su costado, con una mano firme en su cadera, reclamándola ante el mundo.

—Y ahora, camina. Tienes grasa en la cara, el vestido roto y pareces una loca peligrosa. Estás perfecta para ser mi mujer

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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