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EL VENENO DE TU DESAMOR...

EL VENENO DE TU DESAMOR...

Status: En proceso
Genre:Venganza de la Esposa / Amor-odio / Traiciones y engaños
Popularitas:58.8k
Nilai: 5
nombre de autor: JHOHANNA PEREZ

Todos hemos sido villanos en la historia mal contada de alguien.

Ángela Martinelli Villalba, jamás imaginó que un día sería la antagonista en la vida del hombre al que más amaba. Durante cuatro años fue la esposa leal y profundamente enamorada de Iván Aristeguí, el temido capo de la mafia española, conocido en el bajo mundo como El Rey Rojo. Un hombre que no necesita levantar la voz para imponer respeto; su apellido y su sobrenombre bastan para infundir temor.


Pero una tarde de invierno, las promesas se quiebran.
Darío Aristeguí, primo de Iván, en complicidad con Marina Saldaña, urde una traición perfecta. Con pruebas fabricadas y mentiras cuidadosamente sembradas, acusan a Ángela de deslealtad frente a su esposo. Cegado por la ira y el orgullo, Iván no escucha, no pregunta, no duda. La sentencia sin juicio y la abandona en manos del hombre que más la odia.

Ángela suplica. Implora una oportunidad. Ruega que él la mire a los ojos y le diga de qué la acusa. Pero Iván le da la espalda

NovelToon tiene autorización de JHOHANNA PEREZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sin escrúpulos...

Se acercó lentamente, demasiado, le apretó el mentón con violencia.

—Con patrañas, por supuesto —espetó ella mirándolo con rabia.

Él negó con la cabeza. —No solo con eso, Angelita… con pruebas irrefutables.

Sus ojos brillaban con satisfacción enfermiza. Eres, a los ojos de mi primito, no solo la responsable de desviar sus cargamentos y vendérselos a Karahan… sino también de un billonario desfalco al conglomerado Aristegui que indiscutiblemente lo llevará a la ruina.

Se inclinó hacia ella. —Y entonces yo seré su héroe.

Sonrió. —Su salvador.

Su voz descendió a un susurro venenoso. —Y él estará en deuda conmigo por siempre.

Ángela lo miró desconcertada. —¿De qué diablos hablas? Yo jamás he firmado un solo documento para desfalcar al conglomerado.

Darío soltó una carcajada breve. —Es correcto. Jamás firmaste nada. Eres tan brillante… que por eso me tardé cuatro años en hacerte caer.

Caminó lentamente alrededor de ella como un depredador. —Tuve que pagar mucho dinero para que tu firma fuera copiada con exactitud. Y aproveché mis encantos para sobornar a tu secretaria… y a la de mi estúpido primito… para infiltrarme y acceder a tus archivos bancarios y a las cuentas del conglomerado que estaban bajo tu poder.

Se detuvo frente a ella nuevamente. —No fue fácil, lo acepto. —Sonrió—. Pero lo logré.

Silencio, pesado, oscuro, irrespirable. —Y ahora estamos aquí, justo como lo planeé.

Ángela lo miró con odio. —¿Y qué buscas con todo esto? Claro… aparte de quedarte con el conglomerado familiar.

Darío levantó tres dedos lentamente frente a su rostro. —Tres cosas simples.

Uno. Arruinar al imbécil de Iván.

Dos. Destronarlo de la presidencia y, por supuesto, del trono como Rey Rojo.

Tres, sus ojos se oscurecieron completamente. —Y lo más importante… cobrarte la muerte de mi padre.

Su voz tembló de furia acumulada. —Lo único importante que tenía en mi vida… y que tú, maldita perra, mataste con saña y tiraste a los cocodrilos del estanco de este mismo lugar.

De repente, su mano se cerró alrededor del cuello de Ángela. Apretó, con fuerza brutal; el aire desapareció, el rostro de ella comenzó a tornarse azul, sus pulmones ardían, las cadenas vibraban con sus intentos por liberarse.

Finalmente… La soltó.

Ángela cayó hacia adelante cuando las cadenas lo permitieron, tosiendo con violencia mientras luchaba por recuperar el oxígeno.

—Entonces… siempre nos engañaste… tú y él eran cómplices… Sus palabras salieron entrecortadas. Pero su mirada seguía llena de desafío.

—Muy acertada, como siempre, Angelita —confirmó con regodeo, saboreando su propia hazaña como si fuera una obra maestra cuidadosamente ejecutada durante años.

Ángela levantó el rostro cuando las cadenas se lo permitieron. Sus muñecas ardían bajo el peso de los grilletes y la humedad helada de la pared de piedra le atravesaba la espalda como agujas invisibles, pero su voz no tembló.

—Tu padre era un maldito enfermo… un pedófilo, un desgraciado que comerciaba con niños. Eso es aberrante. Además, su muerte fue en defensa propia. El maldito quiso abusarme; por eso le arranqué los huevos. Su muerte no fue tan cruel como se la merecía un bastardo como él.

Respiró con dificultad, pero continuó:

—Tú viste el maldito video… y celebraste que hice justicia por todo el mal que ese infeliz les hizo a esos niños y a sus familias. Nosotros traficamos armas y tecnología… jamás con niños indefensos.

Masculló con ira al recordar cómo descubrió lo que Anselmo Aristegui hacía en la clandestinidad mientras en público mantenía la fachada impecable de un hombre honorable, respetado por políticos, empresarios y hasta por organizaciones benéficas que desconocían su verdadera naturaleza. El asco le revolvió las entrañas al recordar aquella escena: el olor del cuarto, el llanto contenido, las manos del viejo sobre la niña; la castaña aún podía verla con claridad, aquella chiquilla de apenas doce años, temblando, paralizada, mirándola como si estuviera viendo un milagro cuando ella irrumpió en la habitación. No pensó. No midió consecuencias. No recordó jerarquías. No recordó apellidos. No recordó que era el tío de su esposo. Solo atacó.

Arremetió contra él con toda la furia que aquella escena aberrante le produjo. Liberó a la niña, la cubrió con su abrigo y la entregó a Ibrain para que la sacara de la propiedad de inmediato. El viejo, fuera de sí por la humillación, la atacó con violencia. Intentó someterla. Intentó abusar de ella Pero Ángela no era una víctima. Nunca lo había sido. La pelea fue brutal, corta, salvaje. El cuchillo de combate terminó encajado en la hombría del cincuentón. Su grito aún resonaba en su memoria. Luego terminó con su vida: con rabia, con justicia, con la imagen de aquella niña suplicante grabada en la retina y seguramente con la de muchas otras que jamás pudieron escapar.

Ángela narró minuto a minuto los hechos que la llevaron a matar al padre de Darío, pero a él no le importaba. No escuchaba. No quería escuchar. El odio alimentado durante años lo consumía por completo. Sus ojos verdes brillaban con una furia primitiva y, sin más, el primer puñetazo se estrelló contra su rostro. Luego otro. Y otro más. El sonido seco de los impactos retumbó en la mazmorra como disparos. Sus labios se rompieron. Su nariz crujió. La sangre comenzó a brotar a borbotones, resbalando por su barbilla y cayendo lentamente sobre la piedra húmeda del suelo.

Darío continuó golpeándola una y otra vez hasta que sus nudillos también comenzaron a teñirse de rojo, hasta que su respiración se volvió agitada, hasta que la dejó inconsciente, suspendida de las cadenas, indefensa, inerte. Su cuerpo colgaba ligeramente hacia adelante, balanceándose apenas como una marioneta rota bajo la luz temblorosa de las lámparas colgadas en los muros.

Afuera, uno de los hombres de Iván apretaba los puños con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Escuchaba los golpes, cada uno, todos, y luchaba consigo mismo para no entrar y liberarla. Pero desobedecer a Darío era desobedecer al Rey Rojo… y eso era una sentencia de muerte.

Cuando parte de su sed de venganza quedó momentáneamente satisfecha al verla inconsciente, con el rostro destruido y la sangre corriendo sin control por su cuello y su ropa, Darío respiró hondo. Observó su obra. Sonrió. Luego apagó las lámparas una a una. La oscuridad se tragó la mazmorra lentamente. Solo quedó el sonido de las gotas cayendo desde el techo y la respiración débil de Ángela.

El portón de hierro chirrió cuando salió del recinto. Aseguró la entrada con gruesos candados metálicos. Luego se giró hacia los hombres que aguardaban afuera.

—Solo mis hombres se quedarán al cuidado de la traidora. No me arriesgaré a que ustedes se dejen encantar por la sirena italiana.

Señaló directamente a los hombres de Iván. Su desconfianza era evidente. Su odio también. Darío se marchó dejando un escuadrón de sus propios hombres custodiando la mazmorra, como si dentro de aquel recinto no hubiera una mujer herida… sino una amenaza capaz de derribar imperios.

Tres largos días pasó Ángela Martinelli en la soledad y la oscuridad absoluta de la mazmorra.

El frío le calaba los huesos con una crueldad lenta y persistente. La humedad de las paredes de piedra se filtraba en su ropa empapada de sangre seca y sudor, adhiriéndose a su piel como una segunda capa helada. Pequeños insectos recorrían sus heridas abiertas, atraídos por el olor metálico de la sangre; apenas podía espantarlos.

No podía abrir los ojos. Los hematomas, la inflamación y el dolor provocado por los golpes del rubio se lo impedían. Su respiración era débil y desigual, y cada intento de moverse hacía que las cadenas chirriaran con un sonido áspero que parecía burlarse de su sufrimiento.

Suplicaba mentalmente que su tío llegara a su rescate. Su cuerpo no aguantaba más. Tenía hambre. Tenía sed. Tenía frío. Pero, sobre todo… tenía miedo por su bebé.

Los músculos ya no respondían; no los sentía. Cada mínimo movimiento se transformaba en una tortura acompañada de punzadas profundas que recorrían su espalda, sus costillas y su vientre como si la atravesaran agujas invisibles. No sabía si era de día o de noche. La oscuridad era total. Solo sabía que debía resistir. Resistir por lo único que le importaba más que nada en el mundo: su bebé.

Apenas podía mantener la cabeza erguida. Su cuerpo colgaba de los grilletes con un peso muerto que parecía ajeno a ella misma. A veces perdía la conciencia por segundos, o minutos, o quizá horas. Ya no podía distinguirlo. Pero seguía respirando. Seguía luchando. Seguía resistiendo.

Al día siguiente de la primera fatídica noche de Ángela, Iván despertó en el sofá del despacho subterráneo.

Estaba desorientado. La cabeza le latía con violencia, la garganta reseca y el cuerpo entumecido. Y el cuerpo de Marina Saldaña, acurrucado a su lado, cubierto apenas por una delgada manta.

La tenue luz artificial del despacho hacía que todo pareciera irreal, pesado, sórdido, confuso. Miró alrededor con el ceño arrugado.

—¿Qué diablos es esto?

Movió a la pelinegra con brusquedad. Ella se removió con pereza, aferrándose más a la manta.

—Mm… es temprano, Iván. Durmamos otro ratito. Si anoche estabas insaciable… y juro que me duele cada músculo del cuerpo.

Mintió. Había sido una sola unión torpe y desordenada. Él, por el exceso de Macallan ingerido, se quedó profundamente dormido incluso antes de alcanzar su propio clímax, dejándola insatisfecha y frustrada.

Iván se puso en pie con brusquedad.

—Levántate inmediatamente y lárgate de aquí, Marina. No tienes nada que hacer aquí.

Ella se incorporó lentamente, fingiendo indignación.

—Ah, no, Iván. A mí no me vas a hacer un desplante después de que fuiste tú quien me besó y me suplicó que te dejara meterte entre mis piernas. Pasé la noche aquí por ti porque tú suplicaste que me quedara. Me besaste con hambre… con necesidad. Yo solo acepté porque sabes que llevo años amándote.

Se hizo la digna.

Iván la miró con desprecio. —Pues yo no te amo. No lo haré jamás. ¡Así que lárgate!. Anoche solo estaba borracho y despechado. Tampoco es como que fueras una doncella conmigo; no hace falta fingir. ¡Largo!, ¡Maldita sea!… ¡Largo!

Gritó fuera de sí.

Marina lo miró con furia creciente mientras se vestía con movimientos torpes y rabiosos.

—Maldito idiota… eres un patán, un cabrón, un maldito imbécil, un blandengue de mierda. Por eso la italiana te engañó. Por eso robó tu empresa. Por eso vendió tus cargamentos a Kemal Karahan… y a mí y a Darío, que te abrimos los putos ojos. Nos ves como tus enemigos… entonces púdrete, remedo de rey rojo.

Iván la miró con los ojos inyectados en una furia cruda. Se acercó en dos zancadas y le apretó el cuello con demasiada fuerza. Marina se retorció por falta de aire; sus manos intentaron apartarlo, inútilmente.

—Nunca más vuelvas a levantarme la voz o a insultarme… porque te mato. Si no tendré piedad con la mujer que amo… menos la tendré contigo.

La soltó con violencia.

Marina cayó de bruces contra el suelo. Sus ojos casi se salieron de sus órbitas. Tosió. Se llevó la mano al cuello. Respiró con dificultad. Cuando recuperó algo de su compostura, salió huyendo del despacho subterráneo sin mirar atrás.

Mientras Iván permanecía inmóvil en el centro de la habitación, respirando con fuerza, con la mente aún nublada, sin recordar, que el había puesto a su ángel perverso en manos de su peor verdugo...

1
Rafaela Fernandez
Así fue y lo condenaste, no lo escuchaste y el Karma existe y te falta abrir los ojos ,te queda muy el título del rey rojo.
Rafaela Fernandez
Ivan no puede ser más tonto ,tenes que desconfiar hasta de tu sombra.
Rafaela Fernandez
Tal cual, el corazón herido sigue latiendo y con mucho dolor.
Rafaela Fernandez
Pobre, como olvidar todo lo que pasó y que perdió su hijo que tanto amaba 😢.
Rafaela Fernandez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Marde
mmmaasssss capítulos xfavor
Rafaela Fernandez
jaja 🤣 te salió mal,creíste que él tío no te tendría en ojos.
Rossy Bta
más capitulos por favor encantada con la historia 🙏🔥
Renata R.
😊
Liliana Payares
y eso ya le da un poco de ventaja ya la va conociendo un poco para saber cómo lidiar con ella
Monica García Ramirez
Hay no estoy cada vez está mas interesante, por fa que si pueda tener hijos /Kiss//Pray/
Rossana🥰
Angela es x tu paz, es sanar para ti, xq ese Dario no le debes dar el gusto de q no vuelvas amar x su culpa, ese trío los destruirá, pero UD saldrá vencedora, en cuerpo y alma, sabrás, x ti y x muchas q han pasado x ese momento
🌟🌞Mónii🌜🌟
Cómo entiendo a Angela, muchas veces se necesita de un caparazón que oculte el dolor vivido para poder seguir.. Pero tiene mucha razón Lorenzo si ella no logra superar ese trauma e inmenso dolor, no podrá volver a amar libremente... Aunque ahora lo niegues si que nuestro Mateo tocará ese corazón
🌟🌞Mónii🌜🌟
Quemara el mundo cuando lo descubra
🌟🌞Mónii🌜🌟
En esta situación Mateo sumo demasiado puntos a su favor, solo espero que no cometa errores graves que se los quite
betty alvarez
Angela se recupera y saldrá adelante. Y Matteo va a lograr que crea en el amor otra vez. Me super encantaron estos capitulaso. 👏👏👏Jhohanna eres increíble. 🥰
betty alvarez
Matteo 😍eres un héroe, ayudaste a Ángela, y en de aprovecharte la protegiste 🥰. Este capítulo estuvo increíble 👏👏👏👏
betty alvarez
No es para menos que Ángela tenga traumas, lo que Darío le hizo vivir fue cruel, y aunque es una mujer fuerte no se merecía tal cosa. Solo espero el momento que ella le haga pagar lo que le hizo. 👏👏👏Estuvo increíble este capítulo, gracias Jhohanna.
Marleni Avila Gomez
matteo con esta ayuda se va ganar un poquito la confianza de Ángela,como pudieron dañarla de esa manera esos desgraciados,😭
betty alvarez
Que tonto eres Ivan, no tuviste confianza con tu mujer, pero a tu primo si le confías tus asuntos, y es el que te esta destruyendo. Jhohanna eres increíble escritora. Felicidades
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