En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.
Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.
A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.
¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?
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La princesa del tiempo
Preus se acerca a la princesa, su endemoniado rostro se desfigura con una sonrisa macabra, como si se encontrará poseído por algún demonio. La princesa lo observa acercarse, entiende que no podría escapar de su velocidad, y decide bajarse del caballo, sus piernas tiemblan, lo hacen con mucha intensidad, mientras se asombra de ver a los guardias más poderosos del reino tirados en el suelo sin poder moverse.
Respira profundo y alza su mano izquierda a la altura de los ojos, con la palma al cielo, cada falange de sus dedos tiemblan enloquecidos, como en distorsión. Preus observa la pose que adopta, el temor que despide de sus poros se siente en todo el bosque, pero le llama la atención un collar que comienza a elevarse por sobre su cabeza: de él brota un brillo enceguecedor. Preus comprende que está sucediendo algo, desconoce su poder, pero tiene que evitar que lo use. Aprieta los dientes con fuerza, se aferra a las hachas con la fiereza de un demonio y corre a matarla.
La princesa comienza a elevarse, sus pies se desprenden del suelo, el cabello cobra vida propia y danza al compás del viento. Parecía un ángel iniciando el vuelo hacia las nubes.
Preus acelera, temeroso de lo que pueda ocurrir, sin querer averiguarlo. Pero de repente la princesa se desconcentra, y cae. El miedo le jugó una mala pasada. Sus piernas soportan el peso aunque tambalea, su cabello pierde la energía sobrenatural y sus ojos se fijan en la mirada perversa del cazador. Preus se encuentra a centímetros de ella, prepara un golpe certero y mortal que ponga fin al reino de hielo. Se relame: sabe que está a punto de conseguir su primer objetivo.
–¡Oso!, –grita una voz.
Una bestia descomunal se interpone entre la princesa y el cazador. Con la velocidad de un rayo, levanta una de sus patas delanteras y, con garras que podrían cortar el acero, descarga un golpe devastador. Preus logra cubrir su cabeza, pero recibe un impacto de lleno en el hombro derecho y sale despedido varios metros. El oso adopta una postura de defensa y ruge con tanta fuerza que su aliento movía cada una de las hojas de los árboles.
Preus jadea, sus ojos se abren enormes, un manantial de sangre brota de su brazo. Ha perdido un hacha, pero se aferra con desesperación a la otra. Los huesos del hombro fracturado bailan bajo la piel. El dolor es intenso, tanto que podría llorar, pero no está dispuesto a hacerlo. «¿Qué fue lo que pasó?», se pregunta y mira a su alrededor. Entonces, entre el dolor, se topa con el hermano de la princesa, quien, con las manos alzadas, lo señala directamente. Preus tuerce el cuello y ve al oso abalanzándose otra vez.
–Es el muchacho –murmura–. Así que este es su poder.
–Acaba con él –ordena el príncipe.
Preus apoya una rodilla sobre la tierra, el suelo estaba frío. Con ayuda del brazo sano logra ponerse de pie, escupe algo de sangre, observa cómo las partículas del suelo tiemblan enloquecidas, lo hacen cada vez con mayor intensidad. levanta el rostro: el oso está a unos pocos metros. Gira el cuello y se topa con el hacha perdida. Aprieta la que aún sostiene, muestra los dientes en un gesto desafiante, y lanza el arma con todas sus fuerzas.
El filo del hacha desaparece en la frente del animal. El rugido del oso retumba en todo el bosque. Desesperado, estrella el cráneo en el suelo e intenta quitarse el hacha de la frente. El príncipe absorbido por el sufrimiento de la bestia, olvida por un instante al cazador. Ese instante basta: el aire cambia de sentido, siente el viento del norte chocar con el del sur, es ahí que se percata de que Preus se aproxima como una rafaga.
El cazador parece volar. El brazo derecho cuelga inerte, el izquierdo blande el hacha recuperada. Frena justo frente al príncipe, el viento de su carrera le revuelve las tripas al muchacho, sus ojos, rojos color sangre, rebotan en las cuencas. Luce como un demonio desencadenado. Levanta el arma, listo para rebanar su cuello.
El príncipe tiembla de miedo, observa la muerte en los ojos de Preus, observa un monstruo. Nadie podría detenerlo… nadie excepto él.