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LA CONCUBINA QUE SI AME

LA CONCUBINA QUE SI AME

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Amor-odio / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: cindy angulo montoya

El rey Adrien tiene cinco esposas por obligación, sin amor en su corazón. Todo cambia cuando conoce a Elara, la última esposa, quien no busca agradarle y despierta en él sentimientos desconocidos. Mientras el amor crece lentamente, los celos, las traiciones y la guerra amenazan con destruirlo todo. Adrien deberá decidir entre el poder… o el amor.

NovelToon tiene autorización de cindy angulo montoya para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Juego de miradas

El sol apenas comenzaba a iluminar el castillo cuando los sirvientes ya corrían de un lado a otro. La tensión seguía creciendo. La guerra estaba cada vez más cerca, y dentro del palacio, los secretos comenzaban a moverse como sombras silenciosas.

Elara no había dormido.

Las palabras del desconocido seguían repitiéndose en su mente, como una advertencia imposible de ignorar. Decidió no decir nada, al menos por ahora. No sabía en quién confiar… y eso incluía al rey.

Al salir de su habitación, notó algo distinto.

Guardias.

Dos hombres armados se colocaron detrás de ella sin decir palabra.

—Órdenes del rey —explicó uno.

Elara no respondió. Simplemente continuó caminando, aunque en su interior aquello no le agradaba. No le gustaba sentirse vigilada… ni protegida.

En el gran salón, el desayuno se desarrollaba en un ambiente tenso. Las otras esposas ya estaban allí.

Helena bebía té con elegancia. Mariela observaba en silencio. Teresa mantenía la mirada baja. Pero Isolda… Isolda sonreía.

—Qué honor verte acompañada —dijo con tono burlón al notar a los guardias.

Elara tomó asiento sin responder.

—Parece que el rey tiene sus favoritas —continuó Isolda.

—O sus preocupaciones —añadió Mariela con calma.

En ese momento, las puertas se abrieron.

Adrien entró.

Su presencia hizo que todos guardaran silencio. Caminó con firmeza hasta su lugar, pero antes de sentarse, su mirada buscó a Elara.

Y la encontró.

Solo fue un instante… pero suficiente.

—Hoy partiremos a revisar las defensas —anunció el rey—. Nadie saldrá del castillo sin mi autorización.

—¿Ni siquiera nosotras? —preguntó Helena.

—Especialmente ustedes.

Elara sintió la mirada de Isolda sobre ella.

Pesada. Peligrosa.

Después del desayuno, Elara decidió salir a los jardines, aunque los guardias no se separaban de ella.

—Quiero estar sola —dijo finalmente.

—No podemos, mi señora.

Ella suspiró.

—Entonces mantengan distancia.

Se alejaron unos pasos, lo suficiente.

Elara caminó hasta una fuente y se detuvo. El agua caía suavemente, creando un sonido que la ayudaba a pensar.

—No sabes obedecer, ¿verdad?

La voz la sorprendió.

Adrien.

Se acercaba lentamente, sin guardias.

—No cuando no estoy de acuerdo —respondió ella.

—Eso es peligroso.

—También lo es confiar.

El rey la observó con atención.

—Sigues pensando en lo de anoche.

Elara no respondió, pero su silencio fue suficiente.

—Dime qué pasó —insistió él.

Ella dudó.

Por un momento, estuvo a punto de hablar… pero algo la detuvo.

—Nada importante.

Adrien no le creyó.

Se acercó un poco más.

—No me mientas.

Elara levantó la mirada, firme.

—Entonces no me obligues a hacerlo.

El silencio entre ambos se volvió intenso.

Cercano.

Demasiado.

El viento movió suavemente el cabello de Elara, y por un instante, Adrien olvidó todo lo demás.

La guerra.

El reino.

Sus deberes.

Solo estaba ella.

Y eso lo enfurecía… y lo atraía al mismo tiempo.

—Eres un problema —murmuró.

—Lo sé.

—Y aun así no puedo ignorarte.

Elara sintió un leve temblor en su pecho, pero no retrocedió.

—Entonces no lo hagas.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

Peligrosas.

Reales.

Pero antes de que algo más ocurriera, un soldado irrumpió corriendo.

—¡Majestad!

Ambos se separaron de inmediato.

—Los rebeldes han sido vistos cerca del río. Se acercan más rápido de lo esperado.

El rostro de Adrien cambió al instante.

Frío. Decidido.

—Preparen a los hombres. Partimos ahora.

Sin mirar atrás, se alejó.

Elara lo observó marcharse.

Y por primera vez…

Sintió miedo.

No solo por la guerra.

Sino por lo que comenzaba a crecer entre ellos.

1
Gabriela Zapata
Se repitió el capítulo
Gabriela Zapata
Estupenda redacción y excelente ortografía. Autora, la felicito
Gabriela Zapata
Sigue la intriga
Gabriela Zapata
Empiezan a enredarse los hilos del destino
Gabriela Zapata
Interesante la trama
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