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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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Reviviendo Vínculos Viejos

El alboroto en el jardín era evidente. Ruby y Lili estaban haciendo todo lo posible para cubrir las ventanas y evitar que el ruido externo llegara a oídos de Odette. Sin embargo, fue difícil lograrlo.

Y ni cómo ignorarlo. Los guardias y los sirvientes se volvían ruidosos con apenas una ligera sospecha de traición.

—Querida Ruby.

La pelirroja miró hacia el castaño, dejando de cepillar el cabello de Odette. Se acercó y trató de mostrarse discreta ante la distancia con su señorita.

—Dígame, mi Lord.

—Voy a necesitar que investigues a esa mujer —señaló por la ventana.

—Ahora vamos, mi Lord —se giró hacia la rubia, llamándole con la mano—. No tardaremos en traerle la información.

—Muchas gracias, queridas.

Las chicas dedicaron una reverencia y salieron de la habitación. Un par de segundos más tarde, la azabache sobre la silla se levantó sin rastro de lamento en el rostro. Mostrándose bella sin una pizca de harina sobre el rostro.

—¿Sospechas de ella? —indagó.

—Me resulta familiar —respondió, acercándose.

—¿Crees que podremos atraparlos?

Sky se detuvo a su lado, con los brazos cruzados, sin apartar la atención del ventanal. Julie le miró en silencio, analizando su rostro y la manera en la que su cuerpo apenas y reaccionaba. Muy diferente de cuando Elis estaba junto a ella.

—Será difícil —ladeó el rostro—. Podremos entregar todas las pruebas, pero mientras el emperador confíe en él, nos será una tarea complicada —la miró de vuelta—. Desde hace un momento siento que quieres decir algo.

—Oh —sonrió, con las mejillas sonrosadas—. Bueno, estuve pensando en que podríamos hacer que Ruby y Lili nos apoyen en esto. Ellas me sobreprotegen y Lili detuvo a ese viejo cuando quiso darme el collar envenenado.

—Ese es su problema, Julie —suspiró—. Cualquier intento de protección puede ocasionar una confesión accidental… —miró afuera—. Pero podemos intentar con media mentira —reflexionó.

—¿Media?

—Ellas pueden sernos de gran utilidad en este caso específico. A decir verdad, Ruby y Lili podrían ayudarnos a obtener pruebas contundentes contra tu supuesto aborto.

—¿Entonces podemos decirles? —indagó con los ojos enormes.

—Sí.

Julie agitó el puño alegremente. Dio un par de giros y se lanzó sobre el sofá, estirando sus extremidades con un alivio envolvente en el bostezo siguiente.

—Ah, esto de actuar como emo me está volviendo loca —suspiró—. Todo esto sería más fácil si tan solo tuviera mi celular aquí.

—¿Emo? ¿Celular? —cuestionó Sky, confundido—. ¿Tu mundo es tan diferente?

La atención de Julie en el techo se interrumpió rápidamente. Se sentó con las piernas pegadas al pecho y palmeó el sitio vacío frente a ella, invitándolo a sentarse. Sky no dudó, se colocó donde se le fue indicado y miró atento a la sonrisa ajena que se preparaba para hablar.

—Mi mundo no es diferente, es… moderno —acentuó con el rostro—. Nosotros viajamos en autos, chatarras automáticas que no necesitan caballos para moverse. Y si en este momento quisiera comunicarme con Elis, entonces solo sacaría un bloque de plástico que puede llevarse en la mano, ese es el celular.

—¿No necesitan cartas, ni caballos?

—Nope —negó—. En mi mundo, si estuviera atravesando por este problema, entonces solo bastaría con grabar a ese anciano y a su hija con las manos en la masa y ¡Pum! Mataríamos a todos los pájaros de un solo tiro —mencionó con el entusiasmo en su tono—. Suena como magia, pero todo está mínimamente creado por humanos como tú y como yo.

—¿Extrañas tu mundo, Julie?

La sonrisa le tembló. Las mejillas de Odette bajaron y sus ojos perdieron el brillo en un segundo. Rascó su nuca sin atreverse a mirar sus ojos y un suspiro largo se escapó de sus labios.

—¿Honestamente? No —mordió su labio—. Quiero decir, mi vida como Julie Winters no era de ensueño en lo absoluto. No tenía ni voz, ni voto en mis propias decisiones y… —jadeó—… lo único que le daba un poco o de sentido a mi existencia eran mis peleas con Elis.

—¿Porque te gusta?

—¡¿Qué?! ¡Por supuesto que no me gusta! —se levantó—. Oye, ese es el peor insulto que me han lanzado.

—Sobre exaltarse es una reacción natural del humano que miente.

—Me sobre exalto porque no sé cuáles son tus fundamentos ante tal estupidez.

—Bien —alzó las manos—. No te gusta, lo tengo.

Julie lo miró con rencor. Se giró y se dirigió directamente a la mesita del costado para tomar el diario de Odette, recordando los últimos mensajes que había dejado escritos.

—A diferencia de Odette —continuó, con el cuaderno en las manos—, mi familia no me apreciaba, no tenía amigos y mi única cualidad superior era una mermelada de durazno dulce que todo mundo me pedía preparar —se dirigió hacia el castaño—. Todas las noches me aseguraba de regresar a casa en medio de las carreteras con el único afán de ser atropellada… Es un poco injusto renacer en el cuerpo de una chica que deseaba vivir y de la que tengo que rescatar de un asesinato.

—Quizá, tu verdadero propósito en este mundo es aprender que la vida es bella —sugirió.

—No lo creo —bufó—. Pero estoy dispuesta a sobrevivir para que Odette pueda volver a tomar su cuerpo sano y salvo.

—Odette era una chica miedosa —confesó Sky—. Ella solía correr a mi cabaña y hablarme por horas sobre el miedo a su futuro, le aterraba dormir y no despertar —sonrió apenas—. Oriel fue su medicina, ese sujeto la animó a vivir cada día hasta que mi hermana dejó de venir a mí para confesarse… De cierto modo, a veces me recuerdas a ella.

Julie le sonrió, atreviéndose a tomar su mano. 

—¿Puedo ir a ti a confesarte mis miedos? —preguntó bajito. 

Sky le sonrió y asintió en silencio, atrapando la mano con las suyas. El ánimo del cuarto se había relajado; sin embargo, se interrumpió casi al instante, cuando la puerta se abrió y se asomó el dueño de los aposentos.

—¿Interrumpo algo? —cuestionó malhumorado.

—Sí, tú siempre interrumpes —acusó Julie.

Elis rodó los ojos, quitándose la capa para avanzar y sentarse en el asiento vacío de la sala. Observó el agarre de manos ajeno y miró a Sky, con la mandíbula tensa.

—La muchedumbre malentenderá todo al mínimo descuido, así que cuida lo que aceptas —escupió sin ánimo—. Ahora, los sirvientes han estado culpándose entre ellos, pero siguen aferrados a no declarar.

—¿Qué pasó con la mujer de antes? —indagó Julie.

—Tengo la sospecha de que ella le indicó los caminos despejados a Margaret, así que la mandé a encarcelar. Más tarde iré a interrogarla —se giró hacia el castaño—. Me gustaría que me acompañaras.

Las palabras de Sky quedaron tendidas. Su voz se apagó y el golpe de las puertas abiertas se extendió como eco por todo el cuarto, dejando únicamente importante la aparición de Julie y Lili, con las manos ensangrentadas y el pecho alborotado. 

—¡Se cortó el cuello! — declaró Ruby.

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