Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capitulo 18: Lo que se muestra… y lo que arde
Ambas se tensaron.
—Y discutimos.
—¿Qué tan fuerte? —preguntó Daniela.
Aura tragó saliva.
—Mucho.
Pausa.
—Me acorraló contra la puerta.
Camila dio un paso hacia ella.
—¿Qué?
—Tranquila… —la detuvo Aura—. No pasó nada que no pudiera manejar.
Pero su voz…
no convencía del todo.
—Dijo cosas… —continuó—. Horribles. Básicamente me acuso de estar detrás de mi jefe… que era fácil…
Daniela apretó los labios.
—Imbécil.
Aura asintió.
—Sí.
Se dejó caer en el sofá.
—Y luego…
Dudó.
—Me besó.
El silencio cayó como un golpe.
Camila y Daniela intercambiaron miradas.
—¿Y tú? —preguntó Camila, directa.
Aura cerró los ojos un instante.
—Le respondí.
La verdad salió.
—Pero lo detuve.
Daniela suspiró.
—Aura…
—No significó nada —dijo ella rápido—. Fue… rabia, impulso… no sé.
Camila negó suavemente.
—Significó algo... admítelo.
Aura la miró.
—No.
—No voy a volver a caer ahí.
Pausa.
—No después de todo lo que dijo.
Daniela se acercó y se sentó a su lado.
—Pero...no lo has superado.
El golpe fue más suave…
Aura bajó la mirada.
—No es tan fácil...
Camila suspiró.
Silencio.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Daniela.
Aura levantó la mirada.
—Hacer mi trabajo. —Y mantener distancia.
Camila arqueó una ceja.
—Con ese hombre… buena suerte.
Aura dejó escapar una leve sonrisa cansada.
—La voy a necesitar.
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Los días transcurrieron con una rapidez inquietante.
Entre reuniones, ajustes y decisiones finales…
el comercial quedó listo.
Las imágenes eran impecables.
Los pósters comenzaron a circular internamente antes del lanzamiento oficial, y la reacción fue inmediata.
Pero no todos estaban complacidos.
Silvana observaba un poster desde su tablet.
Sus uñas golpeaban la pantalla con irritación contenida.
Ahí estaba ella.
Sonriendo.
Protagonizando algo que…
según Silvana…
nunca debió ser suyo.
—Esa estúpida… —murmuró entre dientes.
El coraje le hervía por dentro.
No solo por el comercial.
Sino por lo que representaba.
Porque había vuelto.
Y estaba ocupando espacio.
En los pensamientos de Mauricio.
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En la oficina principal, el ambiente era más estratégico.
Adrián y Mauricio estaban de pie frente al escritorio con los materiales finales.
—El resultado es sólido —comentó Adrián, evaluando las imágenes—. Tiene impacto.
Mauricio asintió lentamente.
—Sí.
Pero su mirada no estaba en la campaña.
Estaba en ella.
—Deberíamos hacer algo más —añadió Adrián—. Un evento.
Mauricio levantó la vista.
—¿Qué propones?
—Un preestreno —respondió con calma—. Más abierto. Con invitados, prensa, clientes… generar expectativa antes del lanzamiento oficial.
Pausa.
—Movimiento.
Mauricio lo pensó un segundo.
—Funciona.
Directo.
—Hagámoslo.
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Silvana fue llamada a la oficina minutos después.
Entró con su habitual seguridad… aunque por dentro ardía.
—Quiero que organices un evento —indicó Mauricio—. Preestreno del comercial.
Silvana alzó ligeramente las cejas.
—¿Algo grande?
—Selecto —intervino Adrián—. Pero con impacto.
Silvana asintió.
—Me encargo.
Pero al salir de la oficina…
su expresión cambió.
La sonrisa desapareció.
Sus ojos se endurecieron.
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Porque ahora…
no solo tenía que ver a Aura brillar.
Tenía que organizar el escenario…
donde todos la verían hacerlo.
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Esa noche...
La mesa en casa de los Luzuriaga estaba servida como cada semana.
Elena colocaba la servilleta con cuidado mientras Héctor servía vino en su copa. Mauricio tomó asiento sin decir mucho, como de costumbre.
—¿Cómo estuvo tu semana? —preguntó Elena, observándolo con esa mirada que siempre veía más de lo que él decía.
—Productiva —respondió él, seco, llevando la copa a sus labios.
Héctor lo estudió un segundo.
—Escuché que hay una nueva campaña en marcha.
—Sí —asintió Mauricio—. Un comercial conjunto. Haremos un preestreno.
Elena sonrió levemente.
—Eso suena importante.
Mauricio dejó la copa sobre la mesa.
—Lo es.
Pausa.
—Les enviaré una invitación. Quiero que asistan.
Elena intercambió una mirada con Héctor.
—Claro que iremos —respondió ella—. Hace tiempo no te vemos involucrado en algo que te entusiasme.
Mauricio no respondió.
Solo continuó cenando.
Como si fuera una noche más.
Pero no lo era.
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En otra casa…
la mesa también estaba servida.
Pero el ambiente era distinto.
Christopher reía por algo que su abuelo había dicho, mientras Isabel terminaba de servir.
Aura los observaba en silencio por un momento.
Esa escena…
le daba paz.
—¿Cómo está tu corazón, papá? —preguntó finalmente, mirándolo con atención.
Eduardo sonrió.
—Mejor.
Pausa.
—Desde que volviste… y trajiste a este pequeño —miró a Christopher con cariño—, me siento más fuerte.
Aura bajó la mirada, conmovida.
—Me alegra.
Respiró hondo.
—He estado pensando…
Isabel levantó la vista.
—¿En qué?
—Buscar una casa para nosotros.
El silencio cayó suavemente.
—Ustedes necesitan recuperar su espacio —añadió Aura.
Isabel negó de inmediato.
—Hija, no es necesario.
Se acercó un poco más.
—Sé que eres independiente… pero no te apresures.
Pausa.
—Tómate tu tiempo. Esta es tu casa.
Eduardo asintió.
—Siempre lo será.
Aura los miró.
Agradecida.
—Mamá… —la voz de Christopher la sacó de sus pensamientos.
Aura giró hacia él.
—Dime, mi amor.
El niño la miró con esos ojos curiosos.
Inocentes.
Pero llenos de algo más.
—¿Hablaste con papá…?
El aire cambió.
El tiempo pareció detenerse.
Aura sintió el golpe.
Directo.
Otra vez.
Sus padres guardaron silencio.
El silencio en la mesa se volvió denso.
—Mi amor… —la voz de Aura salió más suave de lo que se sentía por dentro—. Te dije que tuvieras paciencia, ¿sí?
Christopher asintió despacio.
Pero no parecía convencido.
Aura se levantó.
—Saldré un momento.
Eduardo dejó los cubiertos.
—Ve, hija. Nosotros nos encargamos de acostar a Chris.
Isabel le sostuvo la mirada.
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Minutos después…
Aura conducía.
Las manos firmes en el volante.
Pero la mente…
un caos.
Las palabras de su hijo seguían resonando.
¿Hablaste con papá?
El corazón le latía con fuerza.
No pensaba.
Solo manejaba.
Como si algo la empujara.
......................
Se detuvo.
Apagó el motor.
Y entonces…
miró al frente.
La casa.
Esa casa.
Su respiración se detuvo un segundo.
No había planeado llegar ahí.
Pero lo había hecho.
Bajó del auto.
Caminó hasta la puerta.
Y tocó.
El sonido retumbó en su pecho.
La puerta se abrió.
—¿Sí…?
Bertha se quedó inmóvil.
—¿Aura…?
Sus ojos se llenaron de sorpresa.
—Regresaste…
Aura no pudo evitarlo.
Sonrió apenas.
Y al siguiente segundo…
ya estaban abrazadas.
—Hola, Bertha…
—Por fin volvió… —susurró la mujer, conmovida—. Cuánto tiempo…
Se separaron.
Bertha la miró de arriba abajo.
Como asegurándose de que era real.
—Vengo a ver a Mauricio —dijo Aura, con un nudo en la garganta.
Bertha dudó un segundo.
—No está…
El aire se le escapó.
Pero no retrocedió.
—¿Lo puedo esperar?
Bertha asintió.
—Por supuesto.
Se hizo a un lado.
—Pasa… estas en tu casa.
Aura entró.
Y el pasado…
la golpeó de inmediato.
Todo estaba igual.
Cada rincón.
Cada detalle.
Cada recuerdo.
Se sentó en la sala.
Las manos juntas sobre las piernas.
Mirando alrededor.
Recordando... en ese lugar fue feliz...aunque duro poco.
......................
Desde la cocina, Bertha habló con suavidad:
—Estaré por aquí… cualquier cosa me llamas.
—Gracias…
Aura se quedó sola pensando como terminaron las cosas.
Y aún así…
había ido a buscarlo.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...