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LA HEREDERA DE LA NIEBLA

LA HEREDERA DE LA NIEBLA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Vampiro / Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Luna heredó una cabaña en un pueblo maldito donde vampiros, hombres lobo y la mafia se disputan el derecho a poseerla, sin saber que ella es la última Heredera de la Niebla y la única capaz de destruirlos a todos."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: EL DIARIO DE LOS DÍAS QUE FALTAN

Luna no durmió.

La vela se consumió hasta ser solo un charco de cera endurecida sobre la mesilla. La reemplazó con la linterna del móvil hasta que la batería cayó al 8%. Luego, por puro instinto, encendió la chimenea de la planta baja con la leña que encontró en el porche y subió los troncos restantes al dormitorio. El fuego crepitaba ahora en una pequeña estufa de hierro que no había visto la primera vez, escondida tras un biombo de mimbre.

Las páginas del diario pasaban lentamente. No porque estuvieran escritas en un idioma extraño, sino porque Luna necesitaba digerir cada palabra. Tragarlas. Hacerlas suyas.

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"Cresta Negra, 15 de enero de 1955"

Ya no salgo de día. Los lobos cazan en el alba. Los vampiros en el crepúsculo. Los Moretti, a todas horas. El bosque es un tablero de ajedrez y yo soy la pieza que todos quieren capturar.

Pero he encontrado un lugar. Una cueva detrás de la cascada del Río Negro. Allí la niebla es más densa. Allí puedo oírla.

La Bruja Original me habla. No con palabras. Con imágenes. Me muestra lo que había antes de que Cresta Negra fuera un pueblo. Un océano de árboles. Una luna más grande. Y una puerta.

La puerta no es de madera ni de piedra. Es de tiempo. Y ella es la llave.

Pero también soy yo.

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Luna pasó la página. La tinta aquí era más oscura. La letra, más temblorosa.

"Cresta Negra, 3 de abril de 1957"

Hoy he matado a un lobo por primera vez.

No quería. Él me encontró mientras recogía setas. Sus ojos eran amarillos, no dorados. Un recién convertido. No sabía quién era yo. Solo olía que no era humana.

Le ofrecí salir del bosque. Me gruñó. Le ofrecí agua de la cascada. Me escupió. Entonces la niebla se puso de mi lado.

No recuerdo bien qué pasó después. Solo que cuando la niebla se disipó, el lobo estaba en el suelo, con los ojos abiertos y la boca llena de musgo.

No le contaré esto a nadie. Ni siquiera al diario.

Pero lo escribo para no olvidar que puedo hacer daño. Que si quiero, puedo matar.

Ese es el verdadero poder de la Niebla. No proteger. Aniquilar.

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El fuego crujió. Las sombras bailaron en las paredes del dormitorio. Luna se arropó con la manta que Elara le había traído y siguió leyendo.

Los años pasaban rápido en el diario. 1958. 1962. 1971. Margaret escribía cada vez menos, pero cada entrada era más densa, más pesada, como si las palabras pesaran más que la tinta.

"Cresta Negra, 21 de diciembre de 1979"

Hoy he visto a un niño en el bosque.

Era pequeño, no más de cinco años. Pelo negro. Ojos negros. Moretti. Lo supe al instante por la forma de caminar, con esa arrogancia que les sale de la leche materna.

Estaba perdido. Lloraba. Decía que su padre le había dejado allí como castigo.

Su padre es Salvatore. El hombre que me pegó un tiro en la cabeza.

Podría haberle matado. Podría haber dejado que la niebla se lo comiera. Pero cuando el niño me miró, vi algo que no esperaba.

Miedo.

No de mí. De su propia sangre.

Le llevé al borde del bosque. Le di pan y leche. Le dije que se fuera y no volviera.

Se llamaba Dante.

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Luna cerró el diario con violencia. El nombre resonó en su cabeza como un disparo.

Dante.

El hombre del traje negro. El último de los Moretti. El niño que su abuela había salvado.

—¿Por qué no me lo dijiste? —susurró a la foto de Margaret, colgada en la pared—. ¿Por qué me dejaste entrar aquí sin saber nada de esto?

La foto no respondió. Pero la estufa sí. Un chisporroteo. Un crujido. Y en el fondo de las llamas, por un instante, Luna juró ver una cara.

No la de su abuela.

La de otra. Más antigua. Más hambrienta.

Apartó la mirada y siguió leyendo.

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Los años ochenta pasaron en el diario como un suspiro. Margaret se había instalado en la cabaña —la misma en la que Luna estaba ahora— y había aprendido a vivir entre la niebla. Ya no la escondía. La controlaba.

"Cresta Negra, 8 de septiembre de 1987"

La Bruja Original me ha hecho una oferta.

Me ha dicho que si ocupo su lugar, ella me dejará en paz. Que ya está cansada. Que setenta años son muchos incluso para algo que no envejece.

Le he preguntado qué pasaría con Cresta Negra. Me ha dicho que el valle seguiría igual. Que los vampiros seguirían bebiendo, los lobos seguirían cazando, los Moretti seguirían traicionando.

Le he preguntado qué pasaría con mi familia. No ha respondido.

Eso es lo que me asusta. No su silencio. Su sonrisa.

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"Cresta Negra, 12 de febrero de 1994"

Hoy ha nacido mi hija.

Me fui del valle durante un año. Encontré a un hombre en la ciudad. Un hombre bueno, normal, que no sabía nada de nieblas ni de brujas ni de puertas. Le quise. Ojalá no le hubiera querido.

Pero la sangre llama, Luna. Y tú estás en camino.

No sé si seré abuela de una niña o de un niño. Pero sé que dentro de un año, mi hija estará embarazada. Y que tú nacerás.

No voy a volver a Cresta Negra hasta que tengas edad suficiente para entenderme. Hasta entonces, viviré en el bosque. Esperando.

Ojalá pudiera hacer más que esperar.

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El móvil de Luna vibro. Batería al 2%. Había estado leyendo durante horas. El cielo tras la ventana ovalada empezaba a clarear, teñido de grises y violetas pálidos.

Una última entrada. La más reciente. La letra era apenas un garabato, como si Margaret hubiera escrito con las últimas fuerzas.

"Cresta Negra, 15 de septiembre de 2024"

Luna, mi niña:

La Bruja Original ha vuelto a hablar. Me ha dicho que mi tiempo se acaba. Que dentro de tres semanas vendrás tú. Y que entonces tendré que elegir.

No sé qué elegiré. Pero sea lo que sea, no te guardes rencor. Tú no pediste esto. Ninguna de nosotras lo pidió.

La puerta se abre en tres días, el viernes después de tu llegada. El día 18 de octubre. A medianoche.

Si no has cerrado la puerta para entonces, la Bruja Original saldrá. Y Cresta Negra arderá.

Te quiero. Lo siento. Perdóname.

Margaret.

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Luna dejó el diario en la cama. Se levantó. Fue a la ventana.

El valle amanecía. La niebla se retiraba lentamente, descubriendo las copas de los abetos, el río negro al fondo, y más allá... más allá, una silueta que no debería estar allí.

Una puerta.

No de madera. No de piedra.

De luz. O de ausencia de luz. Un rectángulo perfecto en medio del bosque, tan negro que dolía mirarlo.

Luna parpadeó.

La puerta desapareció.

Pero supo, con la misma certeza con la que sabía su nombre, que no era una alucinación. Era un aviso.

Quedaban tres días.

Su móvil se apagó. La vela se había consumido del todo. Solo quedaba el fuego de la estufa, ardiendo bajo, constante, como un corazón de carbón.

Luna se vistió. Bajó las escaleras. Abrió la puerta de la cabaña.

El sol de la mañana la golpeó en la cara, frío y naranja. Y en el porche, sentados en los escalones como tres centinelas derrotados, estaban Viktor, Alec y Dante.

Habían esperado toda la noche.

No durmieron. No comieron. No hablaron.

Solo esperaron.

—Ya sé todo —dijo Luna, y su voz sonó clara en el aire helado—. Sé lo de la puerta. Lo de los tres días. Lo de mi abuela.

Los tres se pusieron de pie.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Alec, y por primera vez su voz no era un gruñido. Era casi un ruego.

Luna los miró a los tres.

Al vampiro que llevaba siglos esperando una oportunidad para redimirse.

Al lobo que había nacido en un mundo de violencia y elegía la lealtad.

Al mafioso que había sido salvado por su abuela y ahora buscaba salvar a la nieta.

—Voy a cerrar la puerta —dijo—. Pero no voy a hacerlo sola.

Viktor sonrió. Alec asintió. Dante bajó la mirada, y Luna juró ver cómo se le humedecían los ojos.

—Mañana empiezo —añadió, y su voz no admitía réplica—. Hoy necesito que me enseñéis todo lo que sabéis sobre la Bruja Original. Sus puntos débiles. Sus rituales. Y sobre todo...

Hizo una pausa.

—Necesito que me digáis dónde está mi abuela. Si sigue viva, la sacamos. Si no... la vengamos.

El viento sopló. La niebla se arremolinó. Y en lo más profundo del bosque, la puerta negra volvió a parpadear.

Solo un instante.

Solo lo suficiente para que los cuatro lo vieran.

La cuenta atrás había empezado.

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Gloria
Buenas noches autor una pregunta esta es una historia poliamorosa , o ella solo tiene en destinado por así decirlo , lo digo por que no me gustan las historias poliamorosas , yo soy más de la pajarera y ya 🤔🤔🤔🤔
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