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Me Enamore De Una Madre Soltera

Me Enamore De Una Madre Soltera

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia habla de una chica que se embarazó muy joven y tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo lleno de dificultades. Sin apoyo suficiente y con pocas oportunidades, se vio obligada a “buscarse la vida” como pudo, enfrentando la realidad desde muy temprano. Por amor a su hija, dejó los estudios y sacrificó sus sueños personales para dedicarse por completo a su crianza, creciendo de golpe y convirtiéndose en madre antes de tiempo.
Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a un chico millonario, alguien que no la juzga por su pasado ni por ser madre soltera. A diferencia de muchas personas, él la trata con respeto, la escucha y ve en ella algo más allá de sus dificultades: una mujer fuerte, valiente y luchadora.
A partir de ese encuentro, ambos comienzan a construir una relación marcada por la confianza, el apoyo y la superación de prejuicios. Ella empieza a recuperar la esperanza en su futuro, mientras aprende que aún puede soñar y volver a levantarse,

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: “Todo lo que me costó llegar aquí”

Narra Joaquín

Hola, soy Joaquín Montoya.

Tengo 32 años.

Nací el 14 de marzo de 1994 en Pereira, Colombia.

Y aunque ahora muchos me ven llegando a la empresa en camioneta, con ropa fina y una vida estable… nadie sabe todo lo que tuve que pasar para llegar hasta aquí.

Porque yo no nací con plata.

Ni con ayudas.

Ni con contactos.

Yo vengo de abajo.

Muy abajo.

Hace doce años mi vida estaba completamente destruida.

Yo apenas tenía veinte años y ya tenía un hijo pequeño. Samuel acababa de cumplir meses de nacido y yo trabajaba en lo que saliera para poder mantener la casa.

En ese tiempo vivía con mi mujer.

O bueno… con la que yo creía que era el amor de mi vida.

Valeria.

Parce, yo sí estaba enamorado de esa vieja.

Demasiado.

Todo lo que hacía era pensando en ella y en el niño.

Pero la pobreza daña muchas cosas.

Y el amor no siempre aguanta necesidades.

Vivíamos en una pieza pequeña donde cuando llovía se metía el agua por una esquina. Yo trabajaba cargando bultos, ayudando en construcciones, manejando moto, lo que fuera con tal de llevar comida.

Había noches donde apenas teníamos arroz y huevo.

Y aun así yo me sentía feliz porque tenía a mi hijo conmigo.

Pero ella no.

Cada vez estaba más distante.

Más fría.

Yo llegaba cansado y ella peleaba por todo.

Que no había plata.

Que estaba cansada de esa vida.

Que merecía algo mejor.

Y yo intentaba darle gusto en todo aunque estuviera vuelto nada.

Hasta que un día pasó.

Llegué temprano a la casa porque me habían pagado un trabajo y quería llevar comida buena para celebrar.

Todavía me acuerdo clarito.

Llevaba pollo asado.

Y cuando abrí la puerta…

ahí estaba ella con otro man.

Sentí como si me hubieran pegado una puñalada.

Ella ni siquiera lloró.

Ni pidió perdón.

Nada.

Solo me miró seria y dijo:

—“Ya no quiero seguir así.”

Parce… yo me quebré ese día.

Porque mientras yo me mataba intentando darles algo mejor… ella ya estaba buscando otro hombre que sí tuviera plata.

Agarró ropa y se fue.

Y me dejó al niño.

Así.

Como si nada.

Yo me senté en el piso con Samuel cargado y lloré horrible.

Porque no entendía cómo alguien podía abandonar tan fácil.

Pero después de llorar entendí algo:

si me quedaba ahí lamentándome, mi hijo iba a pagar las consecuencias.

Y yo no iba a permitir eso.

Así que me levanté.

Empecé a estudiar Ingeniería Civil de noche mientras trabajaba de día.

Dormía cuatro horas a veces.

Comía mal.

Vivía cansado.

Pero seguí.

Porque quería que Samuel tuviera una vida diferente.

A veces me llevaba al niño donde una vecina para poder ir a estudiar. Otras veces lo llevaba dormido en brazos cuando no tenía con quién dejarlo.

Hubo días donde pensé en rendirme.

Muchos.

Pero cada vez que veía a Samuel dormidito, tan pequeño, me repetía:

“Usted no puede fallarle.”

Y seguí adelante.

Cuando terminé la carrera conseguí trabajo en una constructora pequeña. Ahí aprendí muchísimo.

Aprendí de negocios.

De obras.

De plata.

De gente.

Y sobre todo aprendí algo:

que nadie iba a regalarme nada.

Así que empecé a ahorrar.

Peso por peso.

Durante años.

Hasta que logré abrir mi propia empresa.

Al principio éramos apenas cuatro personas trabajando en una oficina pequeña y caliente donde se dañaba hasta el ventilador.

Pero yo tenía ganas de salir adelante.

Demasiadas ganas.

Empecé con proyectos pequeños.

Casas.

Remodelaciones.

Locales.

Y poquito a poco la empresa empezó a crecer.

Después llegaron contratos grandes.

Edificios.

Centros comerciales.

Urbanizaciones.

Y un día me di cuenta de algo increíble:

lo había logrado.

El pelado pobre al que dejaron solo con un bebé había construido una empresa desde cero.

Y aunque me siento orgulloso de eso…

también perdí muchas cosas en el camino.

Especialmente tiempo con Samuel.

Mi hijo ahora tiene doce años.

Y es demasiado rebelde.

Demasiado.

A veces siento que tiene mucha rabia guardada por todo lo que vivimos.

Pelea en el colegio.

Contesta feo.

No hace tareas.

Se escapa de clases.

Hace poco me llamaron porque casi golpea a otro estudiante.

Y una vez hasta llegó tomado porque unos pelados más grandes le dieron licor.

Yo me llené de rabia y miedo al mismo tiempo.

Porque sé cómo empieza todo eso.

Y no quiero que termine perdido.

Pero Samuel es complicado.

No le gusta hablar.

Se encierra.

Me evita.

Y cada vez que intento acercarme, terminamos peleando.

—“Usted nunca está” —me dijo una noche.

Y esa frase me dejó destruido.

Porque sí…

tal vez tiene razón.

Trabajé tanto por darle todo… que quizás no le di lo que más necesitaba.

Tiempo.

Amor.

Presencia.

Y en medio de todo eso apareció Violeta.

Desde el primer día que la vi en la entrevista me llamó la atención.

Pero no solo por bonita.

Porque sí… esa mujer es demasiado hermosa.

Es por la manera en que carga tristeza en los ojos y aun así sigue sonriendo.

Eso pega duro.

Cuando habla de su hija se le ilumina la cara.

Y ahí fue cuando entendí que ella también conoce el sacrificio.

Que también ha sufrido.

Que también se ha levantado sola.

Y eso hizo que empezara a admirarla.

Cada vez que la veo trabajando concentrada, intentando hacerlo todo perfecto, siento ganas de cuidarla.

De ayudarla.

De verla tranquila.

Y sinceramente… eso me asusta un poquito.

Porque hace años juré que nunca volvería a enamorarme.

Pero con Violeta todo se siente diferente.

Ella no me mira por la plata.

Ni por la empresa.

Ni por lo que tengo.

Ella me habla normal.

Y eso vale muchísimo.

A veces la descubro riéndose en la oficina y me quedo mirándola más de la cuenta.

Y lo peor…

es que creo que me estoy enamorando otra vez.

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MARY LAURA
Osea violeta es una estampa
MARY LAURA
Felicidades
Tere Jimenez
muchas felicidades hermosa novela bueno tubo de todo hermosa novela gracias por compartir y espero muchos éxitos más felicidades
Tere Jimenez
gracias hermoso final
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