Si siempre estás en busca de un giro inesperado este es el lugar equivocado... o tal ves no ... ups, ya dije demasiado.
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capítulo 23
Neithan no podía sacarse de la cabeza las palabras frías que ella le había dicho, es más no podía dejar atras el hecho de que propiamente lo había utilizado y humillado en cierta manera y luego de un rato supuestamente tan especial entre los dos como lo era ese, pero en lugar de alejarse, su dolor se transformó en una obstinada esperanza. Estaba convencido de que, si le demostraba cuánto la quería y cuánto valía para él, ella cambiaría de opinión, que lo que había pasado era solo un mal momento o una prueba. Así que comenzó a idear formas de reconquistarla, con la ilusión de recuperar lo que creía que tenían, todo gracias a lo que el presenta miento de alguien verdaderamente enamorado podía engañarle.
Al día siguiente, se presentó donde ella estaba cerca del patio de su casa con un gran ramo de rosas rojas, las más hermosas que pudo encontrar en la florería más elegante y renombrados de la ciudad, junto con una caja de chocolates finos y un pequeño regalo envuelto con cuidado: un collar delicado que él pensó que le gustaría. Se acercó con una sonrisa tímida, esperando ver al menos un rastro de ternura en ella.
—Toma… —le dijo, extendiendo todo con manos temblorosas debido a la inmensa emoción y sentimiento que sentia en el estómago—. Sé que las cosas no estuvieron bien la otra vez, pero te quiero de verdad. Todo esto es para ti, solo quiero que me des otra oportunidad, que veas lo importante que eres para mí.
Ella ni siquiera miró los regalos. Su rostro permaneció duro, sin una sola señal de afecto, y soltó sus palabras como si fueran piedras:
—¿Crees que con flores y dulces vas a arreglar algo? Qué patético eres. ¿No te quedó claro lo que te dije? No me interesas, no me gustas, y todo esto que traes me da igual. Deja de molestarme, porque cada vez que te acercas me caes peor. Eres aburrido, eres pesado, y no tienes nada que me pueda dar. Lárgate y no vuelvas a traerme nada, porque lo tiraré a la basura en cuanto te vayas, sino es que más antes incluso contigo viéndome hacerlo.
Neithan sintió que el suelo se le iba de los pies, pero su terquedad era más fuerte que su dolor y eso en cierta parte era una ventaja, la ventaja que trae consigo la perseverancia. Pasaron los días, y aunque ella lo rechazaba una y otra vez, a veces riéndose de él frente a otros, otras veces ignorándolo por completo, él seguía insistiendo, convencido de que podía ganársela de nuevo. Hasta que decidió dar el paso más arriesgado de todos, algo que inicialmente antes de que iniciará su relación no lo había hecho con la seguridad que lo hizo está vez.
Una noche, cuando sabía que ella estaría en su recámara, entró con cuidado después de asegurarse de que ella se hubiera quedado sola. Había preparado todo con mucho esmero: cubrió la cama con pétalos de rosas rojas intensas que llenaban el cuarto de olor y color, y se arregló lo mejor que pudo, se cortó el cabello de manera muy sexy. Masculina y vestido completamente de negro, creyendo que el ambiente y la pasión serían suficientes para convencerla. Cuando ella entró y lo vio ahí, con esa escena preparada, se detuvo en seco, con los ojos llenos de furia y desprecio.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó con voz cortante—. ¿Quién te dio permiso de entrar a mi cuarto y de hacer este desastre?
Neithan se acercó despacio, intentando usar suavidad y seducción, como si nada hubiera pasado:
—Por favor… sé que todavía hay algo entre nosotros. Lo que tuvimos la otra vez fue real, lo sentí. Mira lo que preparé… todo es para ti, para nosotros. Solo déjame estar contigo otra vez, te demostraré que puedo hacerte sentir cosas que nadie más podrá. Solo una vez más, te lo pido.
Ella negó con la cabeza, y una risa fría y corta se le escapó, cargada de burla:
—¿Estás loco? ¿De verdad crees que unos pétalos van a cambiar lo que pienso? Ya te lo dije mil veces: me aburres. El sexo contigo no fue nada especial, fue solo algo que hice por cumplir para cumplir el capricho que tenía sobre el tema de extrañar como lo hacíamos, y ya no lo quiero más. Eres tan desesperado que da lástima.
—¡No es cierto! —replicó él, levantando un poco la voz, ya desesperado—. Tú también lo sentiste, yo sé que sí. No me mientas ahora. ¿Por qué te haces la dura? Si sabes que somos buenos juntos. Solo déjame intentarlo, déjame estar dentro de ti, y verás cómo cambias de opinión.
—¡No! —le gritó ella, dando un paso hacia él, imponiendo su autoridad con toda claridad—. ¡Escúchame bien, porque es la última vez que te lo digo! Yo no quiero nada contigo. No quiero que me toques, no quiero que me hables, no quiero que me des nada y mucho menos quiero volver a acostarme contigo. Me das asco con tus ganas y tu necesidad de atención. Para mí eres menos que nada, ¿entiendes? Lo que pasó antes fue solo un capricho mío, y ya se acabó.
Neithan intentó acercarse otra vez, casi suplicando, perdiendo cualquier rastro de dignidad:
—Pero yo te amo… haría lo que fuera… solo una noche…
—¡Basta! —lo cortó ella, con una furia que hizo que él se detuviera en seco—. Ya me cansaste con tus ruegos y tus estupideces. No tienes nada que me gane, ni regalos, ni palabras, ni nada. Y mucho menos tu cuerpo me interesa.
Sin darle tiempo a responder, ella lo empujó con fuerza hacia la puerta, mientras seguía hablando con crueldad:
—Lárgate de mi cuarto ahora mismo. No quiero volver a verte aquí ni a ti ni a tus cosas ridículas. Si vuelves a intentar algo así, te haré saber lo poco que vales frente a todos. ¡Fuera!
Lo empujó hasta el pasillo y cerró la puerta de golpe frente a su cara, dejándolo solo en la oscuridad, con los pétalos de rosas que él había puesto como único recuerdo de su fracaso. Neithan se quedó parado frente a la puerta cerrada, más confundido y destrozado que nunca, entendiendo al fin que, por más que diera, por más que amara, para ella él nunca había sido más que un juego que ya había terminado, y eso era casi imposible de contradecir...