Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 23
A la mañana siguiente, Dargan y yo nos preparamos para irnos; la verdad no hubo mucha preparación, y es que usaríamos sus sombras para viajar, por lo que no había mucho que preparar, además de que desde un inicio Dargan trasladó mis cosas hacia allá, por lo que solo nos cambiamos y listo, eso fue todo.
Llegado el momento, Dargan y yo nos tomamos de las manos y una sombra nos envuelve a ambos y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estamos en la otra mansión.
El lugar era realmente hermoso, nada que ver con la mansión que acabábamos de dejar atrás. El lugar tenía grandes ventanales por todos lados, así como varios balcones en alguna de las habitaciones. Era de un color crema, color natural de la piedra con la que estaba construida, y sus techos eran de color rojizo, el mismo color que lucían los marcos de las ventanas y las puertas. Este lugar no parecía un castillo de terror, sino todo lo contrario, parecía un hogar.
Los jardines, como los de la casa de los Láska, tenían senderos de piedra que los dividían en secciones, pero en su mayoría carecían de flores; solo había alguna que otra planta ornamental, pero sin mucha variedad de especies, y al verlo en mi cabeza ya había un sinfín de ideas de lo que podría hacer allí.
- Este lugar es hermoso; si así es por fuera, estoy ansiosa por ver cómo es por dentro – digo emocionada y me dispongo a entrar a la casa, pero antes de poder hacerlo, Dargan me toma en brazos y así ambos cruzamos el pórtico – veo que aprendes rápido – le digo a Dargan, para después darle un breve beso en los labios antes de bajarme.
Tal y como lo sospechaba el lugar por dentro es tan bello como lo es por fuera, el recibidor estaba muy bien iluminado, con una enorme lámpara de araña colgando del techo, el suelo era de losas de mármol color beige, y otras más pequeñas de color marrón que hacían un patrón muy lindo en el suelo, había cuatro mesas de madera con algunas estatuillas sobre ellas y una de las mesas tenía sobre ella, colgado en la pared un gran espejo con un marco de madera pintado de dorado con un hermoso diseño, las otras mesas tenían hermosos cuadros en los que podía verse bellos paisajes, y recordando todo lo que Dargan me ha dicho sobre su amor por la pintura, asumo que más de uno fue hecho por él.
Las paredes del recibidor, en su mayoría, estaban forradas de una madera de tono cálido, y las partes que no tenían madera eran de un color parecido al del suelo. La escalera era de piedra; por su color, asumo que está hecha de la misma piedra de la que fue hecha la mansión, y tenía un bello barandal tallado de madera que, aunque sencillo, era muy elegante. A lo largo de toda la escalera, había varios cuadros colgados, todos de paisajes.
- Tal y como sospechaba, es muy bello; este sí parece un hogar.
- Me alegra que te guste.
Tras sus palabras, Dargan invoca unas sombras, las cuales son las encargadas de llevar nuestras cosas a la que será nuestra habitación.
- ¿Aquí tampoco hay sirvientes? – le pregunto, aunque en el fondo ya sé la respuesta.
- No, no los hay.
- ¿Y no te desgasta mantener a tantas sombras? Digo, están estas, y asumo que debes dejar algunas en la otra casa para que la mantengan en buen estado; además, yo tengo una buena cantidad de sombras y me dijiste que mandaste sombras para cuidar a mi familia; a mi parecer, esas son muchas sombras que mantener.
- No, no me desgasta, y es que desde que despertaron mis poderes, solo he podido invocar el número de sombras que mi poder y mi cuerpo pueden mantener sin cansarme; es como si mi magia me impidiera sobreesforzarme, y créeme, desde hace más de 10 años que no he llegado a mi tope, así que las sombras que invoco no me causan desgaste alguno, aún son muy pocas para eso – me explica Dargan.
Yo escucho atentamente su explicación, y no puedo evitar recordar lo que Dios me mostró. En sus conquistas, Dargan nunca llevó soldados, solo sombras, miles y miles de ellas, quienes arrasaban con ejércitos y ciudades enteras; al fin y al cabo, las sombras no morían y nunca se cansan, eso fue lo que lo hizo tan peligroso, así que, si podía invocar a miles sin desgastarse, unas decenas, o incluso algunas centenas, no deben de ser nada para él.
- Eres impresionante – le digo, genuinamente admirada por su poder.
Ante mi comentario, Dargan solo se rasca la cabeza, un poco avergonzado por mi entusiasmo.
- No es para tanto.
- Claro que lo es, no seas modesto, eres sin lugar a duda la persona más increíble que he conocido, ¿y sabes qué es lo mejor?
- ¿Qué es lo mejor?
- Que eres mi esposo – le responde, para luego pasar mis brazos por detrás de su cuello y besarlo – ahora iré a preparar el desayuno, debemos de alimentarnos.
Me dirijo a la cocina, usando una de las sombras que me dio Dargan para guiarme, al llegar a la cocina quedo encantada con ella, y es que es muy grande y hermosa, el lugar es tan elegante como lo que he visto de la casa, las paredes y el piso son de mármol, algo bueno ya que es un material fácil de limpiar, todos los muebles son de madera en los que destacan algunos muebles en donde están los platos, vasos, tasas etc., los cueles lucen como obras de arte detrás de su vidriera de lo hermosos que son, todos los sartenes y cacerolas están acomodados y colgados en una de las paredes, y bajo estas hay un mueble en donde están el resto de los utensilios que se necesitan para cocinar, también hay una puerta que al abrirla me doy cuenta de que va directamente a la bodega de comida, la cual está vacía, no hay nada para hacer de comer aquí, por lo que me dirijo de vuelta a la cocina, en donde hay un mueble que no he revisado, y allí hay unas pocas cosas, con las que podre arreglármelas.
Preparo el desayuno rápidamente y mando a llamar a Dargan, con una sombra claro, y me dirijo al comedor, en donde comienzo a servir el desayuno. Al llegar al comedor, quedo impresionada con lo hermoso que es, la habitación tiene las paredes pintadas de rojo, que combina a la perfección con el techo crema y la chimenea del mismo color del techo, del techo cuelga una lámpara de araña de color dorado realmente hermosa, el piso es de madera, con una alfombra roja con un diseño intrincado en color marrón, beige y algo de azul, la mesa principal, así como otras más pequeñas que tenían sobre ellas juego de cristalería cada una, eran de madera, de un color similar a la del suelo, y por ultimo las sillas eran acojinadas de un color vino realmente elegante.
Tras examinar el comedor, contenta con lo que estoy viendo, dejo los platos sobre la mesa y espero a que Dargan llegue, lo cual no tarda mucho, y una vez los dos tomamos asiento, comenzamos a comer, siendo esta una hermosa y perfecta manera de pasar nuestra primera mañana en el que sería nuestro hogar a partir de ahora.