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Desde Siempre, TÚ

Desde Siempre, TÚ

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.

En silencio sin que nadie lo supiera.

El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.

Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.

Hasta que apareció Sofía Ferrer.

Hermosa y perfecta, su novia.

y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.

Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La reunion

Capítulo 22

La reunión

La mañana llegó demasiado rápido.

Valentina Rossi apenas había logrado dormir después de que las fotos de Chicago explotaran en todos los medios durante la madrugada.

Ahora todo el mundo sabía.

Las imágenes de ella y Alexander Beaumont en la terraza del hotel estaban en cada portal de noticias de Nueva York.

Las miradas cercanas.

La tensión evidente entre ambos.

La forma en que él la observaba.

Ya no quedaban demasiadas dudas para nadie.

Valentina observó su reflejo en el espejo del baño intentando reunir algo de valor.

Pero el miedo seguía ahí.

Porque en menos de una hora tendría que enfrentar a sus padres.

Y eso quizás era peor que enfrentar a la prensa.

El sonido del celular vibrando la obligó a salir de sus pensamientos.

Alexander.

Respondió inmediatamente.

—Hola.

La voz grave de Alexander Beaumont sonó cansada del otro lado.

—¿Dormiste algo?

Valentina soltó una pequeña risa nerviosa.

—¿Tú qué crees?

Alexander permaneció en silencio apenas unos segundos antes de hablar nuevamente.

—Voy a estar contigo hoy.

El corazón le dolió un poco.

Porque él realmente estaba intentando sostenerla en medio del desastre.

—No tienes que hacerlo.

—Sí tengo.

La firmeza inmediata en su voz hizo que cerrara los ojos un instante.

Dios.

Seguía mirándola como si nada alrededor importará lo suficiente para hacerle cambiar de idea.

—Mis padres quieren verte —murmuró ella

finalmente.

Hubo un pequeño silencio.

—Los míos también quieren matarme. Así que supongo que estamos equilibrados.

Aquello consiguió arrancarle una sonrisa real por primera vez en horas.

Y Alexander soltó el aire suavemente al escucharla.

Como si necesitara saber que todavía podía hacerla sonreír incluso ahora.

—Voy a pasar por ti en treinta minutos —dijo él finalmente.

—Alex…

—No pienso dejarte sola enfrentando esto.

Y antes de que pudiera discutir, cortó la llamada.

Valentina observó el teléfono unos segundos sintiendo el pecho apretarse lentamente.

Porque parte de ella seguía sin entender cómo el hombre que había amado durante años ahora estaba luchando por ella de aquella manera.

La mansión Rossi estaba extrañamente silenciosa cuando Valentina llegó junto a Alexander.

El trayecto en auto había sido casi tranquilo.

Casi.

Porque aunque ambos intentaban mantenerse serenos… la tensión seguía instalada entre ellos.

Alexander sostuvo suavemente su mano durante todo el camino.

Como si supiera que ella necesitaba recordar que no estaba sola.

Ahora, frente a las enormes puertas de la mansión familiar, Valentina sentía el corazón completamente descontrolado.

—Respira —murmuró Alexander acercándose apenas.

Ella levantó la vista hacia él.

Y por un segundo todo el miedo desapareció un poco.

Porque él seguía mirándola igual.

Con esa mezcla peligrosa de amor y determinación.

—Esto es culpa mía —susurró ella.

Alexander negó inmediatamente.

—No.

—Alex—

Él tomó suavemente su rostro entre las manos obligándola a mirarlo.

—Deja de intentar cargar sola con todo.

La cercanía de su voz hizo que el corazón le doliera.

Porque nadie jamás la había protegido así.

La puerta principal se abrió antes de que pudiera responder.

Y ahí estaba Giovanni Rossi.

El padre de Valentina.

Su expresión seria bastó para hacer que el aire se volviera pesado inmediatamente.

Sus ojos pasaron de su hija hacia Alexander.

Y la tensión llenó el enorme recibidor.

—Entren.

La voz fría de Giovanni hizo que Valentina tragara saliva lentamente.

El despacho familiar estaba exactamente igual que siempre.

Elegante. Impecable. Intimidante.

Pero aquella mañana el ambiente parecía todavía peor.

Luciana Rossi permanecía sentada junto al ventanal claramente afectada, mientras Matteo observaba la escena apoyado contra la pared.

Y todos miraban a Alexander.

Como si estuvieran intentando decidir qué hacer con él.

Giovanni tomó asiento detrás del escritorio antes de hablar finalmente.

—Supongo que ya saben el nivel de desastre que provocaron.

El silencio confirmó la respuesta.

Valentina sintió la mano de Alexander apretando suavemente la suya debajo de la mesa.

Un gesto pequeño.

Pero suficiente para darle fuerza.

—Nunca quise faltarle el respeto a su familia —dijo Alexander finalmente.

Giovanni soltó una pequeña risa sin humor.

—¿Y aun así besaste a mi hija mientras tenías novia?

La culpa atravesó inmediatamente el rostro de Alexander.

Porque no había defensa posible contra eso.

—Sí.

La honestidad absoluta sorprendió incluso a Matteo.

Alexander respiró profundo antes de continuar.

—Cometí errores. Lastimé personas que no merecían sufrir. Pero mis sentimientos por Valentina son reales.

Valentina sintió el pecho tensarse inmediatamente.

Porque escucharlo decir aquello frente a toda su familia hacía que todo se volviera todavía más real.

Luciana observó a Alexander algunos segundos antes de hablar suavemente.

—¿La amas?

Alexander ni siquiera dudó.

—Sí.

La respuesta cayó con fuerza dentro de la habitación.

Y Valentina sintió lágrimas acumulándose otra vez.

Porque después de tantos años escondiendo lo que sentía…

Ahora él lo decía frente a todos sin miedo.

Giovanni permaneció en silencio unos segundos observándolo cuidadosamente.

Como si intentara descubrir si estaba diciendo la verdad.

Finalmente apoyó ambas manos sobre el escritorio.

—Entonces dime algo, Beaumont.

Alexander sostuvo su mirada.

—¿Qué cosa?

Giovanni habló lentamente.

Con una seriedad que hizo que todo el cuarto quedara inmóvil.

—Cuando toda esta locura empeore… cuando la prensa los destruya y las familias les den la espalda…

Sus ojos se clavaron directamente en Alexander.

—¿Vas a seguir eligiendo a mi hija?

El silencio fue absoluto.

Y Valentina dejó de respirar esperando la respuesta.

Pero Alexander volvió a hacer lo mismo que desde el principio.

Elegirla sin dudar.

—Todos los días.

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