NovelToon NovelToon
BAJO LAS LUCES DE NEÓN

BAJO LAS LUCES DE NEÓN

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:419
Nilai: 5
nombre de autor: Mateo Gómez

En una ciudad gris donde la lluvia parece no terminar nunca, dos chicos completamente distintos terminan cruzando caminos en un instituto marcado por el silencio, los rumores y la soledad.
Kai es un joven reservado y rebelde que suele escapar al techo del colegio para tocar su guitarra lejos del ruido del mundo. Detrás de su actitud fría guarda heridas, secretos y una tristeza que casi nadie nota.
Noah, en cambio, parece más tranquilo y observador. Es nuevo, callado y diferente al resto. Desde el primer momento siente que hay algo extraño en Kai… algo roto, pero también auténtico.
Mientras ambos comienzan a acercarse lentamente bajo cielos grises y luces nocturnas de la ciudad, empiezan a ocurrir situaciones inquietantes: sombras observándolos, rincones oscuros del instituto y presencias que parecen seguirlos cuando cae la noche.
Entre música, lluvia, conflictos escolares y emociones que ninguno sabe expresar, Kai y Noah descubrirán que algunas personas llegan a tu vida justo cuando es

NovelToon tiene autorización de Mateo Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que no decimos

Despertaron tarde.

O más bien, despertó Noah.

Kai seguía dormido con la cabeza apoyada en su hombro, la respiración pareja, el rostro relajado de una forma que Noah no le había visto antes.

La luz gris del amanecer se colaba por las cortinas mal corridas.

El apartamento seguía en silencio, pero ya no era ese silencio pesado de la noche anterior.

Era un silencio limpio.

Como después de la tormenta.

Noah no se movió.

Tenía el brazo dormido, la espalda rígida, pero no le importó.

Mirar a Kai así valía cualquier incomodidad.

Kai se despertó unos minutos después, despacio, como si no quisiera romper el momento.

Parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de dónde estaba.

Cuando lo hizo, se separó de golpe, como si le quemara.

—Mierda. Perdón —muró, pasándose la mano por la cara.

Noah se encogió de hombros, frotándose el brazo adormecido.

—No pasa nada.

Kai evitó mirarlo a los ojos.

Se levantó del sofá con movimientos torpes, se pasó los dedos por el pelo y caminó hacia la cocina como si necesitara poner distancia entre los dos.

Noah lo siguió con la mirada.

Había algo distinto en él esa mañana.

Más contenido.

Como si después de mostrarse vulnerable, ahora no supiera qué hacer con eso.

Kai apoyó las manos en la mesada y suspiró largo.

—No deberías haberte quedado toda la noche.

Noah se incorporó, estirándose.

—Ya lo hice.

—Sí, ya lo hiciste —repitió Kai bajo, casi para sí mismo.

Hubo una pausa corta, incómoda.

—No sos mi responsabilidad.

Noah se levantó del sofá y caminó hasta quedar a su lado, sin tocarlo.

—No dije que lo fueras.

Kai lo miró de reojo, la mandíbula tensa.

—Entonces no actúes como si lo fuera.

Noah frunció el ceño.

—¿Y cómo querés que actúe, Kai?

¿Que te vea así y me vaya como si nada?

Kai apretó los labios.

No respondió.

Porque no tenía respuesta.

El silencio volvió a caer entre ellos, pero esta vez era distinto al de anoche.

Antes era contención.

Ahora era distancia.

Noah se pasó la mano por el pelo, exhalando con frustración.

—Mirá, no sé qué se supone que hagamos con esto.

Pero no voy a fingir que no pasó.

Kai cerró los ojos un segundo.

—Yo tampoco quiero fingir.

Hizo una pausa.

—Por eso da miedo.

Noah se quedó quieto.

Esa frase lo desarmó más que cualquier cosa que Kai hubiera dicho la noche anterior.

Da miedo.

Porque importaba.

Porque si se equivocaban, dolía el doble.

Kai se separó de la mesada y caminó hacia su cuarto sin mirar atrás.

—Voy a ducharme.

Tenés que irte al liceo en una hora.

Noah lo vio desaparecer por el pasillo y se quedó solo en la cocina.

El café de anoche seguía frío en la taza.

No lo tocó.

Salió a la sala y recogió su mochila del suelo.

El apartamento estaba ordenado, limpio.

No quedaba rastro de lo que había pasado unas horas atrás, excepto por la manta doblada sobre el sofá y el cansancio en su propio cuerpo.

Cuando Kai salió del baño, ya se había puesto el uniforme.

Tenía el pelo mojado y la cara lavada, y por un segundo volvió a ser el chico de siempre.

El que sonreía fácil y hacía bromas para no pensar demasiado.

—No llegues tarde —dijo, tirándole una manzana desde la mesada.

Noah la atrapó al vuelo.

—Vos tampoco.

Kai asintió apenas.

Salieron juntos, bajaron las escaleras en silencio, y caminaron las primeras cuadras sin hablar.

Era raro.

Ayer podían estar callados y sentirse cerca.

Hoy el silencio pesaba.

Cuando llegaron a la esquina del liceo, Kai se detuvo.

—No digas nada en el cole, ¿sí?

Noah lo miró.

—No iba a hacerlo.

Kai asintió, aliviado.

—Bien.

Hizo una pausa.

—Gracias. Por ayer.

Noah se metió las manos en los bolsillos.

—No me las des.

Kai sonrió apenas, esa sonrisa torcida que usaba cuando no sabía qué más decir.

—Nos vemos adentro.

Se separaron ahí.

Noah lo vio entrar al patio con la capucha puesta y las manos en los bolsillos, como si nada hubiera cambiado.

Pero había cambiado.

Para los dos.

Las clases pasaron lentas.

Noah no podía concentrarse.

Cada vez que miraba hacia el fondo del aula, Kai estaba ahí, dibujando en el margen del cuaderno, riéndose bajo con los de atrás, actuando normal.

Demasiado normal.

En el recreo subieron a la azotea como siempre.

Pero esta vez no se sentaron juntos de inmediato.

Kai se apoyó contra la reja, mirando la ciudad.

Noah se quedó a un metro de distancia, con las manos en los bolsillos.

—¿Estás enojado? —preguntó Kai al final.

Noah negó con la cabeza.

—No.

Estoy confundido.

Kai exhaló largo.

—Yo también.

Noah dio un paso adelante.

—Entonces hablemos.

No podemos quedarnos así.

Kai lo miró, y por un segundo la máscara se resquebrajó otra vez.

—Tengo miedo de cagarla, Noah.

Tengo miedo de que si te dejo acercarte de verdad, cuando mi viejo vuelva a romper todo, vos también te rompas conmigo.

Noah sintió el pecho apretarse.

—Yo decido hasta dónde me acerco.

Y ya decidí.

Kai bajó la mirada.

—No sos justo.

—No intento serlo —respondió Noah.

—Intento quedarme.

Kai no dijo nada.

Solo asintió, lento, como si estuviera aceptando algo que no sabía si podía sostener.

Sonó el timbre.

Tuvieron que bajar.

El día siguió igual por fuera.

Clases, profesores hablando, compañeros riéndose.

Pero por dentro, algo se había movido.

Cuando salió el sol, Kai se despidió con un “nos vemos” corto y se fue sin esperar.

Noah se quedó en la esquina un rato, mirando cómo se alejaba.

No sabía si había avanzado o retrocedido.

Solo sabía que no quería dejarlo ahí.

Así que al llegar a casa, le escribió un mensaje simple:

_“Hoy estuviste raro. Mañana lo arreglamos.”_

Tardó una hora en responder.

Solo puso: _“De acuerdo.”_

Y con eso, Noah se fue a dormir un poco más tranquilo.

Porque aunque no supieran qué eran,

al menos seguían eligiéndose.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play