Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 18
ALANA DÍAZ
No pude dormir pensando en Leonardo.
Jueves, día de ir a la universidad, tenía que avanzar con la tesis.
Llegando a la universidad el decano me mandó a llamar. Cloe venía saliendo de la oficina llevaba los ojos rojos.
—No creas que esto se quedara así. Maldita hija de p***.
No le respondí. Entré a la oficina.
— Buenos días, Alana. No sé si te encontraste con la señorita Cloe. La resolución del consejo, es la siguiente se encontró que Cloe, estudiante de 2do año de economía, realizaba publicaciones difamando la dignidad de varias chicas mediante una página que ella misma creó. Por lo tanto, queda expulsada de esta universidad. Usted continúa estudiando. No se le aplicará ninguna sanción solo un llamado a la cordura y a la comunicación cuando sucedan estos hechos.
Llevé mi mano a mi boca, quería tapar mi alegría. Por fin, se hace justicia.
— Gracias profesor. Gracias. Gracias. Me retiro.
Salí de la oficina del profesor con mi frente en alto.
Ella estaba con su amiga, quien la consolaba.
Pasé a un lado. Me jaló del brazo.
— Usaste tu influencia.
— Suéltame. No quiero problemas.
— A mí me da igual, de todas formas lograste que me expulsaran. Pero esto no se quedará así. Te juro que no.
— OK — me solté.
Alex se acercaba.
—¿Estás bien? ¿Te hizo daño?
— No. Vamos a la biblioteca. Avancemos con la tesis.
— Se ha regado como pan caliente el chisme de la expulsión. ¿Es cierto?
—Sí. La verdad salió a la luz.
Llegamos a la biblioteca. Alex sacó su computador y empezamos a trabajar.
Después de un rato Alex tocó mi mano. Yo la quité.
— Perdón. Quería decirte algo desde hace algún tiempo.
— Si es una declaración de amor, abstente por favor. No quiero perder a mi compañero de tesis.
Él me miró un poco sorprendido. Pero aunque sea distante o reservada o sin experiencia, ya había notado en él, una mirada similar a la que Leonardo pone. Y en estos momentos mi mente y mi corazón son solo para Leo.
— Me sorprendes. Eres muy observadora. Está bien. Me detengo aquí. Me rechazaste sin haberme confesado. Wao, me siento avergonzado.
— Creo que por hoy fue suficiente.
Salimos de la biblioteca.
— Tranquilo Alex, recuerda que la tesis es importante. Así que no te enfoques en lo malo.
—Tranquila. No soy ese tipo de hombres. Aprecio tu sinceridad. Nuestra meta es la tesis.
— Así es.
Aunque parece maduro. Se fue triste. De cierta manera, me siento mal por él, tal vez si se hubiese declarado antes o fuera mostrado señales, en estos momentos estaría saliendo con él y no con Leonardo. Pero llegó tarde.
Iba a mi departamento a almorzar y a descansar un poco. Cuando cruzando la calle un carro salió de la nada y me catapultó a varios metros. Mi celular se dañó por completo, mi brazo izquierdo me dolía un montón. El auto se dio a la fuga. No pude fijarme en la placa. Empezarlo a rodearme varios estudiantes. Al poco rato la ambulancia llegó y me llevó al hospital.
Me desmayé del dolor.
Cuando desperté mi brazo estaba con yeso (escayola). El dolor era bastante fuerte.
Una doctora entró y me revisó.
—¿Cómo te sientes?
— Adolorida.
—Alguien que pueda venir a cuidarte.
Quisimos contactarnos con alguien desde tu celular pero no enciende.
— No soy de aquí. Vivo sin familia. ¿Me darán de alta?
— Tienes muchos golpes por el impacto, además de dos costillas rotas y el brazo. Estarás en observación por 48 horas para ver como respondes al medicamento. Por eso, necesito que venga alguien a cuidarte.
— No se preocupe, yo respondo por mí. Puede traerme mi celular, tal vez pueda lograr encenderlo.
Ella lo sacó de la bolsa de la gabacha. Cualquier cosa, me llamas. Estaré atenta.
No pude encender el celular con una mano. Intenté recordar el número de Leonardo pero fue imposible.
LEONARDO SALVATORE
Día viernes, 10 de la mañana. Desde el día de ayer no he podido contactarme con Alana. Fui a su departamento y el señor de la seguridad me dijo que ella no llegó a dormir. Y hoy no se ha presentado a la empresa. La he llamado más de 10 veces y nada.
Llamé a mi secretaria a la oficina.
— Cancela la reunión de hoy y posponerlo para la próxima semana.
— Está bien.
Salí de la oficina. Fue otra vez al departamento para ver si ella estaba. El señor me dijo lo mismo que ella no había llegado.
Piensa Leonardo, piensa.
Me fui a la universidad para ver si ella estaba ahí. Fui directo a la oficina del decano.
— Buenos días, profesor. Hoy no se ha presentado la pasante Alana. Y la he llamado y no contesta.
— Alana, ayer fue atropellada. Ella debe estar en el hospital o en su casa.
— ¿Qué hospital, sabe a cuál se la llevaron?
— No.
Maldita sea. Salí de la oficina. Llamé a mi secretaria y le pedí que llamara a todos los hospitales de la ciudad preguntando si tenían de paciente a Alana Díaz.
Me subí a mi auto. Me sentía intranquilo y ansioso.
Mi secretaria me llamó. Contesté rápido. Me dio el nombre del hospital.
A pesar de que mi cuerpo me temblaba, conduje hasta el hospital. La enfermera me llevó al cuarto donde ella estaba.
Cuando entré Alana dormía. Tenía su brazo enyesado varios golpes tanto en el brazo como en la cara.
Una doctora entró.
— ¿Usted es algún familiar de la joven?
— Soy su novio.
— Ella está desde ayer por la tarde. Tiene una fractura en el brazo y dos costillas rotas además de los hematomas visibles. Debe quedarse otras 24 horas para su observación.
— Atiéndala lo mejor posible, yo me haré cargo de su cuenta médica.
— Usted será su tutor.
—Sí.
La doctora salió. Yo me acerqué a la cama. Le acaricié la cabeza.
Mi niña, solo tragedias te pasan. Es como si naciste sin tu estrella.
Le di un beso en la frente. Ella abrió los ojos. Se veía cansada y adolorida.
— Leo. Viniste.
— Sí. Me preocupaste mucho. Te llamé varias veces y tu celular sale como si está apagado.
— Ahí está en la mesa. Se dañó por completo. Quise buscar tu número porque no me lo sé aún.
—Descansa. Aquí me quedaré hasta que te den de alta.
Ella sonrió y cerró sus ojos.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar