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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 22. Bajo las Velas Doradas.

......................

El salón principal de la residencia Ardent brillaba bajo una luz cálida y cuidadosamente calculada.

Candelabros de cristal colgaban del techo alto reflejando destellos dorados sobre mármol claro, copas de plata y vestidos elegantes. Las conversaciones flotaban suavemente entre mesas largas cubiertas con porcelana fina y arreglos de flores blancas.

Todo parecía delicado.

Seraphine sabía mejor que nadie que aquello era una mentira.

Las reuniones nobles nunca eran delicadas.

Solo escondían mejor los cuchillos.

La joven permanecía sentada junto a Evelyne mientras varios sirvientes servían té oscuro en tazas decoradas con detalles dorados.

Alrededor, las hijas e hijos de las grandes familias conversaban con sonrisas perfectamente ensayadas.

Y aun así, debajo de toda aquella elegancia, Seraphine podía sentir tensión.

Siempre había tensión.

Lady Marianne Delcroft hablaba animadamente sobre la temporada social de invierno mientras otras jóvenes escuchaban con aparente interés.

—Dicen que habrá bailes en la capital antes del deshielo.

—Mi madre insiste en que iremos —respondió otra chica rubia—. Aunque odio los bailes.

—Solo los odias porque nadie te pidió la última danza el año pasado —dijo alguien entre pequeñas risas.

Marianne sonrió detrás de su taza.

—No todas tenemos un ejército detrás como los Valemont.

Varias miradas se dirigieron inmediatamente hacia Seraphine.

Ahí estaba.

El verdadero comentario.

Siempre llegaba eventualmente.

Seraphine sostuvo la taza con calma absoluta.

—Un ejército es útil. Especialmente cuando las conversaciones empiezan a parecer ataques disfrazados.

La mesa quedó silenciosa apenas un segundo.

No incómodo.

Tenso.

Marianne sonrió rápidamente.

—No intentaba ofenderte.

—Lo sé.

Mentira parcial.

Pero la conversación siguió adelante antes de escalar más.

Evelyne ni siquiera miró a su hermana, aunque Seraphine alcanzó a notar una pequeña curva satisfecha en sus labios.

Aprobación silenciosa.

Extraño.

Porque Evelyne rara vez mostraba algo tan cercano al apoyo.

Del otro lado del salón, varios hombres jóvenes discutían asuntos militares y política comercial mientras nobles mayores observaban discretamente las interacciones entre familias.

Evaluando.

Siempre evaluando.

Seraphine detectó inmediatamente algo importante:

ella estaba siendo observada constantemente.

Por mujeres. Por madres nobles. Por hombres jóvenes.

Por posibles alianzas.

La sensación era desagradable.

No porque la intimidara.

Sino porque entendía perfectamente qué significaba.

Estaban intentando decidir qué clase de persona era.

Y peor aún: qué tan útil podía resultar.

Más tarde, cuando la conversación general comenzó a dispersarse entre pequeños grupos privados, Seraphine aprovechó para alejarse discretamente hacia uno de los balcones interiores.

Necesitaba aire.

La residencia Ardent comenzaba a sentirse sofocante.

Abrió apenas las puertas de cristal y salió al balcón cubierto.

El frío invernal golpeó inmediatamente su rostro.

Mejor.

Abajo, los jardines nevados permanecían silenciosos bajo la tarde gris.

El viento movía lentamente las ramas desnudas de los árboles mientras algunas luces comenzaban a encenderse dentro de pequeños faroles exteriores.

Por primera vez en horas, pudo respirar sin sentir veinte miradas encima.

—Empiezas a desaparecer cada vez que una habitación tiene demasiada gente.

Seraphine cerró los ojos un segundo antes de girarse.

Aeron.

Otra vez.

Era irritante lo silencioso que podía ser.

Él se apoyó ligeramente contra el marco de la puerta sin invadir demasiado el espacio.

—¿Siempre apareces sin hacer ruido?

—No suelo anunciarme.

—Eso explica muchas cosas.

Una pequeña sonrisa apareció apenas en él.

Muy leve.

Aeron observó el jardín nevado.

—Pareces incómoda aquí.

—Porque lo estoy.

La honestidad salió antes de decidir ocultarla.

Eso la irritó inmediatamente.

Pero Aeron no pareció sorprendido.

—La mayoría de estas personas llevan años practicando cómo mentir sonriendo.

—Y aun así siguen siendo bastante malas.

Eso provocó una risa baja en él.

Real.

No educada.

Seraphine lo miró apenas de reojo.

Era extraño.

Aeron seguía siendo difícil de leer, pero comenzaba a notar ciertas cosas: no buscaba impresionar, no competía constantemente, y parecía cansarse igual que ella de las conversaciones vacías.

Eso lo hacía más peligroso.

Porque la gente observadora y silenciosa rara vez era simple.

El viento frío cruzó nuevamente el balcón.

Aeron habló otra vez.

—Kael Monterris parece interesado en ti.

Seraphine arqueó apenas una ceja.

—¿Eso te preocupa?

—No.

Respuesta inmediata.

Demasiado rápida quizá.

Él continuó:

—Solo parece el tipo de persona que habla antes de pensar.

—La nobleza está llena de hombres así.

—Sí. Pero normalmente esconden mejor que son idiotas.

Esa vez Seraphine sí sonrió apenas.

Pequeño error.

Porque Aeron la observó unos segundos más de lo normal después de eso.

Y por primera vez desde que lo conocía, pareció bajar un poco la guardia.

Solo un poco.

—Ah, así que sí sabes sonreír.

La frase hizo que Seraphine recuperara inmediatamente compostura.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Silencio breve.

Incómodo. Pero no desagradable.

Eso era nuevo.

Y precisamente por eso la puso alerta.

Entonces escucharon voces acercándose desde el interior.

Kael apareció primero, todavía con esa energía relajada casi irritante.

—Perfecto. Ya empezaba a pensar que ustedes dos escaparon para conspirar contra la nobleza.

Aeron suspiró apenas.

—No todo es una conspiración.

—Hablas como alguien involucrado en varias.

Kael se acercó al balcón sosteniendo una copa de vino.

—Madre Ardent está organizando un pequeño juego social antes de la cena.

Seraphine sintió inmediatamente cansancio anticipado.

—Eso suena horrible.

—Lo será —respondió Kael alegremente—. Por eso vine a salvarlos antes de que Marianne Delcroft empiece a recitar poesía otra vez.

—¿Recita poesía? —preguntó Aeron.

Kael hizo una mueca.

—Peor. Cree que escribe bien.

Eso casi hizo reír a Seraphine otra vez.

Casi.

El supuesto “juego social” resultó ser exactamente tan agotador como esperaba.

Todos fueron reunidos en uno de los salones secundarios iluminados por enormes chimeneas y velas doradas. Varias mesas pequeñas habían sido acomodadas formando círculos elegantes mientras sirvientes repartían vino especiado y pequeños postres.

Madre Superiora Ardent observaba el salón desde una silla elevada como si dirigiera discretamente un tablero político humano.

Probablemente lo hacía.

—La idea es simple —explicó la mujer con una sonrisa tranquila—. Conversarán en grupos rotativos. Es importante aprender a conocer a quienes podrían formar parte de su futuro.

Matrimonios.

Alianzas.

Negocios.

Todo disfrazado de entretenimiento.

Perfecto.

Seraphine terminó sentada junto a: Kael Monterris, Lady Marianne, Aeron, y otra joven noble llamada Elise Vernhart.

Elise parecía tranquila. Demasiado tranquila comparada con el resto.

Cabello oscuro recogido cuidadosamente y ojos grises observadores.

No hablaba mucho.

Eso hizo que Seraphine la notara inmediatamente.

Marianne comenzó la conversación.

—Entonces… ¿qué harían si pudieran abandonar completamente sus obligaciones nobles?

Kael respondió primero.

—Dormir.

Varias pequeñas risas aparecieron alrededor.

Aeron tomó una copa.

—Eso no cuenta como ambición.

—Claro que sí. Es una excelente ambición.

Marianne giró hacia Seraphine.

—¿Y tú?

Seraphine sostuvo la mirada unos segundos.

La respuesta real jamás podría decirla.

Construir poder. Encontrar brujas. Sobrevivir.

Así que respondió otra cosa.

—Viajar.

No era mentira completa.

Los ojos de Aeron se dirigieron inmediatamente hacia ella.

Interesado.

Marianne sonrió.

—¿En serio? Pensé que los Valemont odiaban salir de sus fortalezas heladas.

—A veces las fortalezas se vuelven prisiones.

El silencio cayó apenas un instante.

Kael la observó con algo parecido a comprensión.

Interesante.

Pero fue Elise quien habló inesperadamente.

—La gente que crece encerrada suele aprender a observar mejor que los demás.

Todos la miraron.

Porque era la primera vez que decía algo desde que comenzó la actividad.

Y Seraphine sintió algo extraño inmediatamente.

La forma en que Elise la observaba no parecía superficial.

Parecía cuidadosa.

Analítica.

No igual que Aeron.

Distinta.

Más silenciosa.

Más peligrosa quizá.

Marianne rompió rápidamente la tensión.

—Bueno, yo preferiría vivir en la capital. Aquí todo es demasiado frío.

Kael sonrió.

—La capital también está llena de serpientes. Solo usan mejores perfumes.

La conversación siguió avanzando entre comentarios ligeros y discusiones sobre familias nobles, viajes y política.

Pero Seraphine seguía notando algo.

Elise la observaba demasiado.

No constantemente.

Eso habría sido evidente.

Pero sí lo suficiente.

Como si estuviera buscando algo específico.

Y eso empezó lentamente a incomodarla.

Horas más tarde, cuando finalmente comenzó la cena formal, el ambiente cambió.

Más serio.

Los nobles mayores tomaron protagonismo mientras las conversaciones políticas comenzaron a mezclarse con vino y sonrisas tensas.

Seraphine permanecía sentada junto a Evelyne escuchando conversaciones fragmentadas.

Comercio. Fronteras. Rumores sobre la Orden de la Llama.

Ese último tema hizo que el ambiente se enfriara ligeramente en varias mesas.

—La Iglesia está movilizando más inquisidores hacia el norte —comentó un lord canoso.

—Dicen que encontraron actividad ilegal cerca de las montañas grises —respondió otro.

—Brujas probablemente.

La palabra atravesó el cuerpo de Seraphine como hielo.

Pero mantuvo el rostro completamente inmóvil.

Evelyne bebió un poco de vino.

—La Iglesia siempre necesita enemigos nuevos.

La mesa quedó silenciosa un segundo.

Comentario peligroso.

El lord canoso soltó una pequeña risa incómoda.

—Cuidado, lady Evelyne. Algunos podrían considerar eso blasfemia.

—Entonces espero que sepan apreciar el humor.

Varias sonrisas tensas aparecieron.

La conversación cambió rápidamente de tema.

Pero Seraphine sintió algo importante:

el miedo seguía creciendo.

Incluso lejos de Valemont.

La Iglesia estaba moviéndose.

Y si las cartas ocultas bajo el castillo eran ciertas…

Muchas familias nobles tenían motivos para entrar en pánico.

Entonces ocurrió algo pequeño.

Pero suficiente para helarle lentamente la sangre.

La vela frente a ella proyectó una sombra larga sobre la mesa.

Y la sombra se movió.

Sola.

Muy apenas.

Pero lo suficiente.

Seraphine sintió inmediatamente el frío bajo su piel.

No.

No aquí.

Controla las emociones.

Desvió lentamente la mirada intentando respirar normal.

Nadie parecía haberlo notado.

Excepto quizá…

Aeron.

Porque cuando levantó la vista, él ya la estaba observando.

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