fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 13: Domingo
Era domingo. Se dieron cuenta porque Cabrera no puso la radio a las seis.
Durmió hasta las ocho y media. Un récord. Cuando bajó ya estaba el café hecho y había olor a pan tostado. No quemado. Tostado.
Felix estaba en el living. Sentado en el sillón gigante. No en el borde. Sentado. Con los pies arriba de la mesa ratona. Las zapatillas puestas. Desafío a la casa. La casa no dijo nada.
Miraba la tele. Apagada. Solo la miraba.
Newt se sirvió café y fue hasta ahí. Se paró al lado del sillón. "¿Qué mirás?"
"Nada", dijo Felix. "No sé usarla."
Era verdad. El control remoto tenía más botones que el tablero de un avión. En el depto tenían una tele chica con dos canales y se cambiaba dándole un golpe al costado.
Cabrera apareció con un plato. Dos tostadas, manteca, mermelada. Lo dejó en la mesa ratona, al lado de los pies de Felix. No dijo nada de los pies. "El control está al revés, chico."
Felix lo agarró. Lo dio vuelta. Apretó un botón. La tele se prendió. Volumen al máximo. Publicidad de colchones. Los tres pegaron un salto.
Las sombras también. _¡RUÍDO! ¡GUERRA! Ah, no. Tele. Embole._
Cabrera bajó el volumen. "Ahí. Ahora cambiás con las flechas."
Felix tocó las flechas. Pasaron por un noticiero, un partido de hace tres días, una novela, dibujitos. Lo dejó en los dibujitos. Un perro azul.
Nadie dijo nada de cambiarlo. Se quedaron mirando el perro azul.
Newt se sentó en el otro sillón. No hundía tanto si no te tirabas. Comió una tostada. Cabrera se fue a su cuarto a "hacer cuentas", que era como decía "dejarlos solos sin que se note".
Quedaron los dos. Mirando el perro azul. Tomando café.
"En el depto no teníamos sillón", dijo Newt después de un rato.
"Ya sé", dijo Felix. "Teníamos el piso."
"Este está bueno", dijo Newt. Le dio una patada al suyo. Se hundió y volvió. "Para estar al pedo."
"Estamos al pedo", confirmó Felix.
Las sombras bostezaron. _Domingo. El día más al pedo de todos. Ni para tentar servimos hoy. Hace calor._
Afuera, el jardín pelado se calentaba con el sol. Sin yuyos no había sombra. Adentro, con el aire prendido, estaba fresco. Casi lindo.
El perro azul terminó. Empezó un gato naranja. Tampoco lo cambiaron.
El teléfono de Newt vibró en la mesa. Número desconocido. Lo miraron los dos. No se movieron. Dejaron que sonara hasta que cortó. No devolvieron la llamada.
Después vibró el de Felix. Mismo número. Tampoco atendió.
El de Cabrera no sonó. Cabrera no le daba el número a nadie.
"Debe ser el tío", dijo Newt. No sonó preocupado. Sonó aburrido.
"Debe", dijo Felix. Le dio un sorbo al café. "Que llame."
El gato naranja resolvía un misterio. No entendieron nada porque no vieron el principio. No importaba.
A la hora, Cabrera volvió. "Las viandas de Marta llegan en un rato. Pollo al horno con papas. Dijo que si no nos gusta, la echemos."
"Nos gusta", dijo Felix antes que Newt. Tenía hambre.
Cabrera asintió y se fue a abrir el portón cuando llegaran. No les pidió permiso. Ya era rutina.
Newt estiró las piernas. Tenía las zapatillas puestas adentro de la casa. Antes no podía. El piso del depto estaba frío y sucio. Este estaba limpio. Podía, pero no se las sacó.
"Che", dijo Felix. Sin mirar. Señalando la tele con la taza. "¿Vos entendés qué pasa?"
"Ni idea", dijo Newt. "El gato es detective, creo."
"Ah."
Siguieron mirando.
No pasó nada más. Marta dejó las viandas. Cabrera las probó. Almorzaron en la cocina, parados, como siempre. El pollo estaba bueno. Las papas mejor.
A la tarde Felix se fue a revisar el portón. Por costumbre. Newt se quedó en el sillón. Se quedó dormido veinte minutos. Sin sueños. Sin sombras jodiendo.
Cuando se despertó, Felix estaba de vuelta. Sentado. Mirando una carrera de autos.
No hablaron de tíos. No hablaron de amenazas. No hablaron de sombras.
Era domingo. Y por primera vez en cuatro años, se sintió como domingo.