Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Vestido
El silencio que quedó en la oficina…
Fue distinto a cualquier otro.
Pesado.
Denso.
Incómodo.
No por falta de palabras.
Sino por lo que había en ellas.
El conde Archer la observaba.
Eloise seguía sentada frente a él.
Con los ojos húmedos.
Las lágrimas aún cayendo en silencio.
Sin dramatismo.
Sin exageración.
Solo… dolor.
Real.
Contenido.
Él sabía lo que tenía que hacer.
Era lo lógico.
Lo correcto.
Lo necesario.
[Debo decirle que se vaya.. es lo mejor]
La reunión estaba cerca.
Los rumores creciendo.
Las familias observando.
Todo indicaba lo mismo.
Pero… No lo dijo.
Había visto a muchas personas llorar.
Suplicar.
Rogar.
Había escuchado promesas, mentiras, gritos.
Y nunca…
Nunca le había afectado.
Pero ahora… No pudo.
Simplemente… No pudo.
Desvió ligeramente la mirada.
Como si eso ayudara a ordenar algo dentro de él.
Y habló.
Pero no dijo lo que debía.
—En dos días habrá una reunión en la mansión.
Su voz fue firme.
Controlada.
—Prepárate.
Eso fue todo.
Eloise parpadeó.
Una vez.
Como saliendo de ese lugar oscuro al que había ido en sus recuerdos..
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
Respiró hondo.
Y entonces..
Sonrió.
Así de fácil.
Así de rápido.
Como si la tristeza… no pudiera quedarse mucho tiempo en ella.
—¡Entonces seré su acompañante!
Su voz volvió a ser ligera.
Casi brillante.
El conde frunció apenas el ceño.
—No es—
Iba a aclararlo.
No era una cita.
No necesitaba acompañante.
No quería…
Pero no alcanzó.
—¡Gracias por invitarme!
Eloise se puso de pie.
Totalmente decidida.
—Me veré preciosa.
Lo dijo con una seguridad tan natural…
Que no sonó arrogante.
Solo… sincera.
El conde abrió la boca.
Pero ninguna palabra salió a tiempo.
Porque ella ya estaba caminando hacia la puerta.
—Nos vemos luego, conde.
Y salió.
Como siempre.
Ligera.
Sin notar lo que dejaba atrás.
El conde se quedó en silencio.
Mirando la puerta cerrada.
Otra vez. No había podido detenerla.
Ni corregirla.
Ni explicarse.
—Increíble…
Afuera..
El mayordomo la vio de inmediato.
Y su expresión cambió.
—Mi lady…
Sus ojos se detuvieron en los de ella.
Rojos. Ligeramente hinchados.
—¿Se encuentra bien?
Eloise negó suavemente.
Pero sonrió.
—No es nada.
Y antes de que pudiera insistir..
—Pero necesito su ayuda.
El mayordomo se enderezó.
Atento.
—Para la reunión.
Pequeña pausa.
—Seré la acompañante del conde.
Silencio.
El mayordomo no lo dijo.
Pero algo en su interior…
Se iluminó.
—Por supuesto, mi lady.
Su voz fue impecable.
Pero su satisfacción era evidente.
—Me encargaré de todo.
Eloise sonrió.
Agradecida.
—Gracias.
Y entonces..
Rió.
Suave.
Ligera.
Como siempre.
Desde dentro de la oficina…
El conde alcanzó a escucharla.
Se detuvo un segundo.
Sin moverse.
[Está demasiado feliz]
Por algo tan simple.
Por acompañarlo.
Por estar ahí.
Y por primera vez…
Esa risa no le resultó tan molesta.
No del todo.
Minutos después..
El mayordomo entró.
—Mi señor, respecto a la reunión..
—No exageres.
La instruccion fue inmediata.
—Mantén todo simple.
El mayordomo lo miró.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No asintió de inmediato.
—Mi señor… Llevo más de cincuenta años sirviendo en la mansión Archer.
El conde lo miró.
—Así que… quizás esta vez…
Una leve inclinación de cabeza.
—No le haré tanto caso.
El conde lo sostuvo con la mirada.
Y luego..
Suspiró.
—Haz lo que quieras.
Porque en el fondo…
Sabía que ya no tenía control total de la situación.
El mayordomo se retiró.
Satisfecho.
Y el conde Archer…
Volvió a su escritorio.
A sus documentos.
A su rutina.
Pero su mente…
No estaba completamente ahí.
Porque entre números, informes y estrategias…
Aparecía una imagen.
Una sonrisa.
Una risa.
Y una certeza incómoda.. Eloise Knapp…
Se estaba quedando más de lo que debía.
No en la mansión.
Sino en su cabeza.
Y eso… Era un problema mucho más difícil de resolver.
Dos días después…
La mansión Archer estaba irreconocible.
No en estructura.
No en orden.
Sino en ambiente.
Había movimiento.
Preparativos.
Detalles cuidados que no eran habituales.
Y todo… bajo la supervisión de un mayordomo que claramente no había ignorado nada.
El conde Archer terminó de ajustarse los guantes cuando algo llamó su atención.
Su capa.
La observó un segundo más de lo normal.
Frunció el ceño.
Rojo.
Pero no uniforme.
Un lado tenía un bordado fino.
Elegante.
El otro…
Liso.
Distinto.
—¿Qué es esto?
Su voz fue baja.
Pero suficiente.
El mayordomo apareció casi de inmediato.
—Mi señor.
—¿Por qué mi capa tiene dos tonos?
El mayordomo no dudó.
—He utilizado parte de la tela.
Silencio.
—¿Para qué?
—Para un vestido.
El conde lo miró.
Sin entender.
—¿Qué vestido?
Y entonces..
—El de lady Eloise.
Silencio.
Breve.
Pero suficiente para que algo no encajara.
—¿…qué?
No tuvo tiempo de procesarlo.
Porque en ese momento..
La vio.
Eloise.
De pie al final del pasillo.
Bajo la luz cálida de los candelabros.
Su cabello morado oscuro caía suelto sobre sus hombros.
Más brillante.
Más vivo.
Y el vestido…
Rojo.
Del mismo rojo profundo que su capa.
Con detalles bordados que coincidían.
Como si ambas piezas…
Hubieran sido hechas para ir juntas.
No era exagerado.
No era ostentoso.
Pero sí…
Llamativo.
Elegante.
Y en ella..
Inesperadamente perfecto.
El conde se quedó quieto.
Un segundo.
Quizás dos.
Observando.
Sin decir nada.
Eloise dio un pequeño paso hacia él.
Sonriendo.
Feliz.
Como siempre.
Pero esta vez…
Había algo más.
Un leve brillo de ilusión.
—¿Me veo linda?
Lo dijo sin vergüenza.
Sin timidez.
Directa.
Esperando respuesta.
El conde la miró.
De verdad.
No como antes.
No superficialmente.
Sino detenidamente.
Y luego..
Asintió.
Nada más.
Pero fue suficiente.
Eloise sonrió más.
Satisfecha.
El mayordomo también.
En silencio.
Como si ese pequeño gesto hubiera validado todo su esfuerzo.
El conde apartó la mirada.
Como si hubiera permanecido demasiado tiempo.
Y entonces..
Gruñó. Bajo.
Porque la cercanía…
Seguía siendo un problema.
Porque ella ya estaba demasiado cerca.
Otra vez.
Pero Eloise…
Lo ignoró.
Completamente.
Como si ese gruñido no existiera.
Como si no significara nada.
Se acercó un poco más.
Y sin pedir permiso..
Se posicionó a su lado.
Natural.
Como si siempre hubiera pertenecido ahí.
—Vamos.
Su voz fue ligera.
El conde no respondió.
Pero tampoco se apartó.
Y así.. Juntos..
Comenzaron a caminar hacia la escalera.
Uno rígido. Serio.
Controlado.
La otra… Luminosa.
Tranquila.
Con una felicidad sencilla que no necesitaba explicación.
Desde atrás..
El mayordomo los observó.
Y por primera vez en mucho tiempo…
La mansión Archer no se sentía incompleta.
Mientras descendían..
Las telas rojas se movían casi al mismo ritmo.
Como si, sin intención…
Ya estuvieran conectados.
Y el conde Archer..
Aunque no lo admitiera..
No apartó a Eloise de su lado.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/