Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 19
ALANA DÍAZ
Me dolía el torso y el brazo. Sentía que los medicamentos no eran suficiente para todo lo que sentía.
Pasadas las 48 horas y con Leonardo en el hospital, recibí el alta. La doctora le dio una lista de cuidados que siento honesta me abrumaban.
La doctora se dirigió a Leonardo.
— Lleva una lista de cuidados:
Reposo relativo sin cargar peso.
Respiraciones profundas frecuentes.
Dormir semisentada o sobre el lado derecho.
Presionar una almohada al toser o estornudar.
Medicación analgésica según horario.
Uso de ropa con botones o cierre.
Dieta rica en calcio y vitamina D.
Mochila de ruedas para la universidad.
Evitar aglomeraciones y contacto físico.
Vigilancia de fiebre o dificultad respiratoria.
Le extenderé una solicitud a la universidad para que tenga un mes de reposo absoluto. Y pedirles que si tienen una vida sexual activa, pongan pausa, es necesario para la pronta recuperación de la paciente.
— Está bien. La cuidaré como mi bien más preciado.
Leonardo me llevó a su Penthouse.
— ¿Por qué me traes aquí? Me sentiré más cómoda en mi departamento.
— Bueno, aquí es donde te quedarás mientras te recuperas. Antes que vayas a la cama deberías darte un baño, yo te voy a ayudar.
— Yo puedo sola — Abrí mis ojos como platos redondos. De solo imaginar él quitando mi ropa y aseando mis partes me da cosa.
— ¿Segura? Son dos costillas rotas y tienes el brazo inmovilizado.
— Haré mi mejor esfuerzo.
Leo me ayudó a llegar el baño. Me puso una silla para que fuera más fácil.
—Me quedaré detrás de la puerta, cualquier cosa me llamas — él salió.
Estando en el baño, sentada en la silla. Se me hizo imposible quitarme la ropa. El dolor regresó por el movimiento. Me quejé bajito para que Leonardo no me escuchara. Sin querer mis lágrimas empezaron a salir.
—¿ESTÁS BIEN? — Leonardo me preguntó.
Quedé callada. Porque si le decía que no él entraría y si le digo que si igual entraría porque no escucha el agua caer.
— Voy a entrar— lo sabía.
Él entró. Me miró.
—¿Por qué lloras? Te duele mucho. Te voy a ayudar.
— Siento vergüenza que me veas desnuda — bajé mi mirada al piso — la única que ha visto mi cuerpo ha sido mi mamá cuando yo era una niña.
— Tranquila. Que aunque me gustes no haré nada de lo que tú no quieras. Pero es necesario que te ayude o ¿pasaras sin bañarte un mes?
Fruncí mi entrecejo y apreté mis ojos.
—Ayúdame, por favor.
Él quitó mi camisa. No traía sostén porque el elástico del mismo me lastimaba. Las mejillas de Leonardo estaban rojas, de repente su respiración era un poco distinta. Me miraba directo a los ojos.
Me puse de pie con su ayuda. Para que pudiera quitar mi pantalón y mi ropa interior. Me sentía nerviosa, mi estómago era un vaivén de emociones. Él abrió la llave del agua, el chorro era suave. Él se mojó su ropa.
— Dame el jabón, intentaré asearme — sentía que mi cara se caía al piso.
Leonardo me quitó el jabón y aseó mi espalda y aquellos lugares a los cuales no lograba alcanzar. Siempre el contacto visual, en aquel silencio. Lavó mi cabello.
— Ya estás limpia. Me voy a cambiar la ropa. Regreso en dos minutos para llevarte al cuarto.
— Si.
Mi mente torcida pensó locuras. Leonardo aunque estaba excitado, eso se podía notar, no hizo nada extraño en mi cuerpo. Tal vez la que deseaba que hiciera algo, era yo.
Esperé en el baño. Leonardo regresó con dos toallas en la mano y con ropa seca. Me envolvió la cabeza con una y la otra me tapó el cuerpo. Me ayudó a llegar a la cama.
– Creo que tu ropa no te va a ayudar. Así que más tarde, traen ropa holgada para que sea más fácil para ti vestirte.
— Gracias. A penas empezamos y ya te doy problemas. Fue mi culpa por ser tan tonta.
—No digas eso. Me gustas como eres. Te voy a ayudar a ponerte la ropa.
—Qué pena.
— ¿Tú sientes pena?
— Sí.
— Tú sientes pena y yo — me miró a los labios— ganas de cuidarte.
Quitó mi toalla. Esta vez no disimuló, su mirada se fue a mis pechos. Me puso la camisa.
— Perdón — Las manos de él cuando ponía mis shorts, temblaban. Y el solo roce de sus manos en mis piernas me hizo desear que pasara esa línea.
No sé si mis hormonas de la felicidad estaban en su punto, pero el dolor no lo sentía.
— Leonardo — mi corazón se descontroló.
Él se puso frente a mí.
— Listo mi amor.
— Siento que...
— Tranquila. Es nuestro momento de prueba.
Me ayudó a acostarme en la cama.
— Descansa — él salió del cuarto.
Un beso quería y él se porto muy serio. Que horrible soy.
LEONARDO SALVATORE
Salí del cuarto. Fui a tomar agua helada y echármela en la cara. Mis deseos por querer tener relaciones estaban en su punto más alto. No creo que pueda resistir un mes haciendo esto.
Diablos. Está jodidamente hermosa.
Me tranquilicé. Como hombre es difícil después de varios años sin tocar el cuerpo de una mujer. Después de Nataly, no hubo otra mujer.
Hice unas llamadas. Solicité que investigarán el accidente. Quería saber quien había sido el pedazo de gente que se fue sin ayudar a la persona que atropelló. Lo justo sería entregarlo a la justicia en bandeja de plata.
Dos horas después. Mi secretaria me llamó.
📞 Señor Salvatore, el auto que atropelló a la señorita Alana, según una cámara cerca el número de placa corresponde al auto de Cloe. El detalle es que en el video no se detalla bien la cara de la chica.
📞 Investiga la dirección de su casa. Y envía el video y los datos de ella al comisionado White — colgué la llamada.
Así que fue la misma chica que la molestaba. !Que coincidencia!
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar