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Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:745
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.

Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.

En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 21

...⚔️...

—¿Por qué le interesa tanto saber de mi relación con Leonid?

La voz de chiara fue firme, pero había algo más debajo… algo que ni ella misma quería reconocer.

Markus no apartó la mirada.

—Porque me preocupas… a pesar de todo.

Chiara soltó una risa seca, sin humor.

—Curioso. No le preocupó dispararle a mi padre enfrente de mí.

El aire entre ellos se volvió pesado.

Markus bajó ligeramente la mirada, como si por un segundo el pasado pesara más de lo que estaba dispuesto a mostrar.

—La muerte de tu padre no fue porque yo quisiera… esa orden ya estaba pactada desde hace mucho tiempo.

Chiara dio un paso al frente.

—Mide bien cómo te refieres a la muerte de mi padre.

—Tu padre ya estaba sentenciado antes de que yo apretara el gatillo… yo solo fui el ejecutor visible.

—¿Ah, sí? —replicó ella con frialdad—No me diga… ¿Bruno le dijo “hijo, ve y acaba con Salvatore”? Porque yo estuve ahí. Yo vi todo. Y te vi a ti… jalando el gatillo.

Markus tensó la mandíbula.

—Mi padre me dio la orden horas antes. Asesinar a Salvatore significaba poder… control… territorio.

—Pero lo hiciste —interrumpió Chiara—Y eso no se perdona tan fácil.

El silencio cayó como una losa entre ambos.

Chiara no dijo nada más.

No valía la pena.

Se giró con determinación.

—Nos vamos. Ahora.

Su tono no admitía discusión.

Antes de subir a la camioneta, lo miró una última vez.

—No vuelvas a pedirme que nos veamos…

porque la próxima vez vendré con mis hermanos. Y eso no te conviene.

Markus no respondió.

Pero su mirada la siguió hasta que desapareció.

Las camionetas arrancaron a toda velocidad.

El sonido del motor llenaba el interior, pero Chiara apenas lo percibía.

Su mente repetía una y otra vez la conversación.

—No has hecho nada…

—Las cosas no fueron así…

—Es solo un papel…

Apretó los puños.

No.

No podía permitirse dudar.

No ahora.

No nunca.

Cuando llegaron a la mansión, Chiara bajó antes de que el vehículo se detuviera por completo.

Algo no estaba bien.

Lo sentía.

—Revisen todo —ordenó con voz firme.

Los hombres se dispersaron de inmediato.

La puerta principal estaba entreabierta.

Un detalle mínimo… pero en su mundo, eso significaba peligro.

Chiara avanzó.

Sus pasos resonaban sobre el mármol, amplificando el silencio inquietante.

—¿Nonno?

Nada.

El vacío le respondió.

Aceleró el paso.

—¡Nonno!

Entonces lo vio.

Su abuelo.

Eduardo.

En el suelo.

Un golpe evidente en la cabeza.

Sangre.

Demasiada.

El tiempo se detuvo.

—¡Eduardo! ¡Mírame!

Cayó de rodillas a su lado, sosteniéndolo con cuidado.

Él apenas respiraba.

Sus ojos se abrieron con dificultad.

—Chiara…

—Estoy aquí… estoy aquí —susurró ella, conteniendo el pánico—¿Quién hizo esto?

¡Dímelo!

Eduardo intentó hablar… pero una tos violenta lo interrumpió, manchando más su camisa de rojo.

—Nadie… —murmuró con esfuerzo—Me sentí mal… y caí.

Chiara frunció el ceño.

No le creyó del todo.

Pero no tenía tiempo para dudar.

—¡Guardias!

Los hombres entraron de inmediato.

—Llévenlo a su habitación. Con cuidado. ¡YA!

Mientras se lo llevaban, Chiara se levantó lentamente.

Su mente trabajaba a mil por hora.

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.

Demasiadas coincidencias.

Demasiados errores.

—Llamen al doctor. Ahora mismo.

En ese momento, Ricci apareció, claramente alterado.

—Los gritos se escuchaban desde afuera… ¿tu abuelo?

—Lo encontré desplomado —respondió ella, seca—Todo se me está saliendo de las manos…

Cerró los ojos un segundo.

—Voy a descansar.

—Bambola —la detuvo Ricci—venía a decirte que ocurrió un problema en la organización.

Tienes que ir ahora.

Chiara lo miró, cansada… pero firme.

—Problema tras problema…

Suspiró.

—Dame unos minutos. Nadie puede verme así.

Minutos después, Chiara regresó.

Vestía un traje rojo.

Impecable.

Intimidante.

Su rostro ya no mostraba debilidad.

Solo poder.

El trayecto fue silencioso.

Pero esta vez… no había dudas.

Solo rabia.

Cuando llegaron, la escena era clara.

Alonzo y Vincenzo estaban de pie.

Frente a ellos…

Cuatro hombres.

Arrodillados.

Golpeados.

Amordazados.

Chiara descendió lentamente.

—¿Qué está pasando aquí?

Alonzo dio un paso al frente.

—Lo siento por hacerte venir así, sobrina… pero estos hombres aparecieron de la nada. Intentaron atacarnos.

Chiara los observó.

Uno por uno.

—Déjame adivinar…

Silencio.

—Los Becker.

—Exacto —respondió Vicenzo—Bruno Becker los envió.

Algo en Chiara cambió.

Su mandíbula se tensó.

Su mirada se volvió más fría.

Más peligrosa.

Extendió la mano.

—Mi arma.

Uno de sus hombres le entregó la pistola dorada.

Chiara quitó el seguro con calma.

Demasiada calma.

Se acercó a los hombres.

Ellos la miraban con miedo.

Temblando.

Y en ese instante…

Los recuerdos volvieron.

Alemania.

Dolor.

Sangre.

Traición.

Sin pensarlo más…

Disparó.

Una vez.

Dos.

Tres.

Cuatro.

El sonido de los disparos rompió el aire.

Los cuerpos cayeron.

Inertes.

El silencio regresó.

Chiara respiraba con calma.

Como si nada hubiera pasado.

Se limpió el rostro, salpicado de sangre, sin apartar la mirada.

Luego giró hacia su familia.

—Córtenlos en pedazos.

Su voz fue fría. Vacía.

—Y envíen sus cabezas con una carta a Bruno Becker.

Una pausa.

—Que entienda… que conmigo no se juega.

Nadie respondió.

Nadie se atrevió.

Pero todos obedecieron.

Chiara se quedó sola por un momento.

Mirando los cuerpos.

Sintiendo el peso de todo.

Markus.

Su abuelo.

La traición.

La guerra.

Todo al mismo tiempo.

Y por primera vez…

No estaba segura de cuánto más podría soportar.

Porque incluso la mujer más fuerte…

Puede romperse.

Y Chiara…

Estaba peligrosamente cerca de ese límite.

...CONTINUARÁ ...

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