NovelToon NovelToon
Donde Empieza El Deseo

Donde Empieza El Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Malentendidos / Reencuentro / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

Historia romántica

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: LA FOTO ESCONDIDA

Lucía Rinaldi no se llama Rinaldi.

Ella lo sabe aunque en el colegio le digan así, aunque Carla y Franco firmen las notas con ese apellido, aunque en el pasaporte italiano diga “Rinaldi, Lucía”. Ella se llama Lucía. Y a veces, cuando está muy sola y la casa está en silencio, se dice el otro apellido en voz baja, como si fuera una contraseña: Lucía… y no lo termina. Porque decirlo entero duele, y porque si Mateo la escucha, se enoja.

Tiene 8 años. Casi 9. Cumple en agosto. Elena le decía que agosto era mes de leonas. “Vos sos mi leona chiquita”, le susurraba antes de dormir, cuando todavía dormía en la casa de arriba de la librería en El Trébol.

La casa de Milán es distinta. Es más grande, más limpia, más silenciosa. Tiene su propia pieza, pero no le gusta. Desde que llegaron hace cinco años, puso el colchón en el piso al lado de la cama de Mateo y ahí duerme. Mateo se queja, le dice que es una bebé, que lo deja sin espacio. Pero de noche, cuando él cree que ella está dormida, a veces la tapa si se destapó. Ella se hace la dormida y cuenta hasta diez antes de sonreír.

Hoy es 15 de abril. Hoy se cumplen cinco años.

Lucía lo sabe porque desde los 4 años tacha los días en un calendario que le regaló Carla. No porque quiera que vuelvan —bueno, sí quiere, pero no solo por eso—, sino porque Carla le dijo una vez que “contar los días ayuda a que el corazón no se pierda”. Ella no entendió bien, pero igual tacha. Hoy tachó el último casillero de abril y lo encerró en un círculo rojo, como si fuera feriado.

Son las seis de la mañana. Todavía es de noche en Milán en abril. Mateo respira pesado en la cama de arriba. No ronca, pero hace un ruidito cuando duerme enojado. Hoy lo hizo toda la noche.

Lucía se levanta sin hacer ruido. Tiene frío en los pies. El piso de la casa de los Rinaldi es de mármol y en invierno te corta. Va hasta su cama, la que no usa, y levanta la almohada. Abajo está la bolsita de tela. Es celeste, con un botón de flor que le cosió Carla. Adentro, envuelta en un pañuelo, está la foto.

La saca con cuidado, como si fuera a romperse. No se rompe. Carla la arregló bien esa vez que Mateo la tiró a la basura. Le puso cinta scotch atrás, en la rajadura, y la limpió con un algodón. “Las cosas importantes se arreglan, Luli”, le había dicho. “No se tiran”.

En la foto están los cuatro. Es de verano, porque Elena tiene un vestido de flores y Mateo está en cuero, con malla. Están en la librería, pero la librería todavía no era librería: era obra. Había baldes de pintura, escaleras, diarios en el piso. Martín tiene a Mateo de 5 años sobre los hombros y Mateo se está riendo con toda la boca, mostrando el hueco de dos dientes que se le habían caído. Elena tiene a Lucía bebé en brazos, con un gorrito de lana amarillo aunque hacía calor. “Para que no te queme el sol de la ventana”, le había dicho. Lucía no se acuerda de ese día. Tenía un año. Pero se acuerda del vestido de Elena. Se acuerda del olor de la pintura. Se acuerda de que Martín cantaba mal una canción de rock mientras pintaba y Elena se reía.

Lucía pasa el dedo por la cara de Elena. Después por la de Martín. Después por la de Mateo. Se frena ahí. Mateo en la foto es distinto. No tiene las cejas juntas todo el tiempo. No tiene esa línea en la frente que le salió a los 9 y que Carla dice que es de “pensar mucho”. En la foto, Mateo es sol.

Le da un beso chiquito a la foto, en la esquina, donde no se ven las caras. La guarda otra vez en la bolsita, la bolsita bajo la almohada, la almohada sobre la cama. Todo en orden.

Va a la cocina. Carla ya está despierta, con el pelo atado y cara de no haber dormido. Está haciendo café. Cuando ve a Lucía, le sonríe, pero es una sonrisa triste. Hoy todas las sonrisas van a ser tristes.

—Buongiorno, leona —dice Carla, en italiano. Siempre le dice así a la mañana.

—Buongiorno —contesta Lucía. Ella habla italiano todo el día. Ya casi no se acuerda de algunas palabras en español. Pero “leona” la entiende en los dos idiomas.

Carla le sirve leche tibia en una taza que tiene dibujado un gato. Es la taza de Lucía desde que llegó. Al principio no quería usar nada que no fuera de El Trébol. Lloraba por un vaso de plástico de River que tenía allá. Franco le buscó uno igual por todo Milán y no encontró. Entonces Carla le compró esta taza y le dijo: “Este gato te va a cuidar hasta que encontremos el vaso. ¿Trato?”. Lucía aceptó. El vaso no apareció. El gato sigue.

—¿Soñaste algo lindo? —pregunta Carla. Le pregunta todas las mañanas. Es su forma de chequear.

Lucía asiente. Miente. Soñó con la librería. Soñó que la puerta estaba abierta y que Elena la llamaba desde adentro: “Luli, vení que te leo un cuento”. Entró y no había nadie. Solo libros vacíos, sin letras. Se despertó con la garganta cerrada.

—Sí —dice igual—. Soñé que íbamos al parque.

Carla le acaricia el pelo. Tiene las manos frías. “Hoy hacemos guiso”, dice. “Franco me contó”.

Lucía abre los ojos grandes. Guiso de lentejas. Como hacía mamá Elena. Franco no le contó a ella. Se lo dijo a Mateo. Y Mateo se lo dijo a Carla. O Franco lo escuchó. Algo pasó.

—¿Mateo te dijo? —pregunta, con un hilo de voz.

Carla asiente. No dice nada de que Mateo habló de Elena y Martín por primera vez en años. No lo dice porque si lo dice en voz alta, capaz se rompe. Las cosas importantes se arreglan, no se tiran. Y no se hablan fuerte cuando recién se están pegando.

—Va a quemar el pan a propósito —dice Carla, y se le escapa una risa chiquita, rota—. Dice que así lo hacía… él.

No dice “tu papá”. Aprendió hace mucho que con Mateo no se dicen esas palabras. Con Lucía sí se puede a veces, pero hoy no. Hoy no es día de nombres.

Lucía toma la leche. Está rica. Carla le pone miel y una cucharita de cacao. Es su desayuno de los días difíciles. Hoy es difícil.

A las siete y media, Mateo se levanta. No dice buen día. Va al baño, cierra la puerta con fuerza. Cuando sale, tiene el pelo mojado y la cara de enojado de siempre. Ve a Lucía en la mesa y no la saluda. Ve la taza de gato y aprieta la mandíbula. Él odia esa taza. Una vez dijo que era “de bebé”. Lucía no la cambió.

Desayunan en silencio. Carla pone música bajita, italiana, para llenar el ruido. Franco no está. Se fue a la librería a las seis. “Hoy abro temprano”, dijo. Lucía sabe por qué. Hoy es 15. Franco abre temprano los 15. Se sienta en la librería y espera. No sabe qué espera. Pero espera.

Mateo termina el desayuno, agarra la mochila y se va sin decir a dónde. Carla no lo frena. Hoy no. Hoy lo deja ir. Sabe que va a la escuela, o que va a dar vueltas, pero que vuelve. Siempre vuelve. Desde que llegaron a Italia, volvió siempre. Aunque sea a las tres de la mañana y con sangre en los nudillos.

Cuando Mateo se va, la casa queda más grande. Lucía termina la leche y ayuda a Carla a lavar la taza. Carla la seca y la pone en el estante, al lado de la de Franco y de la de ella. La de Mateo está ahí también, pero él usa un vaso. Nunca la taza que le compraron.

—¿Vamos al parque? —pregunta Carla—. Antes de que te vayas al colegio.

Lucía niega. Hoy no quiere parque. Hoy quiere hacer algo que hace todos los 15 de abril desde que tiene 5 años. Va a su pieza, se calza, y agarra la mochila del colegio. Pero antes de salir, mete la mano bajo la almohada y saca la bolsita. La guarda en el bolsillo interno de la campera, donde Mateo no la ve.

En el colegio, la maestra Strozzi habla de la primavera. Pone una lámina con flores. “Hoy vamos a dibujar nuestra familia y las cosas que nos hacen felices”, dice. Reparte hojas blancas.

Lucía agarra los crayones. Duda. Mira a los costados. Todos dibujan casas con chimenea, perros, mamás con pelo largo. Ella respira hondo y empieza.

Dibuja primero la librería de El Trébol. Le hace la puerta verde, como era. Le hace la campanita. Después dibuja a Elena con el vestido de flores, al lado de la puerta. Le sale linda. Le dibuja a Martín al lado, con Mateo sobre los hombros. Le dibuja a ella bebé en brazos de Elena.

Se queda pensando. Agarra el crayón marrón y, en una esquina de la hoja, chiquitos, dibuja a Carla y a Franco. A Carla le hace el pelo atado como lo tiene siempre. A Franco le hace los anteojos torcidos. No los pone adentro de la librería. Los pone afuera, en la vereda, mirando. Como si estuvieran esperando que los inviten a pasar.

La maestra Strozzi pasa por su banco y mira el dibujo. No dice nada de que la familia es muy grande. No dice nada de que hay gente afuera. Solo le toca el hombro y le dice: “Che bello, Lucía. Quanti colori”.

A la salida, Mateo la está esperando en la puerta. No lo hace nunca. Lucía se sorprende. Él está apoyado en la pared, con la campera cerrada hasta arriba y cara de haber peleado con alguien o con él mismo.

—¿Qué hacés? —le pregunta ella, en italiano.

—Te espero —contesta él, en español. Eso la sorprende más. Mateo no habla español desde hace dos años, salvo para insultar—. Vamos.

Caminan sin hablar dos cuadras. Lucía aprieta la bolsita en el bolsillo. Mateo lleva los puños cerrados.

—¿Qué dibujaste? —pregunta él de golpe, sin mirarla.

Lucía se tensa. Saca la hoja del folio, enrollada. Duda. Si se la muestra, se enoja. Si no se la muestra, también.

Mateo se la saca de la mano. No con fuerza, pero tampoco le pide permiso. Desenrolla la hoja. Mira el dibujo. Mira la librería. Mira a Elena, a Martín, a él de 5 años riéndose. Mira a Lucía bebé. Y después mira la esquina. Mira a Carla y a Franco chiquitos, en la vereda.

No dice nada por diez segundos. Lucía cuenta: uno, dos, tres… a los diez, respira. Mateo le va a gritar. O va a romper la hoja. O va a decir que Carla y Franco no son familia.

Mateo enrolla la hoja con cuidado. Se la devuelve.

—Está mal el color —dice, con la voz seca—. La puerta no era verde. Era azul. Azul oscuro. Como el mar de noche.

Lucía lo mira con la boca abierta. No le gritó. No la rompió. Le corrigió un color. Es lo más cerca a una conversación sobre ellos que tienen en años.

—Ah —dice ella, y no sabe qué más decir—. No me acordaba.

—Yo sí —dice Mateo. Y sigue caminando.

Lucía corre para alcanzarlo. Aprieta la bolsita en el bolsillo y, por primera vez en cinco años, piensa que capaz Mateo también tiene una bolsita en algún lado. Capaz la tiene en el pecho, donde no se ve. Capaz por eso le pesa tanto.

Esa noche, Carla hace guiso de lentejas. Franco quema el pan a propósito. Lo pone a fuego fuerte y lo deja dos minutos de más. Huele toda la casa a tostado. Huele a El Trébol.

Comen los cuatro en silencio. No es un silencio cómodo. Es un silencio lleno de gente que no está. Pero comen. Mateo se come dos platos. No dice “está rico”. Pero repite. Y para Carla y Franco, eso es suficiente.

Después de cenar, Lucía sube a la pieza. Mateo ya está acostado, de espaldas. Ella saca la bolsita, saca la foto. La mira. Por primera vez, no la esconde cuando Mateo está. La deja sobre la mesa de luz, entre los dos.

Mateo no se da vuelta. No dice nada. Pero tampoco le dice que la guarde.

Lucía se mete en su colchón en el piso. Apaga la luz.

A los diez minutos, escucha la voz de Mateo, bajita, en la oscuridad. En español.

—La puerta era azul —repite—. Y tu gorrito era amarillo. No de lana. De hilo. Picaba.

Lucía sonríe en la oscuridad. No contesta. No hace falta.

Hoy, 15 de abril, cinco años después, Mateo se acordó del color de una puerta. Y de un gorrito que picaba.

Y para Lucía, eso es casi como que hubieran vuelto.

1
Liliana Maria Pico
Que hermosa novela! te felicito!
Liliana Maria Pico
totalmente diferente de otras novelas! me encantó!
Liliana Maria Pico
me encanta!!
Melu♡
HOLA MIS BELLAS LECTORAS, SAQUE LA SEGUNDA TEMPORADA. LAS ESPERO EMOCIONADA, OJALÁ LES GUSTE. 💋💋💋💋
Maria Rosa Ascani
linda historia, cortita como me gustan las novelas, pero muy lai (perdón no se como se escribe) para mi gusto, le falto fuerza 💪
Zulema Neme
Maravillosa Novela. Autora Bella Historia Me Encanto Muchas Gracias por Compartir 💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖
Melu♡: 🥰muchas gracias!!! te invito a leer mis otras novelas. espero que te gusten también. besos 💋💋
total 2 replies
Zulema Neme
Que Historia tan.dulce.Autora..Me.Encanta 🥰🥰🥰
Graciela Saiz
cuando comenzó la historia,ella no trabajaba en librería , estaba caminando y entró a librería,dijo que nunca había entrado y que olía a papel viejo y madera , ahora trabaja ahí 🤨
Yohana Diaz: Y DE PASO YA SE HABIAN BESADO
total 1 replies
Maria M. Rosario
muy bonita historia. la realidad de el amor donde existe de todo.
Melu♡: Muchas gracias María. Te invito a leer mis otras historias. besos 💋💋
total 1 replies
Sandra Moreno
Hermosa historia 😍😍🥰
Melu♡: Muchísimas gracias. Te invito a seguir leyendo mis otras historias. besos 🥰
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play