Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 21: La elección bajo la luna
—¿A quién vas a entregar tu sangre?
La pregunta quedó suspendida en la noche.
El viento atravesó el campo de cerezos, levantando pétalos que giraron entre la colina y el sendero donde aguardaba el Consejo.
Alina sentía el corazón golpeándole con fuerza.
Abajo, las figuras seguían inmóviles.
La mujer del bastón la observaba con una calma difícil de sostener. A unos pasos detrás estaba Darian, silencioso, como una sombra que no pertenecía del todo a ninguno de los dos lados.
El aire parecía volverse más frío a cada segundo.
Kael permanecía junto a ella.
No hablaba.
Pero Alina sentía su presencia.
La tensión contenida en su cuerpo.
El ritmo firme de su respiración.
Aquel extraño vínculo que desde la noche anterior no había dejado de crecer.
Su padre estaba un poco más atrás.
Lyra también.
Esperando.
Todos aguardaban su respuesta.
Alina tragó saliva.
Miró hacia el sendero.
Después hacia Darian.
Y al final giró lentamente la cabeza hacia Kael.
Él la observó con atención.
Había algo contenido en sus ojos.
No miedo.
No duda.
Solo una espera silenciosa.
Y entonces Alina comprendió algo.
No confiaba en el Consejo.
No confiaba en Darian.
Ni siquiera entendía todavía por completo lo que ardía en su sangre.
Pero sí sabía una cosa.
Kael había estado allí.
La había protegido cuando ni ella sabía quién era.
Había permanecido a su lado cuando el miedo parecía tragárselo todo.
Y, de alguna manera que todavía no podía explicar, cuando él estaba cerca el caos dentro de ella se volvía soportable.
El latido salvaje bajo su piel se calmó apenas.
Dio un paso.
Luego otro.
Y se colocó junto a él.
El silencio cambió.
La mujer del bastón entrecerró los ojos.
Darian no se movió.
Pero su mirada se volvió más intensa.
—Ya elegí —dijo Alina.
Su voz no tembló.
La luna parecía más alta.
Más clara.
Kael la miró.
—¿Estás segura?
Ella sostuvo su mirada.
Y por primera vez sintió algo parecido a paz en medio del peligro.
—Sí.
No hacía falta decir más.
Lo supo por la forma en que el cuerpo de Kael se tensó.
Por la manera en que su presencia se volvió más firme.
Estaba listo.
Estaba con ella.
La mujer del bastón alzó apenas la cabeza.
—Interesante.
El sonido de su voz cruzó la distancia.
—La heredera elige antes de comprender.
Alina dio un paso hacia delante.
—No soy una pieza para que decidan por mí.
El viento se movió entre los árboles.
La mujer no pareció ofenderse.
—Nadie está decidiendo por ti. Solo te estamos observando.
—¿Para qué?
—Para saber si eres una amenaza.
La respuesta cayó como piedra.
El pecho de Alina se apretó.
Kael avanzó un paso, colocándose ligeramente delante de ella.
—No van a tocarla.
Darian soltó una risa baja.
—Siempre tan predecible.
Kael no apartó la mirada.
—Y tú siempre llegas demasiado tarde.
El aire se tensó de inmediato.
Lyra se movió apenas.
El padre de Alina apretó la mandíbula.
La mujer del bastón levantó una mano y el silencio volvió.
—Basta.
Su voz tenía una autoridad extraña.
No necesitaba alzarla.
Todo el bosque parecía escucharla.
—No hemos venido a pelear.
Alina sostuvo su mirada.
—Entonces díganme qué quieren.
La mujer tardó unos segundos en responder.
—Queremos saber qué despertó en ti.
El latido bajo su piel respondió de inmediato.
Más profundo.
Más vivo.
Alina sintió un leve calor recorrerle las manos.
La mujer del bastón lo notó.
Y algo cambió en sus ojos.
—Ya empezó —murmuró.
Darian alzó la vista.
—Lo dije.
Kael se tensó de nuevo.
—¿Qué empezó?
La mujer guardó silencio un instante.
Luego habló.
—La sangre de luna no despierta sola.
El corazón de Alina se aceleró.
—Entonces ¿qué la despertó?
Los ojos plateados de la mujer fueron hacia Kael.
Después volvieron a ella.
—El vínculo.
El aire pareció detenerse.
Alina sintió calor subirle al rostro.
—¿Qué vínculo?
La respuesta tardó solo un segundo.
Pero ese segundo pareció infinito.
—El que compartes con él.
Nadie habló.
Kael permaneció inmóvil.
Lyra bajó la mirada como si ya sospechara aquello.
El padre de Alina frunció el ceño.
—Eso es imposible —dijo Kael.
La mujer del bastón negó lentamente.
—No. Solo es raro.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
La conexión extraña.
La forma en que sentía su presencia.
La calma que aparecía cuando lo miraba.
Todo volvió de golpe.
—¿Qué significa eso? —preguntó en voz baja.
La mujer sostuvo su mirada.
—Significa que tu destino ya comenzó a moverse.
Un crujido seco rompió la noche.
Todos giraron.
No venía del Consejo.
No venía de Darian.
Venía del bosque.
Más arriba.
Detrás de ellos.
Kael reaccionó primero.
Se giró bruscamente.
—No estamos solos.
Una sombra se movió entre los árboles.
Luego otra.
Y otra más.
Alina sintió un escalofrío brutal.
No reconocía aquellas presencias.
No olían como Darian.
No olían como Lyra.
Eran distintas.
Más frías.
Más antiguas.
La mujer del bastón dio un paso atrás.
Por primera vez perdió parte de su calma.
—No puede ser.
El corazón de Alina se disparó.
—¿Qué pasa?
La respuesta salió en un susurro.
—Ellos no deberían estar aquí.
Y desde la oscuridad, una voz desconocida atravesó la noche.
—La heredera nos pertenece.