Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPITULO 21
ALANA DÍAZ
Regresé a mi departamento. Leonardo me pidió quedarme, pero yo quería un poco de independencia, que mis logros no fueran relacionados por mi noviazgo con él, aunque él tenía bandera verde para pasar por mi departamento cualquier día.
Lo amo, sí. Y yo se que él me ama. Pero a veces creo que es necesario que ambos tengamos un poco de espacio mientras la relación empieza, no absorbernos desde un inicio.
Regresé a la universídad. Los rumores eran de no acabarse. Cloe siendo la villana y yo la víctima. Me vine dando cuenta que ella fue quien me atropelló y que el CEO Salvatore fue mi salvador.
Leonardo jamas me dijo algo de esto.
— ¿Cómo sigues? — Alex se acercó y preguntó.
— Ya mejor. Quiero saber algo que escuché de aquellas chicas — Señalé con disimulo hacia una mesa — Como saben quien me atropelló si yo misma no se nada.
— La amiga de Cloe fue a verla. Y la misma Cloe le contó que el señor Salvatore llegó a la estación de policía y le dijo que él está enamorado de ti. Ese rumor se expandió como pan caliente. Además, él vino a dar una conferencia y según alguien vio cuando él trajo la epicrisis tuya.
— Wao — Suspiré — no lo sabía, que todo eso pasaba.
Esto era de nunca parar. Cual sea mi movimiento siempre estaría en boca de todos por el simple hecho que Leonardo Salvatore el CEO influyente de la ciudad se relacionó con la pueblerina. Y es aquí donde, tenga que callar bocas, tengo que graduarme si o sí.
— Ya no importa que hablen de mí. Tengo que ir a decanatura.
Hoy debía ir a mi pasantía, pero también debo presentarme a la universidad y ver como voy a recuperar todos mis puntos perdidos.
Después de llegar a un acuerdo de como me iban a evaluar. Me regresé a mi departamento. Sentía un poco de dolor y no había llevado conmigo el medicamento.
Me recosté un rato. Y lo primero que vino a mi mente fue Leonardo y algo andaba rondando mis pensamientos, fue que no me cuide ni él ni yo. Era algo que no estaba planificado aunque después de un mes de tanto, estábamos a puntos de explotar.
Dudé sin decirle a Leonardo. Me levanté de la cama y fui a su empresa. Después del accidente quedé sin celular.
Llegué a la empresa. Saludé a la recepcionista con un buenos días. Me dirigí a la oficina de Leonardo. Él no me esperaba. Le hice de seña a la secretaria qué no le dijera que estaba ahí. Al final, ella sabía de nosotros.
—Señorita Alana. Es que Leticia está con él. Ella solicitó reunión.
—¿Leticia? — le dije como queriendo asegurarme si era la misma Leticia que yo conocí.
No entré, esperé. Aunque algo por dentro me carcomia.
— Ella tiene rato — le pregunté.
— Usted sabe que el señor hasta ahora se integra a la oficina en su totalidad, porque estuvo fuera cuidándola.
—shhh — le hice de seña qué guardará silencio, temía qué alguien escuchará.
— No se preocupe, nadie nos escucha. Leticia lleva 10 minutos. A de ser por asuntos laborales.
Dudé si entrar. No quería que me viera como una mujer celosa. Pero yo sabía algo que nadie más sabía y era que ella también estaba enamorada de él.
Me dirigí a la puerta y la abrí. Leticia salió. Éra como si las dos al mismo tiempo estábamos detrás de la puerta.
Me miró y me volteó los ojos.
Entré. Leonardo estaba sentado en su escritorio.
Me dirigió la mirada. Sentía como mi corazón se salía. Yo sabía que Leticia se le había declarado. Lo podía sentir.
Él se puso de pie y se acercó. Cerró la puerta.
Lo miré y no dije nada. Tener tantas emociones juntas me habían hecho enmudecer.
— No sabía qué venías — me dio un beso y me tomó de la cintura.
— Fui a la universidad hoy, ya lo sabías porque te lo dije ayer.
—¿Cómo te fue?
— Vengo sorprendida por las nuevas que hay. ¿Sabías que fue Cloe quien me ATROPELLÓ? ¿Por qué no me lo dijiste? Además, que la visitaste.
— Te estabas recuperando y no quería causarte angustia, tu mente y tu cuerpo solo debían recuperarse.
— Debiste decírmelo. Ahora todos saben eso. Pero está bien, no hay más que hacer.
— No te molestes. Por favor. Solo pensé en protegerte.
— Está bien. Solo que me hubiese gustado que me lo dijeras.
— No vuelve a pasar. Lo prometo.
Quería preguntar por qué Leticia estaba metida aquí, pero sería mucho drama, que no si él iba a tolerar. Al fin y al cabo, a penas teníamos un mes de relación.
—Dime, hay algo más. Tus ojitos te delatan.
— ¿Qué hacía ella aquí? No quiero sonar celosa y perdón por preguntar.
— Ella se declaró.
— Y lo dices así.
— Esa es la verdad. Y yo la rechacé. Le dije que ya tenía una relación con alguien.
— Seguro.
— Amor, confía en mí. Yo te amo a ti y crees que mi amor es algo para tomarlo a juego. No sabes a lo que te has metido. Si por mí fuera, hago público todo, pero quien ha pedido discreción ha sido tú.
Me sentí un poco más tranquila. Leo tenía razón.
Lo atraje hacía mi jalando su corbata con suavidad y le di un beso.
— Perdóname. Yo sabía que ella iba a hacer eso, porque la escuché una vez y cuando la secretaria me dijo que ella estaba aquí, fue como si mis alertas se encendieron. No desconfío de ti, pero no confío en ella.
— Tranquila.
— Creo que ya me voy a retirar. Ya aclaraste lo de Cloe. Gracias por tu ayuda.
— Voy a ir hoy en la noche. Quiero que salgamos a dar un paseo.
— Está bien. Yo te espero.
Nos despedimos con un beso profundo y húmedo.
Salí de la oficina.
Caminé un poco, buscando una farmacia. Si él no se protegía, yo tenia que hacerlo. Un embarazo no estaba en mis planes en estos momentos.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar