Amanda Quiroz una mujer de belleza no evidente, su cabello de rizos rubios, y su sonrisa cautivadora es capaz de suavizar el día de cualquiera. Su vida se verá envuelta en un caos con la traición de su novio, y una noche pasión con un desconocido. Y con la llegada de Sebastián a la empresa, su vida se convertirá en un verdadero caos, de la noche a la mañana.
NovelToon tiene autorización de Yingiola Macosay para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La caída
Sebastián, por su parte, parecía endurecerse cada día más. Su atención hacia Amanda ya no era deseo; era urgente, casi desesperada. La buscaba para compartir estrategias legales, para revisar documentos, para pensar en voz alta.
Pero Amanda comenzó a notar algo más inquietante: Sebastián sabía más de lo que decía. Había detalles del escándalo que parecía anticipar. Movimientos que no lo sorprendían del todo.
Una noche, al revisar archivos antiguos, Amanda encontró una discrepancia clave. Un contrato firmado meses antes del retiro del padre de Sebastián… pero modificado días antes de que él se presentará en la empresa, aunque aún no asumía la presidencia formalmente.
La firma era de Sebastián.
La fecha había sido alterada.
El corazón le golpeó el pecho con fuerza.
Cuando lo confrontó, Sebastián no lo negó de inmediato. La miró largo rato, como si evaluara qué versión de la verdad merecía.
—No todo es lo que parece —dijo finalmente—. Hay decisiones que se toman para proteger lo que amas. --
Amanda sintió un frío profundo recorrerle la espalda.
—¿Amas la empresa… o el poder? --
Sebastián no respondió.
Ese fue el momento exacto en que Amanda comprendió la magnitud del peligro. El escándalo no solo amenazaba con destruirlos profesionalmente; estaba revelando grietas profundas en la moral, en la ambición, en la forma en que Sebastián entendía el control.
Y también la obligaba a mirarse a sí misma.
Porque, a pesar de todo, a pesar del riesgo, de la sospecha, del miedo…
una parte de ella aún sentía la atracción, que él provocaba en ella.
Una atracción que ahora estaba teñida de algo más oscuro:
la conciencia de que amar —o incluso desear— a alguien así
podía costarle absolutamente todo.
El escándalo seguía creciendo.
Y con él, la tensión entre Amanda y Sebastián ya no era solo peligrosa.
Era insostenible.
La caída no ocurrió de golpe. Ocurrió a la vista de todos.
Amanda lo supo la mañana en que los periodistas comenzaron a congregarse frente al edificio antes incluso de que los empleados llegaran. Cámaras, micrófonos, rostros ansiosos de escándalo. La empresa, que durante años había sido sinónimo de prestigio y solidez, se convirtió en escenario de una ejecución pública cuidadosamente anunciada.
El nombre de Sebastián Valdés ya no se pronunciaba en voz baja. Estaba en los titulares.
“Presidente bajo investigación por fraude corporativo.”
“El heredero del imperio Valdés, en el centro de un escándalo financiero.”
Amanda leyó las noticias desde su teléfono con una sensación de irrealidad. Cada palabra parecía escrita para herir, para destruir no solo una reputación, sino una vida entera. Y, aunque se había prometido a sí misma no volver a involucrarse emocionalmente, el golpe fue físico. Le temblaron las manos. El estómago se le cerró.
Sabía que ese día marcaría un antes y un después.
En el interior del edificio, el ambiente era sepulcral. Nadie hablaba más de lo necesario. Las miradas se desviaban. Algunos evitaban incluso saludarla. Para muchos, Amanda ya no era solo una ejecutiva brillante: era parte del escándalo, aunque nadie pudiera probarlo.
A las diez en punto, el consejo directivo convocó a una conferencia de prensa.
Sebastián apareció minutos antes, escoltado por abogados y asesores. Vestía un traje oscuro, impecable, pero había algo distinto en él. La seguridad que antes lo rodeaba se había vuelto rígida, casi defensiva. Sus ojos buscaron a Amanda entre la multitud del vestíbulo y, cuando la encontró, se detuvieron en ella apenas un segundo más de lo necesario.
No sonrió.
Ese silencio fue más elocuente que cualquier declaración.
La sala de prensa estaba llena. Los flashes estallaban como relámpagos. El murmullo constante se apagó cuando Sebastián se colocó frente al atril. Amanda observaba desde un rincón, invisible y expuesta al mismo tiempo.
—En los últimos días —comenzó Sebastián, con voz firme— han surgido acusaciones graves sobre mi gestión al frente de esta empresa.
Las palabras estaban medidas. Ensayadas. Pero algo en su tono traicionaba el peso de lo que venía.
—Por respeto a la institución, a sus colaboradores y a mi familia, he decidido separarme temporalmente del cargo mientras se esclarecen los hechos.
Un murmullo recorrió la sala.
Temporalmente. Todos sabían lo que esa palabra significaba.
Los periodistas no tardaron en atacar. Preguntas directas, incisivas, cargadas de sospecha.
—¿Niega usted haber alterado contratos?
—¿Hubo abuso de poder?
—¿Existió una relación inapropiada con una colaboradora cercana?
Amanda sintió cómo la sangre le abandonaba el rostro.
Sebastián apretó la mandíbula. —Niego cualquier acto ilegal. Y rechazo categóricamente cualquier insinuación sobre mi vida personal. Este no es el espacio para especulaciones.
Pero el daño ya estaba hecho.
Horas después, el consejo anunció oficialmente su destitución provisional. La noticia recorrió el país en minutos. Sebastián Valdés había caído.
La caída pública fue cruel. Irreversible.
Para Amanda, las consecuencias no tardaron en llegar. Fue citada nuevamente por el comité de ética. Esta vez, el tono era distinto. Menos neutral. Más frío.
—Hasta que concluya la investigación, se le retirarán ciertas responsabilidades —le informaron—. Es una medida preventiva.
Preventiva. Una palabra elegante para decir desconfianza.
Amanda salió de la sala con el corazón pesado. Había trabajado demasiado para llegar allí. Había sacrificado demasiado. Y ahora todo pendía de un hilo, no por un error propio, sino por haber aceptado mantener una relación. Que nunca debió de ver aceptado, ahora le toca pagar las consecuencias.
Esa noche, al llegar a su departamento, encontró algo que no esperaba.
Una silueta en el pasillo.
—Amanda.
La voz la atravesó como un golpe del pasado. Que nunca se imagino volver a ver, después de lo ocurrido.
Álvaro.
Estaba allí, apoyado contra la pared, con el mismo rostro que conocía demasiado bien y una expresión que mezclaba culpa y determinación. Vestía de manera sencilla, como si hubiera llegado sin avisar, sin permiso… como siempre.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Amanda, sin ocultar la sorpresa.
—Necesitaba verte —respondió—. Lo vi en las noticias. Todo.
Amanda soltó una risa breve, amarga. —Claro. Ahora todos me ven.
Álvaro dio un paso al frente. —No vine a juzgarte.
—Viniste tarde —replicó Amanda.
Y el viejo desgraciado disfrutando fuera del país peto pendiente de todo reprochando que su hijo insiste con la empresa.
Y todavía piensas en Amanda están enamorados aunque se niegue.
Así que no te arrepientas sigue siendo profesional lo que paso en esa habitación Amanda se queda allí.
Amanda te fuiste a desahogar a un bar y te encuentras a un chico guapo sera Sebastian el hijo brillante de tu jefe pero con un carácter insufrible veremos que pasara esa noche.
Autora te deseo éxito y mucha suerte con esta nueva novela.
Gracias.