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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:645
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Lo que no pasa desapercibido

La conversación dentro de la oficina no tuvo un cierre definido, pero tampoco lo necesitaba, porque había cosas que no se resolvían en un solo intercambio de palabras, ni en una sola decisión pronunciada con calma aparente. Aurelia Vexen no insistió más de lo necesario, no porque aceptara la negativa de Gael Eryx Valcázar, sino porque entendía que forzar una respuesta distinta en ese momento solo generaría resistencia, y ella no era una mujer que actuara sin medir cada paso. Cuando finalmente decidió marcharse, lo hizo con la misma seguridad con la que había llegado, sin prisa, sin tensión visible en su expresión, como si nada en aquella conversación hubiera sido capaz de alterarla, como si todo formara parte de un proceso que aún no había terminado.

Al salir de la oficina, la puerta se cerró tras ella con un sonido leve que apenas se percibió en el ambiente, pero que marcó un cambio inmediato en la atmósfera. Su caminar por el pasillo fue firme, elegante, perfectamente controlado, sin buscar llamar la atención, pero inevitablemente captándola. Las personas que se encontraban cerca redujeron ligeramente el tono de sus voces o desviaron la mirada hacia ella por un segundo más de lo habitual, como si reconocieran que no se trataba de alguien común dentro de ese entorno. Aurelia no reaccionó a esas miradas, no les dio importancia, porque estaba acostumbrada a ese tipo de atención. Sin embargo, hubo una que sí captó su interés.

No fue inmediata, pero la sintió. No como una intrusión, sino como una observación consciente, firme, distinta a las demás. Cuando giró levemente el rostro, la encontró sin dificultad. Naelith Corvane no apartó la mirada al ser descubierta, pero tampoco la sostuvo con desafío. Había en sus ojos una atención clara, analítica, una forma de observar que no buscaba incomodar, pero tampoco esconderse. Era una mirada que intentaba comprender, que evaluaba sin prejuicios visibles, y esa diferencia fue suficiente para que Aurelia se detuviera internamente, aunque su paso no se interrumpiera. Durante un segundo, el tiempo pareció sostenerse entre ambas, no como un enfrentamiento, sino como un reconocimiento silencioso entre dos presencias que no necesitaban palabras para entender que aquel encuentro, por mínimo que fuera, no era irrelevante. Luego, Aurelia continuó su camino como si nada hubiera ocurrido, pero ese instante quedó registrado, claro, definido.

Dentro de la oficina, el silencio que quedó tras su salida no fue el mismo que existía antes. Gael permaneció de pie durante unos segundos, inmóvil, con la mirada fija en un punto que no parecía estar realmente viendo. Su expresión no se descompuso, su postura no perdió firmeza, pero algo en él ya no encajaba del todo con la calma que había sostenido hasta ese momento. No era duda lo que lo atravesaba, ni arrepentimiento, sino una frustración contenida, profunda, de esas que no se manifiestan en estallidos, sino en pequeños gestos que apenas se perciben, pero que alteran todo lo que viene después.

Se llevó una mano al rostro por un instante, en un movimiento breve que no buscaba dramatizar nada, sino reorganizarse, recuperar ese control absoluto al que estaba acostumbrado. Dio unos pasos dentro de la oficina sin un destino claro, como si el espacio de pronto le resultara más estrecho de lo habitual, como si algo que antes dominaba sin esfuerzo ahora exigiera más de lo que estaba dispuesto a conceder. Aurelia no era una variable que pudiera ignorar, no era un problema que desapareciera con una negativa clara, y eso complicaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Pero no era solo eso lo que lo mantenía en ese estado.

Había algo más.

Algo que no estaba directamente relacionado con su padre, ni con el acuerdo, ni siquiera con el matrimonio en sí. Era la sensación persistente de que todo se estaba moviendo hacia un punto que él no había elegido, una presión constante que intentaba arrastrarlo hacia una dirección que había decidido rechazar. Y aun así, no podía simplemente ignorarlo, porque las consecuencias no eran pequeñas, ni simples, ni evitables.

Se detuvo finalmente frente a su escritorio, apoyando las manos con firmeza sobre la superficie, inclinándose apenas hacia adelante, cerrando los ojos por un segundo que se extendió más de lo habitual. No era cansancio lo que lo obligaba a ese gesto, sino la necesidad de claridad, una claridad que no llegaba con la rapidez que habría esperado. Porque, por primera vez en mucho tiempo, no tenía el control absoluto de la situación.

La tarde continuó con una normalidad que parecía casi artificial. Las tareas se retomaron, las conversaciones volvieron a sus tonos habituales, el flujo de trabajo recuperó su ritmo, y en apariencia, todo funcionaba como siempre. Naelith Corvane se mantuvo enfocada en sus responsabilidades, revisando documentos, organizando información, cumpliendo cada tarea con la precisión que la definía, pero su mente no estaba completamente presente.

Había algo que no lograba dejar atrás.

La imagen de Aurelia volvía de forma constante, no como una distracción invasiva, sino como una idea persistente que no encontraba resolución. La forma en que había entrado, la seguridad en cada paso, la manera en que no necesitó explicación para moverse dentro de ese espacio, y sobre todo, la forma en que había salido de la oficina de Gael… todo indicaba que no se trataba de una visita cualquiera.

Y eso era lo que más le inquietaba.

No porque sintiera que tenía derecho a saber quién era, ni porque esperara una explicación, sino porque su presencia había provocado algo en ella que no terminaba de entender. No era incomodidad directa, ni rechazo evidente. Era una sensación más compleja, más sutil, una mezcla de curiosidad y alerta que no lograba ignorar.

El día terminó sin incidentes visibles, pero no dejó de sentirse distinto. Cuando Naelith regresó a su casa, lo hizo como siempre, siguiendo una rutina que normalmente le permitía desconectarse del ritmo exigente de la oficina, pero esa noche, ese espacio no logró cumplir completamente su función. Dejó sus cosas en su lugar, se movió con calma por su entorno, pero su mente seguía anclada a lo ocurrido.

Se sentó en el sofá sin encender luces adicionales, dejando que el silencio llenara el espacio, permitiéndose no hacer nada más que pensar. No era una reflexión ordenada, ni una búsqueda activa de respuestas, sino una serie de pensamientos que aparecían uno tras otro, todos girando alrededor del mismo punto.

¿Quién era?

La pregunta surgió sin rodeos, clara, inevitable. No era simple curiosidad, no era un pensamiento pasajero. Era algo más profundo, algo que se había instalado con una fuerza que no esperaba. No tenía respuestas, pero sí intuiciones, fragmentos de certeza que no terminaban de formar una imagen completa, pero que eran suficientes para entender que aquella mujer tenía un lugar importante en la vida de Gael.

Más importante del que debería.

O del que ella esperaba.

Se recostó ligeramente, apoyando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos por un instante mientras esa idea se asentaba sin resistencia. Recordó la forma en que Gael había estado ese día, más distante, más frío, más cerrado que en días anteriores, como si algo hubiera cambiado durante la noche sin que nadie más pudiera verlo claramente.

Todo estaba conectado.

Y aunque no tenía las piezas completas, sabía que aquello no era algo menor.

Porque algunas presencias no llegan por casualidad.

Y algunas sensaciones…

No aparecen sin motivo.

Esa noche, por primera vez desde que había comenzado a trabajar ahí, Naelith no pensó solo en su desempeño, ni en sus responsabilidades, ni en lo que debía hacer al día siguiente.

Pensó en él.

Y en ella.

Y en todo lo que, sin quererlo, comenzaba a cambiar.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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