La escuela está en pánico, en el pueblo pasan cosas extrañas, los padres ya no dejan salir a sus hijos, algunos murmuran sobre un animal raro, ¿un perro grande, o algo más?, nadie se atreve a decirlo en voz alta.
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Pelea de alfas
El aire cambió.
Fue un segundo, un parpadeo. Luke dejó de sonreír. Sus ojos negros se tragaron todo lo humano. Un crujido huesos rompiéndose, piel estirándose y ropa desgarrada.
—No, no, no —susurré.
Tarde, donde estaba Luke ahora había un lobo negro enorme. El doble que un perro normal. Los colmillos goteando. Gruñendo desde el pecho; me miró. Después miró a Zack.
Y saltó.
—¡Zack! —grité.
Él no corrió, no gritó dio un paso al frente, se interpuso entre el lobo y yo. Cerró los ojos un instante, cuando los abrió ya no eran grises. Eran ámbar brillando.
Un sonido seco, como un trueno adentro de su pecho. Su ropa se rasgó, la espalda se arqueó, las manos se volvieron garras. En un salto ya no estaba Zack. Estaba un lobo gris, más grande que Luke con una cicatriz en el hocico. La misma de la ceja.
Chocaron en el aire. El bosque explotó.
Gruñidos, dientes, sangre en la tierra; el lobo negro mordió el cuello del gris. El gris lo tiró contra el árbol, la corteza voló. Yo me tapé los oídos. Me pegué al tronco, temblando.
—Paren —grité— ¡paren, por favor!
No me oyeron. No eran chicos peleando por una chica. Eran dos alfas, dos monstruos, peleando por territorio. Por sangre, por mí.
Zack lanzó a Luke al río. El agua se tiñó de rojo, Luke salió empapado, se le tiró encima y lo mordió en la pata. Zack aulló. Un aullido que me partió el pecho, le contestó enterrándole los colmillos en el lomo.
Yo lloraba. Me resbalé al suelo.
—Zack —sollocé— por favor.
El lobo gris giró la cabeza un segundo me vio. Ojos ámbar, dolidos. Después volvió a Luke, lo sometió. Le puso la pata en el cuello y le gruñó en la cara.
Luke se quedó quieto, jadeando, sangrando. Al final bajó las orejas y se rindió.
Zack lo soltó, retrocedió hasta ponerse entre Luke y yo temblando, sangrando del cuello, de la pata, pero de pie. Protegiéndome.
Luke se levantó lento. Me miró. Después lo miró a él. Escupió sangre al suelo. Y se fue corriendo entre los árboles. Hecho lobo, hecho sombra.
Después lo que queda es el silencio. Solo el rio, mi llanto y Zack jadeando convertido en bestia.
Me miró, dio un paso hacia mí. Yo me hice bolita contra el árbol.
—No —dije temblando— no te acerques.
Él se detuvo. Bajó la cabeza. Un quejido salió de su hocico, no de dolor, sino más bien de culpa. De miedo a que yo le tuviera miedo.
Y yo le tenía terror, estaba horrorizada, Porque esto era lo que presentía, lo que ya sabía, que no eran chicos normales. Que no eran humanos. Que la sed que sentí en el sillón, la mano en mi pelo, el casi beso, todo era de bestias.
En esos ojos de lobo entendió que yo le tenía miedo. Que la chica que miraba su cuello en el sillón ahora temblaba viéndolo.
Retrocedió, pasos atrás cojeando. La pata trasera le fallaba. Dejaba sangre en la tierra, en las hojas, pero no quitó los ojos de mí ni un segundo. Asegurándose de que estaba bien. Asegurándose de que Luke no volvía.
Cuando llegó al borde de los árboles se detuvo. Me miró una vez más. Larga, profunda. Como despidiéndose. Como pidiéndome perdón sin voz humana.
Después se dio la vuelta. Y se fue despacio, herido, solo. Desapareciendo entre los arbustos sin hacer ruido. Sin aullar.
Me quedé ahí. Abrazando mis rodillas. Con el sabor de Luke todavía en la boca. Con la imagen de Zack lobo grabada en fuego. Con su sangre en la tierra a medio metro de mí.
Narrador
Media hora después en claro del norte.
Zack llegó arrastrando la pata. Ya en forma humana, la ropa hecha jirones. La sangre seca en el cuello, en el costado, en la boca. Se apoyó en un árbol para no caer.
Ahí estaban, Diego, Cool, Eitan y Valeria. Su manada. Todos en humano. Todos lo sintieron llegar antes de verlo.
Zack —dijo Diego corriendo hacia él— ¿Qué mierda te pasó?.
Zack se dejó caer al suelo, respirando por la boca, le ardía todo.
—Luke —dijo y escupió sangre— me enfrenté a Luke.
Cool se arrodilló. Le revisó la herida del cuello.
—Te desgarró feo hermano —dijo— ¿Fue por territorio?
Zack negó con la cabeza. Apretó los dientes. Las palabras le salieron por impulso, sin filtro, sin pensar.
—No —dijo— fue por Caroline.
Eitan y Diego se miraron. Valeria se tensó.
—¿Tu hermanastra ya sabe de nosotros? —preguntó Valeria con la voz furiosa.
Zack se rió sin humor. Le dolió hasta el alma.
—Sí —dijo— Ella ya sabe la verdad. Toda la verdad.
Silencio.....
Diego se quedó helado.
—¿Qué? —dijo— ¿ella sabe? ¿Sabe de nosotros? ¿De los lobos?
Zack asintió. Se pasó la mano por la cara llena de tierra y sangre.
—Lo sabe —dijo— Me vio convertido hoy, me vio pelear con Luke. Vio todo y no corrió antes ni después.
Eitan maldijo en voz baja.
—Oliver nos mata —dijo— su padre nos va a cazar.
Valeria cruzó los brazos. Los ojos entrecerrados.
—Entonces por eso me sacaste de la carpa anoche —dijo— por ella. Por tu hermanita, nos arriesgaste a todos.
Zack la miró. Ámbar todavía. Sin culpa.
—Sí —dijo— por ella, porque no la tocas. Nadie la toca, ¿Entendieron?.
Cool le puso una mano en el hombro.
—Hermano —dijo— si ella sabe y no nos delata. No tenemos de qué preocuparnos.
Zack abrió los ojos. Brillando con rabia y con miedo.
—Me tuvo miedo hoy —dijo— me vio lobo y me tuvo miedo. Me alejé cojeando para no asustarla más. La dejé sola contra un árbol llorando por mi culpa.
Valeria apretó la mandíbula.
—Increíble —Exclamó.
Diego la calló con una mirada.
—Ya Valeria —dijo— no es momento.
Zack se levantó con esfuerzo. Escupió más sangre.
—Vuelvo —dijo— tengo que saber si está bien. Si Luke no regresó.
Eitan lo detuvo.
—Zack —dijo serio— si vas así sangrando y ella te tiene miedo la vas a romper. Piensa.
Zack los miró a todos, por primera vez en semanas no supo qué hacer. Porque su instinto decía ve por ella. Su cabeza decía aléjate. Y su corazón no sabía a quién obedecer.