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Destino En Beijing.

Destino En Beijing.

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:896
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

En la ciudad prohibida, las reglas no solo están escritas en piedra, sino también en el corazón de un hombre que juró nunca amar.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 02: La Tensión del Plano

La oficina de Mei Ling, situada en un modesto estudio en el distrito artístico de 798, era el polo opuesto a la frialdad de Li Corp. Aquí, las paredes estaban cubiertas de bocetos, muestras de madera de sándalo, fragmentos de seda y maquetas de cartón pluma. El aire olía a café fuerte y a grafito. Esa noche, Mei Ling no se había ido a casa. La lluvia golpeaba rítmicamente contra el tragaluz, creando una atmósfera de aislamiento total.

—Ese arrogante... ese dictador de oficina... —murmuraba Mei Ling mientras borraba con furia un trazo en su mesa de dibujo.

Había pasado las últimas diez horas revisando cada línea de "El Ala del Fénix". La crítica de Li Wei, aunque cruel, se le había quedado grabada como un tatuaje. "Desperdicia espacio", "margen de beneficio", "monumento a su ego". Por mucho que lo odiara, su mente de arquitecta no podía dejar de analizar los puntos que él había señalado. Si eliminaba la doble curvatura del ala sur... si reconfiguraba los núcleos de ascensores...

—¿Sigues aquí? —Zhang Bo, su socio y mejor amigo, entró en el estudio con dos recipientes de fideos humeantes—. Mei, te vas a enfermar. Has estado mirando ese papel desde que regresaste de la Torre Li.

—Dijo que era inútil, Bo —respondió ella, levantando la vista con los ojos enrojecidos—. Lo tiró sobre la mesa como si fuera un panfleto de propaganda. Ni siquiera miró el sistema de recolección de agua pluvial que diseñé.

Zhang Bo suspiró, dejando la comida sobre una pila de libros de urbanismo.

—Li Wei no mira sistemas de agua, Mei. Él mira balances de situación. Es un hombre que nació en una cuna de oro y la convirtió en una fundición de acero. Pero tienes que admitir algo... nunca se equivoca en los números.

—Esa es la parte que más odio —confesó ella, dejando caer el lápiz—. He estado recalculando. Si sigo su lógica de optimización de espacio, el edificio pierde su gracia. Se convierte en... en uno de sus edificios. Eficiente, frío, muerto.

Mei Ling se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro del estudio. La frustración la desbordaba. No era solo el rechazo del proyecto; era la sensación de que Li Wei representaba todo lo que estaba mal en el mundo moderno de China: el éxito medido solo por el crecimiento, ignorando la identidad.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Bo—. ¿Aceptar la derrota y presentar el proyecto a Chen Hui? Sabes que Chen es el enemigo directo de Li. Lo aceptaría solo por fastidiarlo.

—No —dijo Mei Ling con firmeza—. Chen Hui es un oportunista. Si construyo con él, el proyecto será una caricatura. Quiero que "El Ala del Fénix" se levante como yo lo soñé, pero quiero que Li Wei admita que se equivocó. Quiero que él vea que la belleza puede ser rentable.

—Eso es como pedirle a la Gran Muralla que se mueva tres metros a la izquierda, Mei.

—Pues traeré picos y palas si es necesario.

Pasaron las horas. Bo se quedó dormido en el sofá, pero Mei Ling continuó trabajando bajo la luz de una lámpara de escritorio. Empezó a rediseñar, no para complacer a Li Wei, sino para desafiarlo. Creó una estructura modular que permitía los techos curvos sin perder metros cuadrados habitables. Fue un momento de epifanía arquitectónica, una solución técnica que había estado frente a ella todo el tiempo, oculta por su propio orgullo.

A las tres de la mañana, su teléfono vibró sobre la mesa de madera. Era un correo electrónico oficial de Li Corp. Mei Ling sintió que el pulso se le aceleraba.

*Estimada señorita Mei. El señor Li Wei solicita su presencia en su oficina privada mañana a las 7:00 AM para una revisión final del expediente del concurso. Su asistencia es obligatoria si desea que su firma permanezca en la lista de proveedores autorizados del Grupo Li.*

—¿Oficina privada? —susurró Mei Ling—. ¿A las siete?

No era una reunión formal en la sala de juntas. Era una convocatoria al santuario del Dragón. Mei Ling sintió una mezcla de pavor y triunfo. Él no la había descartado del todo. O quizás, simplemente quería terminar de destruirla en privado.

Se lavó la cara con agua fría, se cambió de ropa por un conjunto de sastre negro que la hacía sentir como si llevara una armadura y recogió sus nuevos planos. Al salir del estudio, el aire de Beijing estaba limpio por la lluvia, y la luz del amanecer empezaba a teñir las calles de un rosa pálido.

Cuando llegó a la Torre Li, la seguridad la escoltó no al piso 88, sino a una entrada privada que conducía a un ascensor diferente. Este la llevó directamente a un ático que servía como residencia y oficina personal de Li Wei. Al abrirse las puertas, Mei Ling se encontró en un espacio que parecía flotar sobre la ciudad. No había oficinas, ni secretarias, ni el ruido del aire acondicionado. Solo el sonido de un goteo de agua de una fuente zen y el aroma intenso a café recién hecho.

Li Wei estaba de pie frente a una pared de cristal, vestido informalmente con una camisa blanca de seda sin corbata. Parecía menos un CEO y más un hombre atrapado en sus propios pensamientos.

—Llega cinco minutos antes, señorita Mei. Veo que ha aprendido la lección sobre la precisión —dijo él, girándose lentamente.

Sus ojos recorrieron a Mei Ling, deteniéndose en el nuevo portaplanos que ella sostenía. Había una intensidad en su mirada que no estaba allí el día anterior, una curiosidad que intentaba ocultar tras su máscara de frialdad.

—No he venido por la precisión, señor Li. He venido porque usted tiene razón en una cosa —dijo ella, avanzando hacia el centro de la estancia—. Mi diseño anterior era egoísta.

Li Wei arqueó una ceja, intrigado.

—¿Una arquitecta que admite un error? Eso es más raro que un día sin contaminación en esta ciudad.

—Pero —continuó ella, plantándose frente a él—, usted se equivoca al creer que la solución es el aburrimiento. He traído algo nuevo. Algo que no desperdicia un solo centímetro, pero que hará que cada persona que entre en ese edificio sienta que está viviendo en el siglo XXII sin haber olvidado el siglo X.

Li Wei se acercó. La tensión entre ellos era palpable, una corriente eléctrica que parecía vibrar en el aire cargado del ático. Él extendió la mano hacia los planos, pero esta vez, sus dedos rozaron los de Mei Ling al tomarlos. Fue un contacto breve, pero ambos se quedaron inmóviles durante una fracción de segundo. La piel de ella ardió bajo el toque gélido de él.

—Póngalos en la mesa, señorita Mei —dijo él con la voz ligeramente más ronca—. Veamos si su talento es tan grande como su terquedad.

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Liliana Maria Pico
Excelente! Me gustó la trama y que sea una novela corta
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