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Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Status: Terminada
Genre:Harén Inverso / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Anastasia solo quería un café tranquilo y quizás encontrar la oferta del 2x1 en su supermercado. En cambio, terminó siendo el centro de atención de siete hombres que parecen sacados de una fantasía... o de un manicomio con buena genética.

Un millonario excéntrico, un artista bohemio dramático, un científico genio con alergia social, un chef que solo cocina para ella, un guardaespaldas estoico que le tiene miedo a los gatos... ¿y la lista sigue? Anastasia intentará mantener la cordura (y su espacio personal) mientras su "harem" compite por su afecto de las maneras más hilarantes y desastrosas imaginables.

¿Podrá encontrar el amor verdadero o solo una gran factura de terapia?

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La Batalla Culinaria y el Postre Sorpresa

Anastasia había pasado el resto del fin de semana en un estado de semi-negación, interrumpiendo ocasionalmente por llamadas, mensajes y apariciones sorpresa que la hacían dudar de su propia cordura. Max le había enviado un dron para entregarle un nuevo móvil ("Por si el anterior estaba 'contaminado' por la pobreza visual, querida"), Caleb le dejó un poema épico bajo su puerta sobre "la danza de su alma con el asfalto", Silas le envió un informe detallado sobre la composición nutricional de todos los aperitivos del supermercado y un gráfico de probabilidad de satisfacción, y Rocky se materializaba en las esquinas más inverosímiles, como un fantasma musculoso y con fobia felina.

Pero era la invitación de Nico Sabor la que había despertado su curiosidad y, para ser honesta, su apetito. Un risotto de mariscos y un postre especial "inspirado en tu sonrisa". La idea de una comida deliciosa, preparada por un chef apasionado, sonaba como una tregua bienvenida en medio del circo de su vida. Además, la posibilidad de un postre que no fuera un experimento fallido de Silas o una flor comestible de Caleb era tentadora.

El lunes por la noche, Ana se puso un vestido sencillo pero elegante. Se miró al espejo. "¿Quién soy yo ahora? ¿La mujer que compra cereales en oferta o la musa de un chef?", murmuró con una sonrisa irónica. Se decidió por la segunda. Hoy cenaría como una reina, o al menos, como alguien que no cenaría pizza fría por tercera vez en la semana.

Nico tenía su propio restaurante, "El Sabor Escondido", un lugar acogedor con luces tenues, música jazz suave y un aroma a hierbas frescas y especias exóticas que te envolvía desde el momento en que cruzabas el umbral. Cuando Ana llegó, Nico la recibió en la entrada, su sonrisa cálida y genuina. Su chaqueta de chef estaba impecable, y sus ojos brillaban con una anticipación que Ana no había visto en ninguno de los otros. Era diferente. Aquí, en su elemento, Nico parecía sereno, concentrado... hasta que Ana vio las otras mesas.

Max Fortuna estaba sentado en la mesa más grande, como si fuera el rey del lugar. Ya había descorchado una botella de vino que probablemente costaba lo mismo que su riñón y estaba hablando animadamente con el sumiller, al que parecía estar dando instrucciones sobre cómo mejorar la carta de vinos.

En otra mesa, Caleb Canvas estaba garabateando febrilmente en un cuaderno, con un sombrero de ala ancha y una expresión atormentada. Parecía estar dibujando a Ana, o tal vez a un camarero, o quizás a la botella de vino de Max. No se sabía.

Silas Cortex, por su parte, estaba en una mesa pequeña, meticulosamente limpia, con un portátil abierto. Parecía estar midiendo la acústica del lugar con un pequeño dispositivo y anotando datos. Levantó la vista, se ajustó las gafas y le hizo un pequeño asentamiento a Ana, como un saludo científicamente aprobado.

Y Rocky Ferreo... Rocky estaba en la entrada, con su postura habitual de roble, pero con un detalle curioso: llevaba una pequeña mochila. Y sus ojos, inusualmente, escaneaban el suelo con una mezcla de pavor y concentración. Oh, no.

"¡Nico!", exclamó Ana, con una sonrisa que se sentía un poco forzada. "¿Qué... qué sorpresa tan agradable ver a todos aquí?"

Nico rió, un sonido cálido y ronco. "Ah, sí. Una pequeña reunión de... amigos. Pensé que disfrutarías de la compañía. Max se ofreció a cubrir el gasto del vino, Caleb insistió en que su 'inspiración' solo florece en ambientes culinarios sofisticados, Silas quería 'analizar la experiencia gastronómica' y Rocky... bueno, Rocky dijo que 'garantizaba mi seguridad' mientras cocino. Es... un grupo animado, ¿no crees?" Nico le guiñó un ojo. Ana no sabía si quería reír o llorar.

La cena comenzó con una serie de aperitivos que eran obras de arte comestibles: vieiras caramelizadas con espuma de limón, mini-tartaletas de queso de cabra y cebolla caramelizada, y una emulsión de aceite de oliva y albahaca que Ana juró que podría beber a sorbos. Nico, con cada plato, explicaba la inspiración, los ingredientes, la historia detrás de cada bocado. Su pasión era contagiosa.

Pero, por supuesto, la paz no duraría.

Max, con su copa de vino en la mano, interrumpió la explicación de Nico sobre el origen del azafrán. "Nico, querido, este vino es excelente, pero he notado que no tienes un Château Margaux de 1787. Tengo una pequeña bodega llena de ellos. Puedo enviarte unas botellas mañana. Complementarían perfectamente este... entrante." Max le dedicó una sonrisa a Ana, como si el vino de 1787 fuera un regalo para ella.

Caleb, por su parte, aprovechó el momento para sacar su cuaderno. "La simetría de la vieira, la sutil paleta de colores... ¡Es un lienzo! Si el chef permitiera un pequeño toque artístico, una pincelada de coulis de frutos rojos para añadir un contraste dramático..."

Silas, que había estado escribiendo en su portátil, intervino. "Caleb, la adición de coulis alteraría el perfil de pH del plato, afectando la estabilidad de la emulsión y la percepción del sabor. Desde un punto de vista molecular, no es recomendable." Silas se ajustó las gafas. "Además, el porcentaje de éxito de una adición no solicitada en un plato maestro es inversamente proporcional a la reputación del chef. Probabilidad de éxito: 0.01%".

Nico, sorprendentemente, mantuvo la compostura. Una vena palpitaba en su sien, pero su sonrisa no flaqueó. "Mis platos son perfectos tal como están, mis amigos. No necesitan adornos, ni vinos que se bebieron Napoleón, ni análisis moleculares. Solo necesitan ser saboreados." Dicho esto, se giró hacia Ana. "Ahora, el risotto. Un plato que, al igual que la vida, debe ser disfrutado lentamente, grano a grano."

El risotto de mariscos llegó, humeante, cremoso, con trozos generosos de langostinos, calamares y almejas. Ana dio el primer bocado y cerró los ojos. Era sublime. Rico, salado, con un toque de limón y hierbas. Por un momento, olvidó el caos.

Pero el caos, como un gato sigiloso, siempre encuentra su camino de regreso.

Max, viendo el disfrute de Ana, se inclinó. "Nico cocina bien, sí, pero mi chef personal hace un risotto con trufas blancas que te dejaría sin palabras. Podría organizar una 'comparativa' la próxima semana. Una degustación a ciegas. Tú serías la juez, por supuesto."

Caleb, a su vez, miró el risotto con ojos críticos. "Demasiado literal. ¿Dónde está la metáfora? ¿La angustia existencial del grano de arroz enfrentándose a su destino cremoso? Necesita más... alma."

Silas, siempre el pragmático, estaba analizando los ingredientes en su plato con una lupa. "He detectado una proporción de 3:1 de arroz Arborio a caldo de pescado. Suficiente para la absorción de líquidos, pero la cantidad de azafrán podría ser calibrada para una mayor uniformidad de color."

Ana se estaba riendo. Una risa suave, que atrajo la atención de Nico. "Es delicioso, Nico", le aseguró, dándole una sonrisa cálida. "Absolutamente perfecto."

Nico le devolvió la sonrisa, y Ana notó un brillo de orgullo en sus ojos. Parecía que su opinión era la única que importaba para él. Era un sentimiento agradable, y un poco abrumador.

Mientras disfrutaban del plato principal (o, al menos, Ana lo disfrutaba mientras los otros hacían sus comentarios), un incidente en la entrada llamó la atención de Rocky. Un pequeño movimiento, un destello de piel oscura.

"¡Alto ahí!", gritó Rocky, poniéndose de pie con la agilidad de un ninja. La pequeña mochila en su espalda vibró ligeramente.

Todos se giraron para mirar. En la puerta, un gato negro, con ojos verdes brillantes, se había colado y estaba investigando un jarrón.

El pánico se apoderó de Rocky. "¡Es... es uno de ellos!", balbuceó, retrocediendo hacia la cocina. "¡El infiltrado felino!"

Max se rió a carcajadas. Caleb dejó caer su lápiz. Silas anotó algo en su libreta: "Fobia felina: aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, vocalización incontrolada."

Nico, que era el único que podía tranquilizar a Rocky cuando se trataba de gatos, suspiró. "Rocky, es solo un gato callejero. No va a atacarte."

"¡Pero... pero su mirada! ¡Es... penetrante!", dijo Rocky, asomando la cabeza por la puerta de la cocina, con una cuchara de madera en la mano como arma.

Ana no pudo evitarlo. Se echó a reír a carcajadas. La situación era tan absurda que era hilarante.

Finalmente, el momento del postre llegó. Nico trajo un plato cubierto con una campana de plata. "Y ahora, para mi musa inspiradora, el 'Postre Sorpresa'. Creado pensando en ti, Ana."

Cuando Nico levantó la campana, Ana vio una creación de azúcar y chocolate que era, de hecho, una obra de arte. Una pequeña figurita de azúcar de un perezoso estaba sentada en un sofá de chocolate, bebiendo un latte de avena extra caliente sin azúcar. A su alrededor, pequeños detalles de chocolate que representaban un maletín, un pincel, unas gafas y un pequeño gato. La precisión era asombrosa, y el toque personal la conmovió.

"¡Es... es increíble, Nico!", dijo Ana, sus ojos brillando. "Me encanta el perezoso."

Max se recostó en su silla, con una sonrisa autosuficiente. "Una buena idea, Nico. Pero un perezoso de azúcar no es lo mismo que un perezoso de verdad. Si Ana quiere un perezoso, puedo comprarle una reserva natural entera llena de ellos."

Caleb, por su parte, se levantó y se acercó al postre, examinándolo con una intensidad artística. "La representación de la melancolía del perezoso... ¡Qué profundo! Pero la anatomía del gato de chocolate podría ser más... expresiva. Un poco más de dramatismo en su postura."

Silas, por supuesto, ya había sacado un pequeño medidor de azúcar. "La composición de sacarosa es elevada. Aproximadamente 30 gramos por porción. Podría generar un pico de glucosa significativo."

Rocky, que había regresado de la cocina con un delantal puesto y una expresión de cautela, se acercó al postre. "El gato... ¿está vivo? ¿Es una trampa?"

Nico, esta vez, sí que se rió. Una carcajada fuerte y genuina. "Mis amigos, es un postre. Para comer. Y disfrutar." Luego se giró hacia Ana, su mirada era suave y sincera. "Espero que te guste, Ana. Cada bocado está hecho con... aprecio."

Ana tomó una cucharada del postre. Era delicioso. Dulce, cremoso, con un toque amargo de chocolate que complementaba todo a la perfección. La combinación de sabores era una sinfonía en su boca.

Mientras comía, Ana miró a los hombres a su alrededor. Max, que ahora le estaba ofreciendo comprarle un viaje a Bora Bora para "desintoxicarse del estrés de los perezosos de azúcar". Caleb, que estaba dibujando furiosamente el postre, añadiéndole su propio toque dramático. Silas, que seguía analizando la glucosa. Y Rocky, que todavía miraba con recelo el gato de chocolate, preparado para la defensa.

Sí, esto era un caos. Un caos ruidoso, dramático, excéntrico, lleno de gestos grandilocuentes y análisis científicos. Pero también era... peculiarmente divertido. Y este postre. Este postre era una pequeña obra de arte, hecha solo para ella, que representaba no solo su café derramado, sino también el desordenado y dulce comienzo de su nueva vida. Su terapeuta no estaría lista para esto, pero Ana empezaba a sospechar que tal vez, solo tal vez, ella sí lo estaba. O al menos, estaba dispuesta a ver a dónde la llevaba este delicioso y absurdo viaje.

¿Qué tipo de situación hilarante crees que podría seguir a este banquete tan "bien acompañado" para Anastasia?

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Iris Jazmín Rodríguez
me encantó el libro 😄 es divertido 😃 y muy entretenido la verdad que me fascinó el libro 🥰👍
Jessicar: iris muchas gracias
total 1 replies
Iris Jazmín Rodríguez
🥰😃😃👍👍👍🥰🥰👍👍👍
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