Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 2: "No me casaré contigo"
AYLA
Tras salir de bañarme estaba sola en mi habitación con la cama recién hecha y con mi vestido sobre esta. Me vestí rápido repasando en mi mente todo lo que iba a ocurrir. Vidar trataría de terminar el compromiso sin importarle nada, hasta el punto de humillarme frente a nuestras familias.
Pero lo único diferente sería que no me dejaría humillar por él, no en esta vida. En la otra lo permití siendo una estúpida cegada por el amor que según yo lo haría verme con otros ojos, pero nunca sucedió. Aceptaría la cancelación del compromiso y además lo haría bajo mis propios términos.
Suspiré al mirarme en el espejo tras terminar de vestirme. Mi vestido era azul claro, con un lazo blanco atado alrededor de la cintura, largo hasta la rodilla, era más sencillo que el otro vestido que había usado en mi otra vida.
Rojo intenso, ajustado y largo hasta el tobillo y tacones rojos de aguja de diez centímetros. Y ahora llevaba un vestido más sencillo, pero adecuado para la ocasión, tacones negros no muy altos, pero elegantes. Me maquillé de forma sencilla, no exagerada. Solo un maquillaje simple que me hacía ver más madura y sensata, pero sin dejar verme elegante. Mi cabello estaba suelto, cepillado de una forma que se veía bien.
Mary entró a mi habitación mirándome con una mezcla de confusión y de incertidumbre que no le conocía desde que tenía uso de razón.
—Tus padres están esperando y no están contentos—me advirtió. Eso era raro, porque aquello no había sucedido en el pasado, por lo que tuve la sensación de que posiblemente algo pasó y que no me esperaba en absoluto menos tratándose de mis padres que cuando ellos tomaban una decisión esta debía cumplirse al pie de la letra. Sin importar nada, sin importa lo que otros pensaran o dijeran. Se sentó en el borde de la cama haciendo que me sentara a su lado.—, quiero que tengas cuidado.—Me dijo con voz preocupada, pero firme. Asentí teniendo en cuenta eso.
Salí de mi habitación sabiendo que posiblemente mi futuro cambiaría de una forma de la que no estaba muy segura si era para bien o para mal en más de una forma. Solo estaba segura de que no buscaba repetir el mismo destino y errores del pasado. Respiré profundo mientras caminaba por el pasillo escuchando el sonido de mis pasos resonando en todo el espacio y al mismo tiempo oía el latido acelerado de mi corazón, tratando de mostrarme lo más natural posible, pero me era imposible sabiendo que en cuanto dijera aceptaba no casarme con Vidar Schneider, bueno... sería todo un espectáculo, aunque sinceramente solo buscaba tener una vida tranquila lejos de todo lo que conocía y ser libre.
Bajaba las escaleras de terciopelo azul oscuro, con una mezcla de miedo y de algo parecido a la aceptación. La aceptación de saber que el hombre que una vez amé sería libre de amar a otra mujer que no era yo, además estaba preparada cuando eso pasara.
Terminé de bajar las escaleras y llegué a la sala de estar allí en el mismo sofá oscuro firme y no muy cómodo, mis padres tenían esa expresión seria, pero también serena de una forma que daba miedo, porque era raro verlos de ese modo.
Mi Madre Elisa, una mujer de mediana edad y ojos azules iguales a los míos, tenían ese brillo peligroso y único que solo mi padre podía descifrar. Llevaba puesto un vestido beige, sencillo, dejando lucir su figura esbelta y perfecta, sin adornos, solo un collar de perlas colgando de su cuello, llevaba tacones sencillos del mismo color del vestido, también sin adornos. Su cabello rubio peinado en un moño sencillo le daba esa apariencia de ser una mujer práctica, pero justa. Cosa que durante años ella quiso inculcarme y; sin embargo, ignoré.
Mi padre Rhaegar, era un hombre de mediana edad, alto, musculoso, ojos grises que reflejaban años de experiencia y de algo más que solo mi madre conocía a la perfección. Llevaba un traje oscuro con camisa blanca y corbata gris, miraba su reloj cada tanto como si esperara que este momento terminara lo más pronto posible para seguir con sus propios asuntos. Se pasó una mano por su cabello oscuro y abundante como el mío notando que no estaba feliz de esto.
Mientras tanto Vidar estaba sentado en el otro extremo de la sala evitando mirar hacia otro lado que no fuera nada más que hacía la nada tratando de fingir que no estaba ahí sentado en mi casa evidentemente fastidiado de estar en el mismo sitio que yo. Su traje también oscuro, lo hacia ver como si fuera a un especie de funeral propio, porque no se estaba comprometiendo con Alicia sino conmigo y eso para él era peor que la muerte misma.
Sus ojos color miel se posaron casi de inmediato en mí al verme llegar, su expresión gélida y oscura seguía allí, su cabello perfectamente peinado hacia un lado hacia más vivida esa imagen de lo que era en realidad.
Su rostro con facciones perfectas con aquella expresión gélida aún presente, que antes me cautivaba de formas que no lograba descifrar, pero que me hacía quererlo más ahora no era nada más que una máscara para ocultar su verdadero ser. El que yo desenmascaré tras haber insistido en casarme con él en el pasado.
Los tres me miraron con esa expresión de cansancio y a la vez de algo que en el pasado no había notado, pero ahora lo vi y supe que mis padres simplemente estaban cansados e incluso hartos de mí y no los culpaba.
Me senté en el otro extremo en una silla a lado de la chimenea de ladrillos pintada de blanco con una repisa color chocolate encima que combinaba con el suelo de madera del mismo color en esa repisa miré brevemente esa fotografía de mis padres y de mí. Yo era la única sonriendo mientras que mis padres ni siquiera eso. Aún recordaba esa foto y sinceramente desearía que nunca hubiese sido tomada tras haber provocado que mi pobre hermano gemelo fuera expulsado de la Universidad hace dos años y luego de eso él cortó contacto con todos y no he sabido nada de él desde entonces y estaba muy arrepentida.
Entonces mi padre me trajo a la realidad cuando comenzó hablar.
—Bueno ya que mi hija está aquí terminemos con esto—Habló con ese tono serio que había ignorado en el pasado, pero al escucharlo y poner atención me daba cuenta de que él no deseaba esta boda, sin embargo, sí eso me callaba entonces que así fuera. Fui tan estúpida.—, Vidar comienza.—Le pidió mi padre. Vidar apenas lo miró y simplemente asintió sin ganas de darme el anillo.
—Ayla... seré honesto contigo.—Dijo mi nombre con ese tono serio que ocultaba lo que realmente sentía en ese momento y lugar.—No me casaré contigo...—Lo dijo finalmente lo dijo, y eso me dio alivio, me sentía bien al escucharlo. Incluso pensé que él había renacido, pero al ver su expresión gélida y a la vez decidida supe que no era así.—No me importa lo digas o hagas, no cambiaré de opinión. Lo siento.
Fue honesto. Asentí ante sus palabras cargadas de honestidad y de desdén.
—Lo entiendo...—dije con una calma que hasta a mí me sorprendió. Me miró perplejo y mis padres se sobresaltaron al oírme tan tranquila.
—¿Qué quieres Ayla?—Me exigió mi madre con ese tono serio acompañado de una evidente frustración e incertidumbre.
—Nada madre—Respondí con honestidad.—, me doy cuenta de que no debí de haber hecho esto.—Mi padre se levantó de su lugar, se acomodó el saco con esa expresión de alguien que perdió su tiempo en un evento poco importante para él.
—Por lo que veo, esto fue un desperdicio. Bueno... entonces—Dijo mi padre mirando a Vidar con cuidado.—Lamento haberte hecho perder el tiempo en esta ridiculez.—Vidar asintió sin decir nada más. Mientras que mi madre soltó un suspiro frustrado negando con la cabeza.
—Lamento las molestias.—Dijo Vidar evidentemente confundido, pero aliviado.
Se retiró sin siquiera decir algo más, ni siquiera me miró y lo entendí en más de una forma. Él iba en camino a ver a su amada Alicia, lo noté en sus ojos.
Al oír cerrar la puerta, mi padre se retiró tras haber recibido una llamada y haberle dado un beso en la mejilla a mi madre. Mientras que ella me miró con evidente confusión.
—¿Qué planeas Ayla?—Me preguntó sin rodeos.
—Nada madre...—le respondí, pero no me creía en absoluto. Ella suspiró harta.
—Primero lloras y amenazas con hacer quién sabe cuántas cosas para obligar a ese muchacho que claramente te DETESTA a casarse contigo y ahora le dices que entiendes que no deseas casarte con él, ¿qué diablos te pasa niña?—Me preguntó casi en un grito frustrado.
—Lo siento...—En ese momento se levantó de golpe y se fue ignorando lo que dije. Era evidente que ninguno quería creerme y era un precio que tenía que asumir.
Me quedé sola mirando hacia la nada comprendiendo que ahora estaba haciendo lo correcto. No buscaba nada más. Solo quería redimirme.