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PASSIONE

PASSIONE

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Equilibrio De Poder / Dominación / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

El trayecto de vuelta en el autobús se sintió tres veces más largo que el de ida. Davina iba apoyada contra la ventanilla, sintiendo el calor del cristal contra su frente. Los edificios de lujo de la zona sur fueron quedando atrás, sustituidos por las casas amontonadas, los grafitis desgastados y el bullicio caótico de los barrios del norte.

Se sentía como una impostora. El traje marengo, que por la mañana le parecía una armadura, ahora le apretaba el pecho y le recordaba que no pertenecía al mundo de mármol de la inmobiliaria Hawser. Las palabras de Teresa —*"busque algo más acorde a su realidad"*— se repetían en su cabeza como un eco venenoso.

Cuando finalmente llegó a su calle, el olor a ropa limpia y a comida casera la recibió antes de cruzar el umbral. Deliya estaba doblando unas sábanas blancas, inmensas, que ocupaban casi todo el salón.

Al oír la puerta, Deliya levantó la vista. No necesitó preguntar. Conoció la respuesta en la forma en que su hija dejó caer el bolso sobre el sofá y en cómo sus hombros se desplomaron.

—Esa mujer... esa Teresa... me hizo sentir como si fuera basura, mamá —susurró Davina, su voz rompiéndose por primera vez en el día.

Se quitó la chaqueta de un tirón y se sentó en la mesa de la cocina, ocultando el rostro entre las manos. Las lágrimas, que había contenido con tanto orgullo frente al espejo del ascensor, finalmente empezaron a rodar.

—Me miró los zapatos, me miró la ropa... Ni siquiera le importó lo que sé hacer. Dijo que "intermedio" no era suficiente, que mi barrio era "pintoresco"... Me cerró la puerta en la cara antes de que pudiera abrirla.

Deliya dejó la sábana a un lado, caminó hacia su hija y la rodeó con sus brazos fuertes, esos brazos que habían cargado cestas de ropa durante décadas. El olor a jabón de coco de su madre siempre había sido el refugio de Davina.

—Escúchame bien, Davina Guedes —dijo Deliya con una voz suave pero firme, levantándole el mentón—. Ese edificio está hecho de espejos. ¿Sabes para qué sirven los espejos? Para que la gente mediocre como esa mujer se mire y se crea importante. Pero los espejos son frágiles. Se rompen.

—Pero ellos tienen el poder, mamá. Yo solo tengo un título de una escuela pública y este traje barato —sollozó Davina.

—Tienes mucho más que eso —replicó Deliya, sentándose frente a ella—. Tienes el hambre que ellos perdieron hace mucho. Ella intentó pisotearte porque vio en tus ojos algo que la asusta: vio a alguien que no le tiene miedo al trabajo duro. Esa mujer ha olvidado lo que es luchar por un plato de comida, y por eso cree que puede decidir quién vale y quién no.

Deliya fue hacia la estufa y sirvió un plato de *feijoada* caliente. El vapor subió, inundando la pequeña cocina de un aroma reconfortante.

—Come. La tristeza no llena el estómago, y mañana tienes que volver a salir ahí fuera. Río de Janeiro es muy grande, hija. Si Hawser tiene las puertas de cristal cerradas, buscaremos una ventana. Pero no le vas a dar el gusto a esa señora de verte derrotada. Tú no eres lo que ella dice; tú eres lo que yo crié con estas manos.

Davina miró el plato y luego a su madre. El nudo en su garganta empezó a deshacerse, sustituido por una chispa de la rebeldía que la caracterizaba. Deliya tenía razón. Una mujer ordinaria como Teresa no podía ser el final de su camino.

—¿Sabes qué es lo que más me duele? —dijo Davina, tomando la cuchara—. Que ella cree que ganó. Cree que me mandó de vuelta a mi sitio.

—Deja que lo crea —sonrió Deliya con sabiduría—. El que cree que ya ganó, se confía. Y ahí es cuando alguien como tú lo pasa por la izquierda sin que se de cuenta.

Esa noche, mientras el sonido de los coches y la música lejana de los vecinos se filtraba por su ventana, Davina no soñó con edificios de cristal. Soñó con incendios. Soñó que ella era el fuego que derretía el mármol frío de la inmobiliaria Hawser.

Lo que ninguna de las dos sabía era que, mientras cenaban en su modesta cocina, un correo electrónico estaba siendo redactado desde una cuenta privada con el dominio @hawser.com.br. Un correo que no pasaba por las manos de Teresa Fontes…

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Dayma Sánchez Pérez
excelente
Alexx: Gracias ☺️
total 1 replies
Dayma Sánchez Pérez
👍
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