Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."
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Capítulo 20
Para mí el trayecto hacia el restaurante fue una mezcla embriagadora de adrenalina y triunfo; el mismo era de comida epítome con elegancia discreta, luces tenues, paredes de madera oscura que absorbían los secretos de la élite o el sonido lejano de un violonchelo que acariciaba los sentidos con una melancolía sofisticada. Al entrar Malik ya estaba allí, se puso de pie en cuanto me vio cruzar el umbral, por un momento, el bullicio del lugar pareció desvanecerse. Llevaba un traje de corte italiano en color oscuro, sin corbata, con los primeros botones de la camisa blanca desabrochados, su presencia era un susurro magnético que exigía atención sin ningún esfuerzo.
—Doctora Eisen que placer verla, permítame decirle que, si el verde esmeralda fuera una religión, ese vestido sería su altar. —Dijo, tomando suavemente mi mano para besarla con tal delicadeza que me hizo recordar, al patán de la “pecera gigante”, con una mezcla de presión firme y gélida como los labios de Ragnar cuando tocaron por primera vez mi mano en este teatro lleno de mentiras. —Estás deslumbrante, Lía, pero hay algo en tu mirada hoy que no estaba el día que te vi en el hospital; una chispa de fuego que le sienta muy bien a tu intelecto.
—Gracias, Señor Malik —Respondí, sentándome frente a él, tratando de ignorar cómo su cumplido me hacía sentir más visible que mil flashes de prensa. —Gracias, pero no he venido por los halagos, aunque admito que son un cambio refrescante comparado con los protocolos de facturación que he tenido que soportar estos días.
Él sonrió, dejando ver una sonrisa limpia que llegaba a sus ojos verdes y los hacía brillar como gemas bajo el agua cristalina de un manantial.
—Me gusta mucho tu franqueza, Ayla, es una cualidad devaluada en el mundo que nos movemos, donde las palabras se usan más para ocultar intenciones que para revelar verdades. —Pronto hizo una seña elegante al sommelier.
—He pedido un tinto de las bodegas privadas de mi familia en el Valle de la Becá, es un vino robusto, con carácter y notas de tierra, muy similar a la decisión que acabas de tomar al llamarme. Espero que te agrade... —Observándome detalladamente
Cenamos cómodamente en una burbuja de sofisticación que yo había olvidado que existía hace mucho tiempo fuera de los compromisos forzados; Malik hablaba de sus viajes por el sudeste asiático o su pasión por la arquitectura sostenible y de cómo su familia había pasado de las tiendas de campaña en el desierto a controlar imperios tecnológicos en tres generaciones. Era un hombre que tenía treinta años, pero su mirada cargaba con la sabiduría y el cansancio de alguien que ha visto demasiado mundo, para aprender a navegar en aguas infestadas de tiburones desde muy joven.
—Dime, Ayla. —Dijo él, inclinándose hacia adelante mientras servían el plato principal.
— ¿Por qué aceptaste el caso de Oleck precisamente ahora? Sé que mi hermano es un reto científico que cualquier oncólogo desearía, pero algo en tu voz al teléfono me dice que tus motivos van más allá...
Me quedé en silencio un momento, dejando que el vino rodara por mi lengua, apreciando su sabor exquisito. La mención de Oleck me devolvió a la realidad, a mi eje como médica, pero la pregunta de Malik rozaba la herida abierta de mi situación personal con una precisión casi quirúrgica.
—Tu hermano merece una oportunidad que nadie más le está dando por miedo al fracaso. —Respondí con cuidado, midiendo cada palabra, —Y yo necesito recordar por qué me convertí en médica en primer lugar, en este mes, mi vida se ha convertido en una pantalla gigante que todos pueden mirar como un circo ambulante. —Operar a Oleck es mi forma de gritarle al mundo que mi talento no está ligado a un apellido o a un estado civil; así tenga que estar apareciendo en todas las portadas de los periódicos con información poco agradable.
—El apellido Graf es un peso muerto difícil de llevar, lo entiendo mejor de lo que crees. —Malik dio un sorbo a su copa, observándome con una intensidad que me hizo removerme en el asiento. —Pero también sé que Ragnar no es un hombre fácil de ignorar, es como un halcón; hermoso de observar en pleno vuelo, sin embargo, siempre está listo para clavar las garras en lo que considera su territorio legítimo.
—¿Lo conoces lo suficiente como para juzgarlo? —Pregunté, sorprendida por la agudeza de su comentario.
—Conozco a los hombres de su casta porque yo mismo he tenido que ser uno de ellos para sobrevivir a las expectativas de mi propio linaje. —Malik bajó la voz y por primera vez, vi una grieta real en su armadura de seductor internacional.
—Sabes una cosa, Ayla, tú y yo tenemos más en común de lo que una fotografía de prensa podría sugerir; este anillo que llevo. —Mostrándome su mano, con un sello de oro macizo con un grabado antiguo. —Lamentablemente no es solo un obsequio familiar; sino también el símbolo de un compromiso que yo tampoco elegí.
Me quedé helada, con el tenedor a mitad de camino.
—¿Estás comprometido? —La pregunta salió con una curiosidad que no pude ocultar.
—En mi cultura, las alianzas matrimoniales no son solo contratos de negocios, sino pactos de honor y sangre entre familias. —Asintió él con una sonrisa amarga que me recordó la mía. —Mi prometida es la hija de un socio estratégico en Abu Dabi, no la he visto más de tres veces, ella es joven, además de hermosa y está perfectamente entrenada para el papel de esposa de un Al-Zahrani. pero ella no es el tipo de mujer que desafía a los hombres poderosos en su propio consultorio. —¡No tiene tu fuego, Lía!
El aire entre nosotros cambió drásticamente, ya no era solo una cena de negocios o un coqueteo inofensivo para irritar a Ragnar; ahora éramos dos prisioneros en jaulas de oro diferentes, pero compartiendo el mismo cautiverio.
—Por eso te busqué a ti, no solo porque eres la mejor cirujana del continente, sino que cuando vi tu foto en los periódicos tras el anuncio de la fusión, sentí a alguien que estaba gritando por dentro mientras sonreía mecánicamente para las cámaras, igual que yo.
—Es una comparación peligrosa, Malik —Susurré, bajando la vista hacia mis manos, donde el anillo de Ragnar brillaba como un reproche. —Yo estoy a punto de casarme y tú también por lo que escucho; jugar con fuego no es valiente, es suicida y solo garantiza que el incendio consuma todo a su paso.
—A veces, el fuego es la única forma de limpiar el terreno y construir algo que no esté basado en mentiras. —Replicó mirándome con esos ojos verdes fijos en los míos con un magnetismo casi insoportable. —No estoy proponiéndote un romance de novela barata, Ayla, sino una alianza de almas que entienden el precio de la libertad. —Salvamos a Oleck, tú recuperas tu prestigio independiente, yo recupero a mi hermano y quizás, en el proceso, ambos recuperamos un poco de la dignidad que nos arrebataron al ponernos precio.
En ese momento, mi teléfono vibró con insistencia dentro del bolso y no necesite ni mirarlo para saber de quién se trataba, casi podía sentir su irritación cruzando la ciudad como una corriente eléctrica; se podría decir que era como si tuviera un radar instalado en mi cuello como esas placas que le colocan a los perritos para cuando se pierden alcanzar a localizarlos de manera rápida, pero esta vez, decidí no ignorarlo. Saqué el móvil y vi el mensaje: "La reunión con Ares Tech terminó hace una hora, la casa está vacía y silenciosa. espero que la cena valga la pena la humillación pública que estás provocando al ser vista con él".
Una oleada de satisfacción fría y amarga me recorrió mi pecho; Ragnar estaba sufriendo, no de amor, por supuesto, solamente su ego de macho estaba herido. — Malik, con su elegancia y su comprensión, era el antídoto perfecto para el veneno que Ragnar inyectaba en mi vida diaria.
—¡Ups! ¿Creo que llegaron malas noticias? —Preguntó, notando que había perdido la chispa en la mirada.
—No, al contrario. —Respondí, guardando el teléfono con una sonrisa. —Solo es un recordatorio de por qué estoy sentada aquí contigo, acepto los términos de la cirugía; sin embargo, eso de las almas gemelas, creo que en este momento mi vida ya está lo suficientemente enredada como para esa aventura sin paracaídas, por lo que necesitamos mantener el enfoque en la vida de su hermano, ya que estoy casi segura de que él intentará sabotear cada paso que demos para que esa intervención no se lleve a cabo.