Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 20
LEONARDO SALVATORE
Alana descansaba en su cuarto. Miéntras yo movía mis hilos en silencio.
📞 Buenas tardes comisionado White — era hora de poner un poco de presión.
📞 Un gusto saludarlo, señor Salvatore.
📞 ¿Ya resolvió mi asunto?
📞 Justo pensaba en llamarlo. Aquí está la joven.
📞 Perfecto. En un momento estoy con usted — colgué.
No podía dejar sola a Alana. Pensé en dejarla en cuidado de Camilo, el chófer para mientras atendía el asunto. Aunque debería pensar quien puede cuidarla mientras yo este en la empresa.
Llamé al chófer y le pedí que cuidara un momento a Alana. Cualquier cosa que me llamara.
Me cambié de ropa. Entré al cuarto de Alana. Ella al escuchar que la puerta se abrió, se despertó.
— Tengo que salir un rato. El chófer estará pendiente de ti.
— Está bien. Gracias Leo.
Me senté a un lado de la cama. Acaricié su cabello, y me despedí con un beso.
— Cualquier cosa llamas a Camilo — ella movió la cabeza y yo salí del cuarto.
Camilo estaba afuera. Le di indicaciones.
Salí del Penthouse. Conduje hasta la estación de policía. Inmediatamente busqué al comisionado. Crucé algunas palabras con él y me llevaron a la celda donde estaba Cloe.
Ella tenía la cara llena de lágrimas, estaba en un rincón de la celda. Al verme se puso de pie.
— Así que tú eres la famosa Cloe. Eres muy joven para tener una mente torcida.
— Yo sabía que ella se vendía a usted. Y me hicieron quedar como la mala. Me expulsaron de la universidad. Dos años perdidos por una putilla.
—¿Venderse? No, soy yo quien la busca porque estoy enamorado de ella. Ella es una chica muy distinta a las demás.
— ¿Qué le ve a esa pasmada, muerta de hambre? Toda la vida ha pasado migajeando.
— Bueno, eso no te incumbe a ti. Por lo que hiciste, vas a pagar. La justicia es divina porque pensaste que te saldrías por la tuya, pero hay pruebas que fuiste tú. Lo que no entiendo es, si ella no te ha hecho nada porque eres así con ella.
— ¿Acaso para caer mal se necesita hacer algo?
No dije más.
Regresé a la oficina del comisionado.
— Proceda. Estaré atento al caso.
Me despedí de él.
Regresé al Penthouse. Camilo salió. Yo entré al cuarto.
— Creo que voy a traer mi oficina aquí. He estado dando vueltas al asunto de que solo yo puedo cuidarte. No quiero ni pensar que alguien más toque tu cuerpo.
Alana me miró sorprendida por lo que decía.
— Perdón, me emocioné un poco. Pero soy sincero. No quiero que nadie te toque — Acaricié la mejilla.
— ¿Tanto te gustó?
— Si, mi amor. Tanto es poco — ella sonrió. Sus mejillas se ruborizaron.
— Necesito que lleves mi reposo a la universidad. Y me voy a atrasar con la tesis. No sé cómo me voy a comunicar con Alex.
—¿Alex? — pregunté un poco curioso.
— Mi compañero de tesis.
— mmm, yo te puedo ayudar con la tesis para que no te atrases.
— Él es mi compañero de clase y de tesis así que no hay de que preocuparse.
Un mes pasó volando.
Mi oficina era mi despacho, la secretaria venía diario por las tardes solo que firmara documentos. Me hacía un reporte detallado de todo lo que ocurría en la empresa, y por supuesto, la hice firmar un contrato de confidencialidad. Ella sabía que cuidaba de Alana y que mantenía una relación con ella. Al inicio Alana se sentía incómoda con ella, pero se fue acostumbrando.
La tentación era a diario cada vez que la bañaba y la vestía. Hubo una ocasión que nos besamos en el baño y siendo honesto, quería pasar la línea.
📞 Cancela todo, voy al chequeo con Alana— llamé a mi secretaria.
Llevé a Alana al hospital. La doctora la revisó y ordenó le hicieran rayos x. Los resultados salieron 20 minutos después.
— El hueso ha soldado bien. Hoy se le retira el yeso. Siempre mantener el cuido. Ya puede regresar a su vida normal.
— Ya podré regresar a la universidad.
— Sí. Pero no cargue nada pesado. Le aconsejo una mochila de ruedas o que alguien le ayude.
Ella se veía contenta. La doctora le retiró el yeso. Su brazo se veía un poco más delgado.
Dos horas despues salimos del hospital. Al llegar al Penthouse, Alana me miró, quería decir algo pero lo pensaba mucho.
— Dime. Veo que quieres decirme algo.
— Como ya me retiraron el yeso y puedo retomar mis actividades, creo que es hora de regresar a mi departamento.
Sabía que era eso. Ya me había acostumbrado este mes a verla diaria y a tenerla cerca.
—Puedes considerar quedarte unos días más. Enviaré a alguien para que limpie la casa, así evitamos cualquier accidente.
— Está bien. Dos días serán suficiente.
Quería retenerla bajo cualquier excusa.
— Gracias por tus cuidos — ella me miró con sus mejillas enrojecidas.
Recordé todas las veces que toqué su cuerpo cuando la aseaba. Todas veces que desee estar con ella. Me acerqué y le di un abrazo.
—Quiero que te quedes conmigo — lo dije bajito — estoy perdidamente enamorado de ti, Alana.
— Yo también siento que estoy enamorada.
ALANA DÍAZ
Esas palabras fueron como brasas para encender mi llama.
Leonardo me besó tan diferente a las otras veces.
—Me he estado conteniendo — me susurró en mi oído — pido permiso para pasar la línea.
Volvió a besarme pero más efusivo. Cuando bajó a mi cuello, me desarmó por completo. Lo deseaba tanto como él. Deseaba que pasara la línea tan fina que había entre ambos. Tenía un poco de miedo.
— Permiso concedido — se lo dije mirando a sus ojos — Solo no seas rudo.
Me llevó a su habitación, esa habitación que yo no conocía porque a pesar de estar aquí, no pasaba ese límite. Respetaba su espacio.
Los besos cada vez se fueron intensificando. Y esta vez mi ropa se fue cayendo una a una, pero con la diferencia que su ropa acompañaba a la mía. Ver de nuevo sus pectorales libre de su cárcel, me provocó besarlos. Y ese momentos íntimo fue sellado cuando mi virginidad dejó de serlo. Leonardo llegó a su orgasmo, no podía dejar de ver los gestos que su cara hacía. Seguido de él y como un volcán que despierta sentí una sensación tan placentera que hacía que mi respiración fuera de prisa.
Leonardo se acostó a un lado y con cuidado me acercó a su pecho, el cual acaricié con la punta de mis dedos.
Él besó mi frente sudada.
— Mi niña, te amo. ¿No te lastimé?
— No — suspiré mientras mi piel aún se enchinaba por todas las sensaciones que trataba de canalizar.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar