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El Frágil Lazo De Ciela

El Frágil Lazo De Ciela

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:196
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

"El Frágil Lazo de Ciela" es una historia conmovedora sobre la identidad, el perdón y la valentía de amar cuando el tiempo corre en contra. Una novela que demuestra que, a veces, para sanar el cuerpo, primero hay que reconstruir el alma.

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: El Rugido de la Sangre

​El ambiente en la habitación 402 del hospital era un caleidoscopio de emociones crudas. El reencuentro entre Ciela, Lucía y Beatriz acababa de ocurrir, pero la atmósfera se volvió eléctrica cuando Elena entró y se quedó petrificada en la puerta. Ver a Beatriz acariciando el cabello de Ciela le provocó una punzada de celos que no pudo ocultar; durante veinte años, esas manos, esos cuidados y ese lugar al lado de la cama le habían pertenecido solo a ella.

​—Veo que la "verdadera" familia ha tomado el control —soltó Elena, con una voz cargada de una amargura que sorprendió a todos.

​Miriam se acercó a su tía, intentando calmarla, pero Elena se zafó. Su miedo a ser desplazada, a que Ciela borrara dos décadas de crianza por un lazo de sangre recuperado, la estaba transformando en alguien errático y defensivo.

​—Elena, por favor... no es el momento —susurró Roberto desde atrás, pero ella no escuchaba.

​—No vine a quitarte nada, Elena —dijo Beatriz, levantándose con dificultad, pero con una dignidad inquebrantable—. Pero no me pidas que me aleje de la hija que me arrancaron de los brazos cuando aún era una niña.

​Ciela, sintiendo la tensión, se aclaró la garganta. Su mirada era dura, distante. A pesar de que el riñón de Beatriz corría por sus venas, el muro emocional que había construido para sobrevivir a la mentira de su origen seguía en pie. Se puso rígida cuando Beatriz intentó tocarle la mano de nuevo.

​—Mamá Elena, no tienes por qué tener miedo —dijo Ciela con una frialdad que heló la habitación—. Pero tú también guardaste el secreto. Todos lo hicieron. No esperen que despierte y las abrace a las dos como si nada hubiera pasado. Agradezco el riñón, Beatriz, pero un órgano no construye un vínculo de la madre perfecta de la noche a la mañana. Esto va a tomar tiempo... mucho tiempo.

​El silencio fue sepulcral. Lucía bajó la mirada, sintiendo que su llegada solo traía más conflicto a una familia ya rota. En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y apareció Alberto, el abuelo. Se veía anciano, acabado, con el sombrero en la mano y los ojos húmedos.

​—Graciela... hija —balbuceó Alberto—. Sé que no merezco ni que me mires. Vendí tu destino por cobardía y por las amenazas de ese demonio de Valenzuela. Solo quería pedirte perdón antes de que la ley decida qué hacer conmigo.

​Ciela lo miró largamente. Todos esperaban un estallido de furia, pero ella suspiró con un cansancio que parecía venir de otra vida.

—El odio pesa demasiado, abuelo Alberto —dijo Ciela, sorprendiendo a Diego y a Miriam—. No te perdono porque lo merezcas, sino porque no quiero que tu culpa siga viviendo en mi cuerpo nuevo. Vete en paz, pero no vuelvas. No quiero que seas parte de lo que viene para Lucía y para mí.

​Beatriz soltó un sollozo ahogado al ver la nobleza de su hija, mientras Elena apretaba los puños, sintiéndose cada vez más ajena a ese círculo de perdón del que ella no se sentía parte.

​El suspenso regresó cuando Diego entró con el rostro pálido y el teléfono en la mano.

—Tenemos un problema. Valenzuela ha solicitado hablar conmigo desde la celda de detención. Dice que si no voy a verlo ahora mismo, sus hombres en el puerto "terminarán el trabajo" que empezaron en la bodega.

​—Ese hombre no se rinde —dijo Miriam, asumiendo el mando—. Cree que todavía tiene poder sobre Lucía porque es su padre biológico, pero no sabe que estamos listos para pelear.

​—Diego, ve —ordenó Anais, que había entrado con su bebé JB en brazos, desafiante—. Ve y averigua qué quiere ese monstruo. Mientras tanto, nosotras nos encargaremos de proteger a Lucía y a Ciela aquí. Nadie entra a este piso sin pasar por encima de mí.

​El capítulo cierra con una imagen poderosa: las tres primas —Ciela en la cama, Miriam organizando la defensa y Anais con su hijo— unidas por primera vez, mientras Elena observa desde la esquina, sintiendo que el mundo que construyó sobre arena se desvanece, y Diego se encamina a la boca del lobo para enfrentar al hombre que originó toda esta pesadilla.

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