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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:633
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: Lo que llega sin pedir permiso

La mañana avanzaba con una precisión casi inalterable, como si nada fuera capaz de romper el ritmo que definía cada rincón de la empresa. Las conversaciones se mantenían en tonos medidos, los pasos seguían trayectorias conocidas, y el flujo de trabajo continuaba sin interrupciones visibles. En apariencia, era un día más, uno que podía perderse fácilmente entre tantos otros sin dejar marca.

Pero no lo sería.

Porque había presencias que no pertenecían a la rutina.

Y cuando aparecían…

Lo cambiaban todo.

Naelith Corvane estaba concentrada en su trabajo, revisando una serie de documentos con la misma atención meticulosa que la caracterizaba, cuando algo en el ambiente comenzó a alterarse. No fue inmediato, ni tampoco evidente al principio. Fue un cambio sutil, una variación en el murmullo general, en la forma en que algunas voces bajaban de intensidad, en cómo ciertas miradas se desviaban hacia un mismo punto sin que nadie lo señalara directamente.

Algo estaba ocurriendo.

Y no tardó en hacerse visible.

Los pasos resonaron con una seguridad distinta, marcados, firmes, como si no pertenecieran a alguien que necesitara anunciar su presencia, sino a alguien cuya sola llegada era suficiente para ser notada. No eran apresurados, no buscaban atención… pero la obtenían de todas formas.

Cuando Naelith levantó la mirada, la vio.

Aurelia Vexen no era una mujer que pudiera pasar desapercibida.

No por extravagancia.

Sino por precisión.

Cada detalle en ella parecía calculado, desde su postura hasta la forma en que avanzaba sin titubeos, como si cada paso tuviera un propósito claro. No había duda en su mirada, no había vacilación en su expresión. Era alguien acostumbrada a ocupar espacios importantes, a ser observada, a ser reconocida sin necesidad de presentarse.

Y aun así…

Su presencia no era ruidosa.

Era controlada.

Como si no necesitara imponerse…

Porque ya lo estaba.

El ambiente cambió.

No de forma caótica.

Pero sí lo suficiente como para ser percibido.

Porque no era solo una visitante.

Era alguien que pertenecía a ese nivel.

A ese mundo.

A esa estructura que pocos alcanzaban.

Naelith no apartó la mirada de inmediato.

No por desafío.

Sino por análisis.

Había algo en esa mujer que no encajaba con lo cotidiano de la oficina, algo que la diferenciaba incluso sin necesidad de contexto. Y aunque no tenía información directa, no necesitó mucho para entender que su presencia no era casual.

No en ese lugar.

No en ese momento.

Aurelia no se detuvo en recepción.

No pidió permiso.

No esperó indicaciones.

Simplemente avanzó.

Directo.

Como si ya supiera a dónde iba.

Y probablemente asi era, ella venía a ver a su prometido o eso creía ella

Gael Eryx Valcázar no fue informado de su llegada.

No lo necesitó.

Porque cuando la puerta de su oficina se abrió sin previo aviso, no hubo sorpresa en su expresión.

Solo reconocimiento.

Pero no del tipo que suaviza.

Sino del que confirma.

Que algo inevitable… pensó a llegado...

Aurelia cerró la puerta detrás de sí con la misma calma con la que había entrado, manteniendo la mirada fija en él sin necesidad de palabras inmediatas. No había prisa en su postura, ni incomodidad en el silencio que se formó entre ambos.

Era un silencio distinto.

No cargado.

No tenso.

Era… conocido.

Como si no fuera la primera vez.

Como si no necesitaran presentaciones.

Y no las necesitaban.

Pensé que vendrías más tarde dijo Gael finalmente, su voz tan controlada como siempre, pero con una profundidad distinta, una que no pasaba desapercibida.

Aurelia esbozó una leve sonrisa, apenas visible, pero suficiente para marcar una diferencia en su expresión.

No suelo retrasar lo inevitable.

La frase no fue agresiva.

Ni desafiante.

Pero tenía peso.

El tipo de peso que no necesita explicación.

Dentro de la oficina, el ambiente era contenido, pero no estático. Había una energía distinta, una interacción que no seguía el mismo patrón que Gael mantenía con el resto del mundo. No era más relajada, ni más rígida.

Era… equivalente.

Y eso…

Era lo que la hacía diferente.

Aurelia se movió con naturalidad dentro del espacio, observando sin invadir, reconociendo sin necesidad de preguntar. No había curiosidad innecesaria en su comportamiento, solo una evaluación silenciosa, como si estuviera confirmando algo que ya sabía.

Tu padre no está satisfecho dijo en algún punto, sin rodeos, sin suavizar la información.

Gael no respondió de inmediato.

No lo necesitaba.

Lo sé.

No hubo más palabras en ese instante.

No hicieron falta.

Porque ambos entendían el contexto completo.

Lo que estaba en juego.

Lo que se esperaba.

Y lo que él había rechazado.

Aurelia lo observó con atención, como si analizara no solo su respuesta, sino lo que había detrás de ella. No parecía sorprendida.

Pero tampoco indiferente.

Entonces es cierto continuó, cruzando los brazos con una calma que no escondía su interés Dijiste que no.

No era una pregunta.

Era una confirmación.

Gael sostuvo su mirada.

Sí.

El silencio que siguió fue distinto.

Más corto.

Más claro.

Aurelia no reaccionó como otros lo habrían hecho.

No hubo molestia evidente.

No hubo orgullo herido.

Pero algo en su mirada cambió.

No rechazo.

Sino… interés.

Como si esa respuesta hubiera hecho que algo en él se volviera más relevante.

Eso complica las cosas murmuró, más para sí misma que para él.

Y aun así…

No parecía disgustada.

Mientras tanto, afuera…

Naelith Corvane no sabía lo que se decía dentro de esa oficina.

Pero sabía…

Que algo estaba ocurriendo.

Había visto a esa mujer entrar, con esa seguridad con la que uno toma sus decisiones.

Había sentido el cambio.

Y aunque no tenía razones claras…

Algo en su interior…

Se tensó.

No era celos.

No todavía.

Era… intuición.

Porque algunas presencias…

No llegan por casualidad.

Y algunas decisiones…

Afectan más de lo que deberían.

Mientras tanto

Dentro de la oficina, la conversación continuó sin elevar el tono, pero con una intensidad que no necesitaba volumen para hacerse evidente, porque cada palabra parecía cuidadosamente elegida para medir el terreno que ambos estaban pisando. Aurelia no se movió de su lugar mientras hablaba, manteniendo esa postura firme que reflejaba seguridad, observando a Gael como si no solo escuchara sus respuestas, sino que evaluara todo lo que no estaba diciendo, cada pausa, cada silencio que se extendía más de lo habitual. Le habló de las consecuencias que su negativa ya estaba generando, no desde la presión emocional, sino desde la lógica fría que ambos entendían, recordándole que aquello no era solo una decisión personal, sino una estructura que afectaba a más de una familia, a más de un imperio. Gael, por su parte, no desvió la mirada ni un solo instante, respondiendo con la misma calma contenida, pero dejando claro que su decisión no había sido impulsiva ni temporal, sino algo que había sido pensado más allá de lo que cualquiera podía suponer. No hubo enfrentamiento directo, no hubo palabras cortantes, pero sí una tensión sostenida que crecía en cada intercambio, porque Aurelia no parecía alguien dispuesto a aceptar un rechazo sin entenderlo completamente, y Gael no era alguien que estuviera dispuesto a justificarse más de lo necesario. En medio de esa conversación, algo comenzó a cambiar sutilmente, porque donde debía haber incomodidad o conflicto evidente, empezó a surgir una especie de guerra interna que ambos sentian, no en el acuerdo en sí, sino en lo que cada uno representaba fuera de él. Y fue precisamente ahí, en ese punto donde la lógica ya no era suficiente para sostener la situación, donde ambos comprendieron que aquello no sería tan simple como aceptar o rechazar… porque lo que estaba en juego ya no era solo una alianza, sino la forma en que cada uno estaba dispuesto a sostener su propia decisión.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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