NovelToon NovelToon
Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Primera lección: No confíes en nadie

El murmullo en el salón se volvió un zumbido constante. Aralisse sentía las miradas clavarse sobre su espalda; cada palabra susurrada llevaba su nombre: “reina consorte”, “alianza”, “herencia de Lysirah”. El vino en su copa perdió sabor y la sonrisa que intentaba mantener comenzó a desaparecer.

Respiró hondo, buscando a la única persona que podía darle respuestas.

La reina de Zaryah conversaba en voz baja con su esposo mientras los nobles seguían riendo y brindando alrededor. Aralisse caminó hacia ellos con paso firme, aunque una punzada de ansiedad le apretaba el pecho.

—Majestad —dijo con una voz que intentó mantener estable—. Necesito hablar con usted. Con urgencia.

La reina la observó un instante, notando el desconcierto que Aralisse trataba de ocultar.

Luego se levantó con elegancia.

—Por supuesto, mi niña —respondió con una sonrisa amable, aunque en sus ojos apareció un leve gesto de cautela—. Acompáñame. Hablaremos en privado.

El rey levantó apenas la vista de su copa mientras ambas se alejaban del salón. No dijo nada, aunque sus dedos comenzaron a moverse inquietos sobre la mesa.

Aralisse siguió a la reina por los pasillos iluminados con antorchas. El eco de sus pasos resonaba entre los muros de piedra y el silencio entre ambas se volvió pesado.

Cuando llegaron al despacho del rey, Selarya abrió la puerta y la dejó pasar primero.

—Cierra la puerta, Aralisse —pidió con suavidad—. Dime, ¿qué sucede?

Aralisse permaneció de pie frente a ella. Sus manos temblaban apenas sobre la tela del vestido y el silencio del despacho parecía más incómodo que el ruido del banquete.

Finalmente habló.

—Majestad… todos allá afuera hablan de mí. De un compromiso. De que seré reina consorte. No entiendo nada. ¿Por qué dicen eso?

La reina caminó lentamente hasta la ventana sin responder de inmediato. Su voz fue tranquila, casi maternal.

—Calma, Aralisse. Todo tiene una explicación.

—Entonces explíquemelo —insistió la princesa, intentando contener la rabia que comenzaba a crecer dentro de ella.

Selarya soltó un pequeño suspiro. Luego se giró despacio.

La sonrisa amable había desaparecido.

Ahora había algo frío en su expresión. Algo calculado.

—Recibí una carta del Clero Celestial pocos días después de la muerte de tus padres —confesó—. En ella, el Consejo de la Luz propuso una unión entre Lysirah y Zaryah. Un matrimonio político entre tú, princesa heredera de Lysirah… y el príncipe Caedric el heredero de Zaryah.

Aralisse retrocedió un paso.

Como si las palabras le hubieran golpeado el pecho.

—¿Un… matrimonio? —susurró, incrédula—. ¿Y nadie pensó en decírmelo? ¿Ni siquiera Erak?

—Erak cumplía órdenes —respondió la reina con frialdad—. Él te trajo aquí para concretar el acuerdo ante testigos.

Un vacío se abrió dentro de Aralisse.

Su mente se llenó de rostros: Erak, Lysandre, los consejeros, los guardias. Todos aquellos en quienes había intentado apoyarse comenzaron a parecerle extraños.

¿Todos lo sabían?

¿Todos callaron?

Selarya notó perfectamente el cambio en su expresión y sonrió apenas.

—Y ésa, princesa, será tu primera lección.

La reina se acercó lentamente. Cada palabra cayó con firmeza.

—Si algún día deseas gobernar, recuerda esto: no confíes en nadie. Ni en tus aliados, ni en tus amigos, ni siquiera en quienes juren lealtad hacia ti. El poder no se mantiene con amor ni con confianza… se mantiene con precaución, poder y temor.

Aralisse la observó con los ojos nublados, luchando por no llorar.

Luego enderezó lentamente la espalda.

Y respondió con una calma que no sentía.

—Agradezco su hospitalidad, majestad. Haré mis preparativos y partiré en cuanto mis damas regresen.

Salió del despacho con el pecho apretado y la mirada vacía.

El sonido de la cena apenas alcanzaba los pasillos, pero para ella parecía un ruido lejano, ajeno.

Caminó sin rumbo fijo hasta llegar a sus habitaciones.

Cuando cerró la puerta detrás de sí, el silencio la golpeó de lleno.

Se dejó caer lentamente frente al tocador y observó su reflejo bajo la luz de las velas.

—No confíes en nadie… —repitió en voz baja.

Las palabras de Selarya seguían resonando dentro de su cabeza.

Pensó en Erak.

Pensó en Lysandre.

¿También ellos sabían?

¿También le ocultaron la verdad?

Sus manos se aferraron al borde del tocador mientras intentaba no quebrarse.

Respiró profundo.

Enderezó la espalda.

Y murmuró casi como una promesa:

—Nunca más.

Mientras tanto, en el salón principal, la música continuaba y las copas seguían alzándose entre risas y conversaciones.

Entre los sirvientes que iban y venían, una joven doncella asignada a la princesa se acercó rápidamente al consejero Erak.

—Mi señor —dijo nerviosa—. La princesa Aralisse no ha regresado desde que habló con la reina.

Erak frunció el ceño de inmediato.

—¿Dónde está ahora? —preguntó preocupado.

—En sus habitaciones, según los guardias —respondió la muchacha.

Lysandre, que escuchó la conversación mientras pasaba cerca de ellos, se detuvo de inmediato.

—¿Qué ocurre? —preguntó con tensión evidente.

Erak soltó un suspiro cansado.

—Parece que la princesa no tomó bien su conversación con la reina. Será mejor asegurarnos de que esté bien.

Lysandre asintió con firmeza.

—Voy con usted.

Sin decir más, ambos abandonaron el salón. El eco de sus pasos resonó por los corredores de mármol mientras las risas del banquete continuaban a lo lejos.

Golpes firmes resonaron en la puerta.

—Princesa Aralisse —llamó Erak con tono contenido—. ¿Se encuentra bien?

No hubo respuesta.

Lysandre se movió incómodo junto a él antes de hablar.

—Déjeme intentarlo.

Golpeó nuevamente.

—Alteza, soy yo. Lysandre.

Del otro lado se escuchó el sonido seco de algo cayendo al suelo. Luego, pasos rápidos.

La puerta se abrió de golpe.

Aralisse estaba frente a ellos con el rostro enrojecido, las manos temblorosas y los ojos llenos de una furia que rara vez mostraba.

—¿Qué quieren? —preguntó con la voz quebrada, aunque firme.

Erak dio un paso al frente.

—Nos preocupa su estado. Supimos que habló con la reina y…

Aralisse levantó una mano para detenerlo.

—No solo hablé con ella —lo interrumpió con un grito que dejó a ambos en silencio—. Me confesó los planes del Clero, de Lysirah, de Zaryah… y los suyos.

Sus manos se apretaron contra su pecho mientras intentaba contener el temblor.

—¿Por qué no me dijeron nada? —preguntó mirando directamente a Erak—. ¿Por qué ocultaron lo del Clero Celestial? ¿Por qué me trajeron aquí sin explicarme que pretendían casarme como si fuera una moneda de cambio?

Erak bajó la mirada unos segundos antes de responder.

—Princesa… usted sabe que debe casarse para poder ascender al trono. Es una tradición de Lysirah.

Aralisse soltó una risa amarga.

—¡Eso sería dentro de cinco años, no ahora!

Su voz tembló de rabia.

—Usted me traicionó.

Lysandre intentó acercarse, pero ella retrocedió inmediatamente.

—¡Y tú también! —exclamó, mirándolo con furia—. No me importa lo que hagas con tu vida, pero no permitiré que tu lealtad se vea comprometida por tus afectos hacia gente de Zaryah.

El dolor en su voz iba mucho más allá de la rabia.

Era decepción.

Soledad.

—¡Los dos me fallaron!

Por un instante, ninguno de los hombres supo qué decir.

Aralisse respiró hondo.

Y cuando volvió a hablar, su voz fue distinta.

Más fría.

Más firme.

Más cercana a la de una futura reina.

—Se acabó. No volveré a confiar en ninguno de ustedes. Estoy cansada de que me muevan de un lado a otro como si fuera un objeto, mientras otros deciden por mí.

Erak intentó intervenir, pero ella lo silenció con una mirada.

—A partir de ahora, yo tomaré las decisiones. Ustedes obedecerán. Y si no están de acuerdo, pueden regresar a Lysirah, porque no los necesito.

Lysandre apretó los puños sin levantar la vista.

Erak asintió apenas, entendiendo que discutir solo empeoraría todo.

Aralisse dio un paso hacia ellos y añadió con voz más controlada:

—Quiero que busquen una embarcación. No importa el precio. Partiremos en cuanto Selinah y Helaena regresen.

Su mirada volvió a endurecerse.

—Y el próximo que me oculte algo o vuelva a traicionarme… abandonará mi servicio de inmediato.

Ambos inclinaron la cabeza en silencio.

Cuando finalmente salieron de la habitación, Aralisse quedó sola otra vez.

Su corazón latía con tanta fuerza que apenas podía escuchar el ruido del pasillo.

Se abrazó a sí misma.

No por debilidad.

Sino para contener la rabia que ardía dentro de ella.

Y mientras el silencio volvía a envolverla, pensó: Si ésta es la primera lección… entonces que venga la siguiente.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play