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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La posada: parte III

Ryd caminó a un lado de Aralisse, manteniendo una distancia respetuosa, pero asegurándose de que ningún vendedor se acercara demasiado.

—Este festival no es cualquier celebración —comentó mientras señalaba los arcos cubiertos de flores doradas—. Cada año se realiza en honor al nacimiento del príncipe heredero.

Aralisse levantó la mirada hacia las guirnaldas que decoraban la plaza.

—¿Todas estas flores son por él? —preguntó con curiosidad genuina.

Ryd asintió con una pequeña sonrisa.

—La reina no podía tener hijos. Cuando finalmente quedó embarazada, todo Orvenah celebró la noticia. Las flores doradas simbolizan la luz y la esperanza que trajo el heredero al reino.

Aralisse bajó la vista hacia la rosa que sostenía entre sus dedos.

—Es hermoso…

La delicadeza con la que acarició los pétalos hizo que Ryd la observara unos segundos más de lo necesario.

—El festival es bonito —admitió él—, pero me gustaría mostrarte la mejor parte del reino.

Aralisse giró hacia él inmediatamente.

—¿La mejor parte?

Ryd señaló un caballo atado cerca de un puesto vacío.

—Ven.

Con cierta cautela, pero confiando en él, Aralisse se montó detrás, aferrándose a su cintura. El joven la sostuvo con cuidado y juntos partieron de la plaza, dejando atrás el bullicio y los aromas de los puestos.

Poco a poco, los sonidos del festival quedaron atrás.

El camino comenzó a volverse más tranquilo, rodeado de colinas verdes y árboles movidos suavemente por la brisa. A lo lejos, una laguna de agua cristalina reflejaba el cielo y las flores doradas que crecían en sus orillas.

Dos guardias custodiaban el pequeño puente de entrada.

Aralisse tensó ligeramente los dedos sobre la tela del chaleco de Ryd, esperando que los detuvieran.

Pero los hombres simplemente inclinaron la cabeza y los dejaron pasar.

La princesa observó aquello en silencio.

Cada vez resultaba más evidente que Ryd no era alguien común.

Cuando descendió del caballo, sus ojos se iluminaron inmediatamente al contemplar la laguna.

El agua parecía completamente inmóvil.

Serena.

Casi irreal.

—Tenías razón… —susurró acercándose lentamente a la orilla—. Es la mejor parte del reino.

Se agachó apenas, dejando que el agua rozara la punta de sus dedos.

—Gracias por traerme aquí.

Ryd apoyó un brazo sobre el caballo mientras la observaba.

—No lo sabes, pero Orvenah es un lugar hermoso. Tenemos sitios que realmente valen la pena —dijo—. En fin, se nota que eres extranjera. Quería que vieras algo tranquilo, lejos del bullicio, un lugar donde pudieras respirar.

Aralisse volvió la vista hacia él.

—Estoy segura de que eres alguien importante.

Ryd arqueó apenas una ceja.

—¿Sí?

—Los guardias ni siquiera intentaron detenernos —explicó ella—. Y este lugar claramente no está abierto al público.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

—Mucho menos para extranjeros.

Ryd soltó una leve risa antes de sentarse sobre el pasto.

—Y tú tampoco pareces alguien común —respondió con calma—. Hay algo extraño en la forma en que hablas y te mueves.

Aralisse permaneció en silencio.

—Intentas pasar desapercibida —continuó él observándola con atención—, pero eso solo hace que resaltes más. Actúas como una cortesana, pero dudo mucho que lo seas.

Aralisse sostuvo su mirada apenas un instante.

—Dime —insistió Ryd con curiosidad genuina—. ¿Me dirás qué escondes?

La princesa negó suavemente con la cabeza.

Y una ligera expresión traviesa apareció en sus labios.

—No.

Ryd dejó escapar una pequeña risa.

—Bien… porque yo tampoco pienso decirte la verdad.

Se encogió de hombros antes de mirarla nuevamente.

—Entonces, si vamos a seguir ocultándonos cosas… al menos dime tu edad.

Aralisse tomó una piedra pequeña y la lanzó hacia el agua.

—Catorce.

—Dieciséis —respondió él inmediatamente.

La princesa lo observó de reojo.

La diferencia de edad no era demasiada… pero la seguridad con la que Ryd hablaba y se movía hacía que pareciera mayor.

Por unos segundos permanecieron en silencio, escuchando únicamente el sonido de la brisa y el agua.

—¿Y qué haces en Orvenah? —preguntó finalmente Ryd.

Aralisse suspiró suavemente.

—Estoy… de paso.

Sus ojos se desviaron hacia la laguna.

—Mi destino es otro. Pero tampoco voy a decirte cuál.

Ryd asintió lentamente, como si comprendiera perfectamente aquella respuesta incompleta.

—Entiendo.

Aralisse sonrió apenas.

—Mi turno. ¿Qué haces en tu tiempo libre?

—Entrenar —respondió él sin dudar—. Mi padre es hábil en combate… así que esperan que yo sea todavía mejor.

La princesa lo observó unos segundos más.

Había algo extraño en él.

—Dime… —comenzó Ryd con aparente naturalidad—. ¿Ya estás comprometida?

Aralisse levantó la vista hacia él completamente sorprendida.

Sintió cómo el calor subía inmediatamente a sus mejillas.

—No… todavía no —respondió intentando sonar tranquila, aunque el leve rubor la delataba.

Ryd sonrió apenas, divertido por su reacción.

—Me alegra saberlo.

Aralisse frunció ligeramente el ceño.

—¿Y tú?

—Tampoco.

La princesa apartó rápidamente la mirada hacia las flores.

—Me alegro.

Intentó sonar tan despreocupada como él.

No funcionó demasiado bien.

Las horas pasaron casi sin que lo notaran.

Hablaron de cosas simples y profundas al mismo tiempo.

Historias del reino.

Lugares que deseaban conocer.

Sueños que ninguno terminaba de confesar por completo.

Lanzaron piedras al agua intentando hacerlas rebotar y se burlaron mutuamente cuando fallaban.

Y, por primera vez desde la muerte de sus padres…

Aralisse se sintió ligera.

Sin la presión constante de convertirse en reina.

Solo una muchacha pasando la tarde junto a alguien que no esperaba nada de ella.

Cuando el cielo comenzó a teñirse de tonos anaranjados y violetas, Aralisse finalmente reaccionó.

—Creo que debo regresar…

Ryd asintió lentamente antes de sacar algo pequeño del interior de su chaleco.

Una diminuta caracola de tono rosado perlado brilló bajo la luz del atardecer.

—Quiero que la tengas —dijo entregándosela con cuidado—. Para que recuerdes este lugar.

Aralisse tomó la caracola entre sus manos, observándola con sorpresa.

Su pecho se tensó suavemente ante el gesto.

—Gracias… —susurró—. La conservaré, lo prometo.

Ryd se puso de pie y le ofreció la mano.

—Vamos. Te llevaré de regreso.

Aralisse guardó cuidadosamente la caracola dentro de su vestido antes de aceptar su ayuda y volver a subir al caballo junto a él.

El camino de regreso fue mucho más silencioso.

Y cuando finalmente llegaron nuevamente a la plaza, los faroles ya iluminaban las calles y las flores doradas parecían brillar bajo la noche.

Ryd desmontó primero y le tendió la mano.

—Aquí estamos.

Aralisse descendió lentamente del caballo.

Por un instante permaneció observándolo en silencio.

Había algo pesado en aquella despedida.

Algo que no sabía explicar.

—Creo que debo irme… —murmuró finalmente.

Sus dedos rozaron la cinta que sujetaba parte de su cabello, adornada con pequeños cristales color ámbar.

Entonces, lentamente, se la quitó.

Y la colocó entre las manos de Ryd.

—Cuando recibas tu espada… pon esto en ella.

El joven observó la cinta unos segundos antes de levantar la vista hacia ella.

—Así me recordarás —añadió Aralisse suavemente.

Ryd sostuvo la cinta con cuidado, casi como si fuera algo frágil.

—Lo haré.

El corazón de Aralisse comenzó a latir demasiado rápido.

Y antes de que pudiera arrepentirse…

dio un pequeño paso hacia él.

Se puso de puntitas.

Y rozó brevemente sus labios con los de Ryd.

El joven quedó completamente inmóvil.

Sorprendido.

La brisa nocturna movió suavemente el cabello de ambos mientras el ruido del festival parecía desaparecer alrededor de ellos.

Aralisse retrocedió inmediatamente.

Sus mejillas ardían.

—Debo irme —murmuró con nerviosismo—. Gracias por todo.

Y antes de que Ryd pudiera reaccionar… la princesa se perdió entre la multitud.

El joven permaneció inmóvil unos segundos más, sosteniendo todavía la cinta entre sus dedos.

Y una pequeña sonrisa apareció finalmente en sus labios.

—Eres más valiente de lo que pensé.

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